Fn de semana con el Turco en Estambul

Cada vez que hay una oferta para ir a ver al Turco, yo no la dejo pasar y si por algún motivo maquiavélico fuera a hacerlo, seguro que él me llama al orden. Por eso, cuando hace casi dos meses hubo un día en el que Transavia vendía los billetes a Estambul a un precio bastante económico, lo hablamos y acordamos que haría mi sexta visita a esa ciudad que es tan grande y diversa como un país. En esta ocasión vuelo al aeropuerto de Sahina Gokcen (o como quiera que se escriba), el segundo de la ciudad y el que está ubicado en el lado asiático de la misma. En febrero e Turco se mudó a esa parte del país y por suerte resulta más conveniente, está en una zona sin demasiados atascos de tráfico y al ser más pequeño, es más cómodo para llegar y salir. La única pega era la hora de salida del vuelo, a las siete y media de la mañana, justo en la franja negra para moverte con transporte público. Mirando las diferentes alternativas vi que podía tomar el primer tren del día hacia el aeropuerto, el cual va por Hilversum y para en todas las estaciones. Salía a las 4:55 de la mañana y me obligaba a levantarme a las 4.

El Turco quería que le llevara stroopwaffels, unas galletas delgadisimas y pegadas en parejas con caramelo que son típicas de Holanda y que puedes comprar frescas y recién hechas en casi todos los mercados del país. Como buscaba cantidad opté por las del súper y después de que me dijo que su hija está pasando la Edad de Jelou Quiti aproveché y le compré a la chiquilla unas cosillas sobre el tema. Ayer por la tarde aprovechaba para arreglarle el ordenador al vecino y después hacia unos Pastéis de nata para congelar y para ver sí pueden sobrevivir a un viaje en mochila. Llené mi iPad con infinidad de episodios de series y me acosté temprano. Cuando sonó el despertador hice mis abluciones matutinas, desayuné dos magdalenas de suero de mantequilla (en lugar de leche) y un café con leche, agarré la mochila y fui a la estación de Utrecht Centraal a lomos de la Mili o Vanili. Por el camino me crucé con estudiantes que regresaban a sus pisos después de pasar la noche de parranda, borrachos como cucas y haciendo eses en sus bicis. Dejé la bici en el aparcamiento gratuito vigilado y fui directo al anden cuatro a tomar el tren. ?ramos cuatro gatos y casi todos íbamos al aeropuerto. Veinte minutos más tarde salía otro tren que va por otra ruta (la más directa a Amsterdam) e intercepta al que yo tomaba, pero los cuatro minutos de transferencia eran un riesgo considerable ya que sí ese tren tiene un problema, básicamente tendría que esperar media hora y llegaría al aeropuerto muy cerca de la hora de salida.

Salimos en hora y a quinientos metros de la estación se para y se escucha como sí estuvieran reseteando todos los sistemas. Se me pusieron los huevos como manises ante la perspectiva de que se escoñara el tren. Cinco minutos más tarde parece que repararon el problema y seguimos. A mitad de camino hacia Hilversum se volvió a detener y ahí los cataplines se me subieron directamente hasta las amígdalas. Lo que quiera que fuera lo lograron reparar y seguimos avanzando solo que llevábamos casi ocho minutos de retraso. Lo que yo no sabía es que cuando ese tren llega a Weesp se detiene normalmente unos diez minutos ya que es la estación que usan para intercambiar con otro tren que va hacia Amsterdam y ese primer tren tiene una parada más larga de lo habitual. Salimos de Weesp en hora, llegamos a Duivendrecht a la hora prevista y los gandules que salieron en el tren de Utrecht de las 5:15 estaban allí. Llegamos al aeropuerto a las 6:02, exactamente la hora prevista. Yo ya había hecho la facturación por internet y lo único que hice fue recoger mi tarjeta de embarque en una máquina y pasar el control de pasaporte. En vuelos fuera de la Unión Europea, el control de seguridad te lo hacen en la misma puerta de embarque. El aeropuerto de Schiphol ha vuelto a ser elegido por los pasajeros como el mejor aeropuerto europeo en el 2013 y cuando caminas por el mismo puedes ver inmediatamente la razón. No tienen el diseño espectacular de un divo-arquitecto y en lugar de eso alguien hizo un edificio por el que caminas como sí fuera un centro comercial de puro lujo Meriyein. Hay zonas con butacas reclinadas para dormir, zonas con sofás para sentarte a descansar, leer un periódico o tomarte un café, zonas con mesas en las que hay infinidad de enchufes para que recargues tus dispositivos mágicos y maravillosos, trabajes o te distraigas y en todo el aeropuerto, una hora de wifi gratuita. Si comparo eso con la mierda infumable de cierto divo conocida como la T4, en donde no encuentras nada, todo está en el lugar equivocado y acabas cabreado y frustrado, hasta un tonto descerebrado puede deducir porqué JAMÁS se votará para ese premio para cualquier aeropuerto español.

Llegué a mi sala de embarque y pasé el control de seguridad. Los Pastéis de nata se veían fabulosos a través de los rayos X. Mi asiento en el avión era el 6F. Transavia tiene un sistema rastrero para asignar asientos. Si vuelas acompañado y no pagas un extra, te sientan separado del resto del grupo. Como yo viajo solo me la suda pero eso casi te garantiza que a tu lado no se pongan dos conocidos ya que el algoritmo de ordenación reparte a la gente por el avión y aísla a padres de sus hijos a menos que paguen por el privilegio y el lujo de sentarse juntos. El avión se petó hasta la bandera y como el espacio sobre los asientos es limitado. Todo el mudo tiene trolleys y mochilas enormes, los más rezagados se tuvieron que joder y ver como les quitaban su equipaje y se lo facturaban a pie de pasarela sin coste adicional. Siguiendo la tónica habitual me dormí y para cuando me desperté ya llevábamos volando una hora. Un rato más tarde pasamos por encima de Budapest y reconocí todos los hitos del centro de esa ciudad ya que estuve allí el año pasado.

El resto del vuelo transcurrió si incidencias y al llegar a Estambul me pusieron el primer sello en mi nuevo pasaporte. Salí y el Turco me esperaba para darme un fuerte abrazo y recogerme. Así qué ya sabéis, estoy otra vez en Estambul.

3 opiniones en “Fn de semana con el Turco en Estambul”

  1. Genín, en lugar de eso vino él en persona en el Porsche, algo que también es aceptable. Todos sabemos que mi culo tiene una alergia terrible al tapizado de los asientos de las marcas baratas.

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