Finalizando la visita a Zaragoza

Para leer todo el relato del viaje deberás comenzar por Un exótico viaje de Holanda a Zaragoza

Nuestro último día en Zaragoza era en realidad medio día ya que después de las doce comenzaban las maniobras migratorias. Al llegar al Paseo Independencia nos encontramos con que había una concentración de Fiat 500. Es increíble como el tiempo es capaz de convertir unos coches antiguos y que fueron despreciados como anticuallas según entramos en la década de los setenta en objetos de culto del siglo XXI. Hicimos todas la fotos que pudimos y después nos dirigimos hacia la Basílica del Pilar, en la cual, en un domingo por la mañana, el espectáculo está en su apogeo. A nosotros no nos interesaban los cánticos o esos monaguillos que se pasean por el recinto y que al parecer los padres pueden apuntar para que lo hagan durante unas horas. Nosotros lo que queríamos era subir a la Torre Pilar, la cual cierra los viernes y por eso se nos había quedado atrás. Fuimos los primeros en pagar los dos euros de la entrada y en subir en el ascensor. Después de haber hecho miles de escalones para subir campanarios y cúpulas por todo el mundo, es un lujo del copón que te lleven en ascensor. A ochenta metros de altura, las vistas de Zaragoza desde una e las cuatro torres de la Basílica son increíbles y tuvimos hasta suerte porque el cielo era poco menos que perfecto, con unas nubes blancas que resaltaban sobre un cielo profundamente azul.

Salimos de allí encantados y fuimos hasta el que sería el último lugar que visitamos en Zaragoza, el Museo del Foro. Es tan impresionante como las otras ruinas romanas de la ciudad y el espectáculo audiovisual en su interior está muy conseguido, sobre todo la parte final. Procuramos rellenar los profundos hoyos de nuestra incultura y los bombardeamos con todo tipo de datos y tras tres cuartos de hora concluyó nuestra visita a la ciudad. Nos sentamos en una cafetería a comer algo y un poco más tarde recogí mi pequeño trolley y con ciertas dificultades conseguí un taxi para ir al aeropuerto, ya que el primer autobús que va al mismo los domingos llega al mismo muy tarde y no da tiempo a coger el avión.

Mi impresión sobre Zaragoza es que es un lugar curioso, con algunas cosas excelentes y otras (como los medios de transporte público) que se pueden mejorar. Se come muy bien, la gente es amable y servicial y es perfecto para una de estas escapadas de fin de semana. Ha sido una pena que muchas de las atracciones de la ciudad estén cerradas por reformas aunque supongo que en unos meses la Exposición habrá acabado y todo volverá a la calma.

Y para terminar con el relato de este viaje y descubrir lo complicado que fue el viaje de vuelta a Holanda tendrás que leer Una vuelta a Holanda de película