Fantasmas

Este relato está inspirado en la canción del mismo título del disco El extraño viaje de Fangoria. Si quieres leer más historias de esta serie visita la categoría El extraño viaje

El extraño viaje: Fantasmas

A cada instante me juro ser valiente y no abandonar. Sé que no va a ser fácil y quizás no lo consiga pero he de intentarlo. Cuando ella me besó y salió aquella mañana nunca pensé que sería la última vez que nos veríamos, que ya nada sería lo mismo.

Pasé el día como siempre, ganándome el pan sin sudor pero con ingenio. Cerré algunas transacciones, leí los informes que mi secretaria había puesto sobre la mesa y aún tuve tiempo para enterarme de los cotilleos de la oficina. Era un día tranquilo con un gran colofón: una cena con mi esposa en el jardín de nuestra casa, a la luz de las velas y rodeados por rosas que además de ser preciosas llenaban con su dulzona fragancia el ambiente. Ese día no celebrábamos nada especial, era solo una de esas cenas en las que pasábamos un tiempo juntos y disfrutábamos de la mutua compañía. La llamé a la hora de comer y quedamos en que cocinaría yo porque iba a regresar primero a casa. Al volver pasé por el supermercado y compré las cosas que me hacían falta. Quería preparar salmón al horno con verduras y seleccioné un buen vino para acompañarlo. De postre elegí nuestro helado favorito. Le pondría unas fresas y lo cubriría con miel caramelizada. Una comida sencilla y sabrosa. No tenía que preparar muchas cosas así que me relajé en casa y me senté en el jardín a escuchar el canto de los pájaros y ver sus peleas domésticas, sus riñas por el espacio o la que podría ser la compañera para el resto de su vida. Era un día muy apacible.

De alguna forma lo supe. Era feliz y un instante más tarde sentí como si el fuego andaba junto a mí, no pude evitar esa sensación irracional. Miré mi reloj que marcaba las siete y cuarto. Una pena infinita me apresó en sus redes. La llamé pero no respondió. Me salió directamente el contestador de su teléfono. Llamé a su oficina y nadie cogió el teléfono. Deseché la corazonada e intenté volver a centrarme en todo lo bello que me rodeaba. Miré hacia el cielo y vi una forma similar a la de un corazón dibujada por la estela de los aviones. Era un corazón que se agrandaba y deformaba por momentos, un corazón que parecía luchar contra fantasmas y que terminó por explotar.

Intenté volver a llamarla pero de nuevo me saltó el contestador. Supuse que se le había agotado la batería del teléfono y estaría ya en camino. Para algunas cosas es muy despistada. Entré a la cocina y encendí el horno para calentarlo. También puse un caldero al fuego para hervir las verduras. Corté algo de pan y saqué de la nevera un poco de queso para untar. Estaba preparando la mesa cuando me llamaron. Era un número desconocido, una de esas llamadas sin identificación.

Al otro lado una voz seria y formal me preguntó mi nombre y si la conocía a ella. Respondí afirmativamente mientras dejaba de ver a mi alrededor porque los ojos se me estaban llenando de lágrimas. Ahora que lo pienso fue en ese momento, quizás el instante más dramático de mi vida cuando tuve un acceso egoísta y solo se me ocurrió en pensar lo que iba a costarme la idea de olvidarla. Esa voz portadora de malas noticias me dijo que había sufrido un accidente con el coche y estaba en el hospital. Se negó a pasarme más información. Le dije que iría inmediatamente. Apagué el horno y la cocina. Lo hacía de forma automática, sin pararme a pensar en lo que estaba haciendo. Metí las cosas en la nevera y antes de salir fui a nuestro dormitorio. Pasé la mano sobre la colcha de la cama, rozándola con las yemas de los dedos. La habitación olía a ella, a su perfume, a su esencia.

Ya en el coche traté de centrarme y prepararme para lo que estaba por venir. Siempre me pongo en el peor escenario así que asumí que mi presentimiento previo era la confirmación que necesitaba. Rechacé el pensamiento y traté de ser positivo, de nadar contracorriente. En ese instante ya me sentí solo, sin un hombro en el que apoyar mi cabeza, sin esa brisa matutina que te arrancaba una sonrisa y supe que quizás había llegado el momento de pagar cada sueño que ya traicioné.

En el aparcamiento del hospital tuve un acceso de pánico, de dejarlo todo y salir de allí corriendo sin mirar atrás. Lo superé al recordar su beso de despedida y con prisas me acerqué a la recepción. Antes de decirme nada me obligaron a rellenar unos formularios. Yo solo quería verla, saber como estaba pero ellos únicamente veían papeles y más papeles y no les interesaba el drama que yo estaba viviendo.

Tras una eternidad vino un doctor a hablar conmigo. No hizo falta que dijera nada. Su cara me lo confirmó. El hombre trataba de poner distancia entre ambos como si yo fuera un apestado que iba a tocarlo y contagiarlo con alguna terrible enfermedad. Quizás creía que me tiraría a sus brazos. Me mantuve firme. Le pedí que me dejara verla. Fuimos juntos hasta una fría sala en la que un tubo fluorescente crepitaba y lanzaba destellos blancos. Junto a la puerta pude ver su fantasma, una tenue imagen que me miraba con lástima y resignación. Estaba tan bella como el primer día que nos conocimos. A cada instante me juro ser valiente y no abandonar.

¿Com qué fantasmas he de luchar,
de qué otro infierno me he de salvar?

2 opiniones en “Fantasmas”

  1. Hola,

    Hace bastantes meses que leo tu página y hasta ahora no te había escrito ningún comentario. Pero creo que después de tantas horas de entretenimiento que me has ofrecido lo mínimo que puedo hacer es dedicarte unas palabras de reconocimiento.

    He aprovechado esta entrada porque me ha gustado especialmente, tienes un gran estilo narrativo, sabes muy bien como contar historias. Si no te dedicaras a lo tuyo podrías plantearte dedicarte a escribir libros 😉

    Encantado de haberte saludado

  2. Miguel, gracias. No sé si podría escribir un libro, me falta la constancia para centrarme en una historia. Voy saltando de una cosa a otra sin rumbo fijo y me temo que si forzara la máquina en una sola dirección me aburriría. Como ya dije hace un tiempo, la serie de relatos el extraño viaje vendrán inspirados por las canciones del disco de Fangoria y en su interior se encontrarán retazos de las letras del disco e intentaré crear una foto distorsionada y a ser posible relacionada con cada historia. Lo más difícil es encajar las frases sueltas de la canción en el relato y que la cosa mantenga algo de coherencia. Lo bueno es que me divierte y aunque imagino que tardaré meses, lo completaré igual que hice con Arquitectura Efímera

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