Exagerando un montón

Abrigadas en exceso

Cuando estuve en Gran Canaria en Navidades, como siempre, me fascinó la manera que tienen los locales de exagerar con las temperaturas. Estábamos con mínimas de dieciocho grados y la gente que abrigaba de una manera exagerada y en la misma calle me podías ver a mi en pantalones cortos y con las cholas Moisés y a una chama como la de la foto, con una imagen tomada con cámara oculta en la guagua y que llevaba más capas que una cebolla. Debía tener camisilla, camisón, camiseta, camisa, abrigo, el trapo de limpiar las ventanas anudado al cuello como bufanda, un cuarto de litro de laca para proteger el pelo del frío, guantas, compresa, braguitas, bragas, medias, calcetinas, pantalones y solo Dios sabe qué más. Con la cantidad de ropa que llevaba yo podría sudar y perder al menos un kilo de peso al día, además de apestar más que el coño de una corredora de maratón al terminar la carrera. Ella y su amiga hasta comprobaron que todas las ventanas de la guagua estuviesen cerradas. Supongo que estas no sobreviven en Holanda y probablemente se les camba la peluca del susto si me ven salir de mi casa con cinco grados bajo cero y una camiseta y sobre la misma una chaqueta ligera que es impermeable, transpirable y cuya misión es protegerme del viento y de la lluvia y que con su sellado hermético me permite usar el calor corporal para mantenerme calentito. Con esa chaqueta, que no tiene forro interior, unos guantes y una banda para las orejas, yo me muevo perfectamente, ya sea andando o en bicicleta.

Lo más asombroso es que en la playa, mientras yo tomaba el sol, había gente equipada como la beba de la foto cerca de mi, disfrutando de un día de playa de invierno. Parece que de lo que se trata es de exagerar y de engañarte a ti mismo pensando que es invierno, cuando aquello son temperaturas de primavera o verano.

5 opiniones en “Exagerando un montón”

  1. Yo recuerdo un día que andaba por alli de vacaciones y llovió y de repente veo gente con cazadoras. La temperatura estoy segura que no bajaba de los 25º C y flipé.
    Cuando lo comenté me dijeron que como allí siempre tienen la misma temperatura, pues están deseando que pase algo para ponerse otro tipo de ropa.

  2. Yo estaba en la playa el 25 de diciembre con el tanga y un rato después llegó una pareja con abrigos, bufandas, guantes, gorros y se sentaron en la arena y estuvieron allí tapados como terroristas musulmanas emburkadas durante dos horas. Si yo sudaba como un cochino, aquellos dos deben apestar como chochos de atletas

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