Excursión al parque Nacional de Bokor

El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

Para mi segundo día en Kampot tenía programada una excursión al parque nacional de Bokor. Me desperté temprano porque salíamos a las ocho de la mañana y antes de desayunar les deseé un buen día a los tres gecos que comparten la habitación conmigo. Dos son adultos, enormes y están en las vigas del techo pendientes de si entra un mosquito para zampárselo. Personalmente no tengo ningún problema con estos lagartos salvo por los que están en celo y se ponen a gritar. Esos me ponen de los nervios.

Tras el desayuno preparé mis cosas y me puse a esperar para que me recogieran. Llegaron puntuales y la furgoneta que nos llevaba estaba petadísima de gente. En total éramos diecisiete más el guía y el conductor. Aquello era una sauna aunque si le vemos el lado positivo, perdemos peso y encima conoces más pronto a los demás porque estábamos apilados unos encima de otros. Nada más entrar te daban una bolsa con una especie de tupperware que era tu almuerzo y tenían un montón de botellas de agua para que nos las bebiéramos. Tardamos quince minutos en llegar a la entrada del parque y allí nos explicaron un poco lo que íbamos a hacer. El Parque Nacional de Bokor lo crearon los franceses, aunque ellos lo veían más como un lugar en lo alto de la montaña con hotel, casino y otros servicios para los ricos y poderosos. Después de la independencia entró en un periodo de decadencia y hace poco una corporación camboyana ha conseguido la concesión para hacer un megahotel en el lugar con casino. Están reparando la carretera y por eso hay un tramo que tenemos que hacer andando a través de la selva. Para subir teníamos una camioneta y nos sentamos todos atrás como buenamente pudimos. Aquello rebotaba que no veas y nosotros riéndonos y de buen rollo mientras ascendíamos. A los lados de la carretera cientos de trabajadores plantaban césped y otras plantas y otros asfaltaban tramos.

Una vez nos bajamos nos metimos en la jungla a caminar. El calor sofocante se fue disipando poco a poco. En ese parque hay elefantes salvajes y dos tigres pero no vimos ningún animal. Uno de los tigres solo tiene tres patas y no se sabe si la cuarta la perdió en una trampa de furtivos o por culpa de una mina aunque el guía jura y perjura que han limpiado la zona de minas. Con nosotros venía uno de los guardianes del parque cargando un rifle, todo como muy casual pero de esas cosas que te dan que pensar. Después de tres cuartos de hora andando el hombre se pone a gritar y el guía nos pregunta si hemos visto el cargador de las balas, que al parecer se le cayó. Menudo tío que nos pusieron para protegernos. Si aparece el tigre no lo contamos. Se fue montaña abajo y al rato volvió super-contento porque lo había encontrado.

Según subíamos íbamos sudando más y más y para cuando llegamos a la salida, todos estábamos mojados completamente. Allí nos recogieron con el camión y seguimos la ascensión hasta la antigua residencia del Rey, abandonada y algo tétrica. Después bajamos al asentamiento original por una carretera inexistente saltando como balones de goma mientras el camión rebotaba en todos lados y nuestros culos se resentían. En el grupo había 6 franceses, 2 británicos, 1 español y 8 norteamericanas. De estas últimas había una con pinta de ser más cursi que la Barbie Modosita y que miraba con asco todo. Tardamos más de media hora en llegar al lugar y agradecimos la parada porque teníamos los traseros ya rojos de tanto golpe. Primero visitamos las obras del nuevo mega-hotel-casino. Como es Camboya y no un país civilizado, nadie usa casco o cualquier otra protección y no les importa que un montón de turistas anden por allí haciendo fotos y metiendo el hocico en todos lados. Parece que hasta les gusta. Después fuimos a la antigua iglesia del lugar, un edificio un tanto raro porque los franceses la hicieron dotándola en su interior de cocina, baños y dormitorios, así que media iglesia es el templo propiamente dicho y el resto es la casa del párroco. Cerca de ese lugar había una terraza con unas vistas fantásticas y allí almorzamos. Nuestro paquetito contenía un plato de arroz con huevo y verduras, similar al tres delicias chino. Tras la comida nos desperdigamos por el lugar para explorarlo durante hora y media. Yo me fui con la pareja británica hacia un nuevo hotel y allí nos encontramos con un ingeniero vietnamita de los que están haciendo la obra y que se empeñó en enseñarnos los planos y otras obras que han hecho. En el interior tenía montada una oficina muy avanzada y fuimos a su ordenador. Empezó a navegar por sus carpetas y se equivocó y se metió en la que tenía con toda su pornografía de viciosillas europeas. El hombre se puso verde de la vergüenza y como si nada siguió buscando hasta dar con la dichosa carpeta en la cual tenía los esquemas. Nos dijo que el plan original era un casino-hotel de cinco estrellas con dieciséis plantas pero que en la actualidad los dueños querían un casino-hotel de tres estrellas y con trece plantas y que realmente ni siquiera sabía con cuantas acabaría el edificio. Al parecer no tienen ninguna prisa en construirlo porque primero quieren tener terminada la carretera, un campo de golf y restaurar algunos de los edificios que están en ruinas de la época francesa.

Lo dejamos con su porno y seguimos bordeando un pequeño lago. Entramos en otro de los hoteles abandonados, un edificio tenebroso, lleno de goteras y que da miedo. Después pasamos por la antigua oficina de correos, llena de marcas de balas en las paredes ya que por allí hasta 1999 hubo movidas y enfrentamientos y después seguimos hacia el antiguo hotel casino en el cual se rodaron varias escenas de la película La ciudad de los fantasmas dirigida por Matt Dillon y que seguro que todos habéis visto. Según el guía el hotel está lleno de fantasmas pero os aseguro que lo recorrimos de pé a pá, entramos en todas y cada una de las habitaciones, husmeamos en los sótanos y no dimos con ningún fantasma. Eso sí, es perfecto como escenario para hacer una película de terror.

Cuando todo el mundo llegó y descansamos volvimos al camión para regresar. Tras el palizón por la carretera de baches llegó la marcha por la selva. Supuestamente la bajada sería mucho más rápida y en menos de una hora lo haríamos. La realidad fue que nos tomó hora y media. Yo iba en el pelotón de cabeza con el chamo del rifle, la pareja británica y detrás de mí la Barbie Modosita y su amiga que podemos definir como eso es mi amiga y tampoco baila porque era fea y estaba allí para ayudar a resaltar la belleza efímera de la otra. El resto del grupo se nos perdía y los teníamos que esperar de cuando en cuando. Yo me puse los calcetines por fuera cubriendo los pantalones para evitar las sanguijuelas, igual que el guía y los otros iban con pantalones cortos. Pronto el inglés pilló la primera sanguijuela y no veas como gritaba cuando consiguió tirarla. Su novia pilló otra y el guía también. Yo brincaba como un saltamontes y procuraba no tocar una puta hoja. Me picaba todo el cuerpo y me rascaba y miraba continuamente buscando uno de esos bichos. El inglés pilló una segunda que al quitársela casi se le agarra en el dedo. Su novia se resbaló por el terreno y al levantarse tenía una que conseguimos quitarle antes de que llegara a tocar carne. Después al guía le pilló una y la tuvo que quemar y más tarde el inglés se dio cuenta que tenía una dentro de cada zapato y casi lloró mientras las sacaba. A la Barbie la pilló una y gritó como una maruja y la aplastó completamente mientras que el bicho que llevaba también agarró una. El único que salió ileso fui yo, aunque eso sí, reboté tanto que seguro que tengo agujetas dos días. Los que venían por detrás ni vieron ni sufrieron ninguna así que probablemente nosotros íbamos limpiando el camino para ellos. El inglés, cuando estábamos ya en la camioneta se alejó un poco para mirarse las joyas y ver si se le había colado alguna en ese santuario.

Los demás tardaron unos diez minutos más que nosotros y cuando llegaron nos subimos todos al camión. El conductor nos informó que en el tramo que nosotros caminamos, un camión de la obra tuvo un accidente y había varios heridos. Como esto es Camboya aquí no se llaman ambulancias porque no las hay, se mete a los colegas en otro camión y los llevan al chamán o al matasanos que esté más cerca y con la facilidad que tiene esta gente para amputar, seguro que alguno pierde algún miembro. En mi guía de viaje dice que lo primero que hay que hacer si tienes un accidente en Camboya es cruzar la frontera e irte a Tailandia o Vietnam, que manda güevos.

Bajamos tranquilamente en la parte de atrás del camión. Los obreros estaban terminando la jornada y algunos se duchaban en la carretera y nosotros al pasar los veíamos en pelotas y ellos riéndose. En la entrada del parque cambiamos a la furgoneta/sauna y fuimos directos a la puerta de mi pensión. Allí nos esperaba un barco para un crucero por el río y ver la puesta de sol. Hicimos un montón de fotografías mientras paseábamos por la zona en una chalana sin mucha clase y definitivamente poco apropiada para nuestra Barbie, que arrugaba el hocico del disgusto tan grande que tenía. Al regresar, crucé la calle para caer en brazos de los empleados de la pensión que ya tenían mi llave preparada, me di una ducha, me quité las ropas apestosas y comprobé que ninguna sanguijuela moraba en el cuerpo del Elegido y subí a cenar a la terraza. Después me arrastré hasta mi habitación en donde les deseé las buenas noches a la familia de gecos y me acosté a dormir.

Así acabó mi último día en Kampot.

El relato continúa en Tránsito de Kampot a Sihanoukville

3 opiniones en “Excursión al parque Nacional de Bokor”

  1. Que lo dicho, a ti te pasan todas las cosas surrealistas, porque lo del vigilante que pierde el cargador del rifle tiene tela.

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