Frugoni es un nombre de tango

Flotaba por la pista de baile de una forma mágica. La música lo llevaba junto a su pareja, una hermosa joven a la que había conocido un día en una terraza. Aquel día cambió su vida, le encontró un nuevo sentido a todo.

Lo de ellos fue amor a primera vista. Tardaron una fracción de segundo en convertirse en uña y carne. A partir de ese momento ya nunca se les vio separados. No podía existir el uno sin la otra. Eran la viva imagen de la felicidad. Ella lo descubrió todo sobre él, escuchó sus lamentos, sus preocupaciones, su historia hasta aquella tarde en que se conocieron y cuando él terminó su relato comenzó a cambiarlo, a mejorarlo y ajustarlo para lo que les esperaba por delante. Su historia no había sido fácil. Ya en el colegio los chiquillos se metían con él y lo perseguían gritándole su apellido: Frugoni. ?l trataba de escapar pero no siempre le era posible. Era un pobre niño con grandes gafas de pasta y aspecto desgarbado que se prestaba a ser ridiculizado. Se le podía ver corriendo por el patio seguido de una nube de enanos como él que le gritaban y los profesores nunca hacían nada para evitar aquel acoso. El pequeño Frugoni creció huyendo, sintiéndose rechazado por todos. En el instituto la gente se decía entre ellos no seas Frugoni cuando querían indicar una bobería y las gilipolladas eran Frugonadas. Había una línea completa de insultos e interjecciones con su apellido. ?l nunca se quejaba, nunca decía nada, sabedor que no lo escucharían y que reforzarían las chanzas si osara hacerlo. Procuraba pasar desapercibido pero era como un imán que atraía la maldad de los demás, que extraía lo peor que llevaban dentro y los incitaba a vilipendiarlo.

En la universidad no mejoraron mucho las cosas. Seguía siendo el blanco fácil que elegía cualquier chaval que buscaba impresionar a las chicas. Tenía que cargar sus libros y todas sus cosas continuamente porque si dejaba la mochila en algún lado se la cogían y la tiraban, la vaciaban o hacían algo peor. Nadie alzó nunca la voz para defenderlo. Tampoco lo pretendía. Unos vienen a este mundo con todo resueltos y otros tienen que esquivar obstáculos continuamente. Es la ley de la vida. Siempre ha sido así. Por eso la tarde que tropezó con aquella preciosidad de chica se deshizo en disculpas. Ella le tapó la boca con su mano y se agachó a recoger las cosas que se habían caído. ?l se puso a ayudarla y fue entonces cuando se miraron a los ojos y algo mágico sucedió, una chispa encendió miles de rincones dormidos en su ser y una sonrisa le cruzó la cara. Se sentaron y estuvieron hablando durante horas.

Pasaron los días, las semanas, los meses y una serie de pequeños cambios tuvieron lugar en su interior. Cada día era una maravillosa aventura que comenzaba antes de abrir los ojos. Pensaba en ella antes que en nada más y se acostaba con su imagen grabada en su memoria. Era un hombre feliz. La gente dejó de reírse de él y de hacerle pequeñas trastadas. No sabía muy bien si lo habían aceptado o asumieron que tendrían que llevarse bien con él. De pronto tenía amigos y se integró en una banda de universitarios chillones y entusiastas. Iba a fiestas y quedaba los fines de semana con gente, la misma que siempre lo había repudiado. Ella era la luz de su vida, el sol que le daba energía y le mostraba el camino.

Se graduaron, encontraron trabajo y comenzaron a vivir juntos. Entre ellos bastaba una mirada, sobraban las palabras y los gestos.

Por su cumpleaños ella le regaló un bono para una academia de baile. A él no le hizo mucha gracia, se seguía viendo como el patito feo pero puesto que lo harían juntos no podía ser tan malo. El primer día de clase la profesora les explicó un montón de conceptos y técnicas y no tuvo que bailar. En la segunda clase fue su bautismo. La música sonaba y ejecutaron sus primeros pasos. Pronto estuvo claro que tendrían que cambiarse a otro nivel porque estaban muy por encima del resto. En ellos bailar era algo natural, se seguían perfectamente, no cometían ningún error y la gente se paraba a mirarlos porque era un placer el verlos danzar.

De aquella academia pasaron a otra y luego otra más. En todas siguieron mejorando su técnica y los profesores sentían que allí había algo grande, que aquella pareja llegaría muy lejos. Finalmente encontraron a aquella vieja dama que parecía haber vivido desde siempre. Ella lloró la primera vez que los vio bailar juntos. Los adoptó y empezó a entrenarlos para el campeonato mundial de baile de Tango. La mujer no había podido cumplir su sueño en su juventud por no haber encontrado la pareja adecuada y ahora podría realizarlo a través de ellos. La preparación fue muy intensa y al mismo tiempo divertida. El tango era un baile que requería una compenetración perfecta y ellos la tenían. Estaban hechos para bailarlo sin parar. Pasaron todas las rondas clasificatorias sin más problemas y finalmente llegaron al campeonato mundial de baile de Tango.

Se apagaron las luces, un foco los iluminó y la música comenzó a sonar. Ellos hicieron lo que mejor sabían hacer: Bailar. Volaron por la pista acompañados por una música a la que ellos ponían movimiento. Existían el uno para el otro y no notaban la presencia de los miles de espectadores ni de las cámaras. Ellos eran uno con la música, su simbiosis era perfecta. Cuando acabó el baile y quedaron allí quietos, petrificados, la gente que hasta ese momento había asistido atónita al espectáculo rompió en gritos y aplausos. En la pantalla salía el nombre de la pareja y todos comenzaron a corearlo al unísono. FRUGONI, FRUGONI.

Hubo otras parejas que lo hicieron muy bien y que quizás en otras ocasión habrían merecido ganar pero aquel día solo podía triunfar uno y estaba claro que Frugoni es un nombre de tango.

5 opiniones en “Frugoni es un nombre de tango”

  1. ¿y tú que opinas?

    ¿Qué opino yo?
    Opino que es una historia muy buena, con su crueldad gratuita (y humana) y su bondad regalada (y divina).

    Frugoni salio del pozo mientras comía una tarrina de turrón viendo una foto de Marte.

    Salut

  2. Hay que reconocer sin modestia que es de lo mejorcito que he escrito este extraño verano. Con la fuente de la que llega la inspiración medio seca, esto es una brisa de aire fresco.

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