Fin de semana con cine y mucho más

El sábado a las ocho de la mañana yo ya estaba cacharreando en la cocina para hacerme un chocolate con churros ya que considero que si hay algo zafio y vil en esta vida es no prepararte un desayuno especial los días que no has de ir a trabajar.

Tras el desayuno, la actividad frenética no se detuvo ya que salía de mi casa dos horas más tarde y no sabía cuando regresaría, con lo que quería dejar escritas al menos tres anotaciones de cine. Tras eso, la ducha, el afeitado y preparar la mochila, lo cual me tomo muy en serio porque el Rubio no había especificado un plan de acción claro y eso quería decir que debía ir preparado para múltiples escenarios, salí de mi casa ya apurado y me fui a la estación central de Utrecht a lomos de la Mili o Vanili. Quería ir al cine en Amsterdam a las once y media y llegué al cine a las once y treinta y cuatro minutos, por suerte sabiendo que con los veinte minutos de anuncios, trailers y demás, la película no había empezado. Decidí regalarme una sesión doble (la segunda de la semana ya que el día anterior había hecho otra) y entre las dos películas tenía cuarenta y cinco minutos que aproveché para ir desde Leidseplein hasta Kalverstraat y una vez allí comprar chupa-chups de chocolate de Leonidas a las Unidades Pequeñas y una cajita de bombones de Gianduja, por aquello de no llegar a la casa prácticamente con las manos vacías ya que solo tenía jamón serrano, fuet y vino en la mochila, además de una tableta de chocolate al 86% de cacao por si tenía que improvisar un brownie, algo que puede suceder y a veces sucede. Tras la segunda película fui a la estación de Amsterdam Amstel en tranvía y metro y una vez allí compré mi billete y avisé al Rubio de mi hora de llegada. Me recogió en la estación y nos fuimos a su casa, a donde más tarde llegaron las Unidades Pequeñas número 1 y 2. La tercera y la Primera Esposa se habían ido a un cumpleaños y la excusa del resto para no ir es que querían pasar tiempo conmigo.

Yo había pedido cenar mejillones y mientras preparábamos la comida, tomábamos cerveza y comíamos tapitas. Tras la cena las dos Unidades Pequeñas me arrastraron a la cama elástica de cuatro metros de diámetro que tienen en el jardín y me tuvieron saltando con ellos hasta que caí agotado. El día estaba agradable y seguimos en el jardín hasta casi las ocho de la noche, momento en el que nos recogimos a la casa para calentarnos junto al fuego de la chimenea mientras la Unidad Pequeña número 1 tocaba el piano y nosotros manteníamos una conversación casual junto al fuego, hablando sobre automóviles ya que el Rubio se había comprado uno esa tarde. Cuando regresó la Primera Esposa comenzaron las tareas para meter a la tropa en la cama y a mí me tocó leer un libro a la Unidad Pequeña número 2. Después comenzó la tertulia, regada de cerveza Leffe Blonde y finalmente el Rubio se fue a dormir, después la Primera Esposa y finalmente un servidor, era más o menos las dos de la mañana. A las ocho en punto la Unidad Pequeña número 3 se metía en mi cama para despertarme y decirme muy seria que tenía dolor de barriga y que seguro que se le quitaba si yo cocinaba Pannenkoeken, así que me fui a la cocina a prepararlos. Salvo por el Rubio que siguió durmiendo, desayunamos todos juntos y después comenzaron múltiples tareas y actividades en paralelo. Los niños querían ir al cine y los padres querían ir a Ikea, así que juntamos ambas tareas y acordamos que iríamos al cine que está junto al estadio ArenA ya que allí también hay una tienda sueca de muebles. Yo me llevaba a las tres Unidades Pequeñas conmigo al cine y después de la película ya veríamos lo que hacíamos.

La Primera Esposa se imagina todo lo peor siempre y está convencida que se me perderán uno o varios, aparte de creer que un cine es como un puticlub y la gente entra y sale todo el tiempo. Tuvimos que esperar a que se fueran los padres para comprar las golosinas que habían prohibido y después de las operaciones de visita al baño nos fuimos a la sala y vimos la película. Al salir paseamos un poco por la zona esperando a los padres y llegaron con el coche lleno, lo cual hizo que la Primera Esposa regresara en tren con los niños mientras el Rubio y un servidor íbamos en el coche y descargábamos la compra. Después los recogimos en la estación y regresamos a la casa a montar los muebles, tarea que según el Rubio toma quince minutos pero que siempre acaba siendo un par de horas. Me quedé a cenar con ellos y el Rubio me alcanzó a mi casa, aunque a mí me venia mejor ir en tren porque tenía la bici en la estación. Ayer por la tarde tras regresar del trabajo y cenar teníamos un asombroso día con veintiún grados y soleado y en lugar de trabajar en el jardín opté por ir andando hasta Utrecht Centraal, paseando junto al canal que enmarca el centro histórico de la ciudad. Regresé a mi casa con la Mili o Vanili y así cerré el círculo que comenzó el sábado por la mañana.

Hoy sí que me tengo que poner y trabajar en el jardín, ya que parece una selva.

6 respuesta a “Fin de semana con cine y mucho más”

  1. Eres el tito sulaco, uno más de la familia. Sabiendo como son de altos los cabeza-queso, a ti te llaman los padres “unidad pequeña número 4”? 😉 Ahora entiendo lo de ir a ver Gru 2 por segunda vez, que la película no está mal, pero de ahí a ir por vicio…

  2. La Primera Esposa dice que yo soy un Suikeroom, el tío al que manipulan y sacan lo que quieren. También soy el principal proveedor de azúcar de la familia y gracias a mí esos niños desprecian el jamón serrano que no sea Ibérico ya que les he educado el paladar.

    Genín, sobre el jardín, es como la selva y no está para hacerle fotos. Ayer llené un contenedor solo con la hierba y parte de la zarzamora y aún me queda zarzamora para la semana que entra. Como caigan las hojas de los árboles voy jodido. Las que no maduran son las uvas, se han quedado a medio camino.

  3. Esos niños te tienen que querer un montón. Yo cuando era pequeña también tenía un tío que hacía lo mismo que tú; lo adorábamos.

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