Gallinas cluecas

No sé por qué a veces no soy capaz de ver las señales. Cuando iba hacia el trabajo esta mañana, después de media hora nevando, con las calles totalmente blancas y sin sal en la carretera porque esperábamos lluvia, me topo con una anciana en bicicleta delante de mí. Todo el mundo sabe aquí, repito, todo el mundo sabe aquí que cuando nieva y no hay sal, mejor vas por la nieve que por el camino, porque las ruedas aplastan la nieve, la prensan y termina convirtiéndose en hielo y todos sabemos que el hielo resbala.
Así que la veo delante y pienso, se da la hostia seguro. Freno y me quedo al loro. La dama está a dos metros del semáforo cuando este cambie de verde a amarillo. Trata de frenar cuando podía haber pasado tranquilamente y la bicicleta empieza a girar como un trompo. Sale despedida de la misma y acaba en medio de la carretera despatarrada. No me paré a ayudarla, por supuesto. Por culpa de una de ellas me di una hostia en un túnel que me tuvo con dolores en el brazo durante 3 semanas. Por culpa de otra señora mayor rompí un pedal de mi bicicleta y por culpa de otras, en número ya indeterminado, he estado varias veces a punto de pegármela contra ellas o contra coches. Así que ya no siento lástima por ellas, me he vaciado. Lo sé, soy cruel, terrible, pero mira, mejor ellas que yo, que coño y si no que se compren un taca-taca y dejen de ir en bicicleta con 70 años, que ya son mayorcitas.
Así que después de la experiencia mañanera tendría que haber visto las señales que me mandaba el buen Dios, pero siempre he sido un miope para estas cosas. Por la tarde, después del trabajo decido irme al cine. Miro la cartelera y están dando Calendar Girls, Las Chicas del Calendario en cristiano.
Así que me doy el paseo al cine y en la puerta descubro mi error. Es miércoles, el puto día de las mujeres en Hilversum. Porque aquí yo soy el cabrón que paga las entradas a precio de oro siempre, pero si tienes coño y es miércoles, te juntas con otro coño y entre las dos pagan una entrada. Así que los miércoles es el día de los chochos en el cine. El jueves van los gilipollas, el viernes los moros de mierda a gritar y desvariar, el sábado las parejas y las bandas de subnormales, el domingo las familias con alimañas como hijos y solo quedan los lunes y martes como días seguros para ir al cine en el villorrio. Yo sigo rezando para que se impongan los jodidos Home Theater y que la gente deje de ir al cine, porque a mí me jode y mucho pagar 8 euros para que haya un desgraciado haciendo bromas estúpidas, tres hablando con el móvil y doscientos más riéndoles las gracias.
Pero volvamos al tema. El cine lleno de hembras, pero de VIEJAS. Me compro la entrada y me meto en la sala. Sin exagerar, por lo menos cien viejas, que allí hedía a pescao podrío de tanto coño pasado de fecha. Gallinas cluecas, eso es lo que eran, cotorreando sin parar. Yo creía que lo peor que te podía pasar en el cine era tener 100 moros o 100 mocosos en la sala, pero eso no es nada con el poder de 100 viejas chochas.
Que alguien les explique que el SONOTONE se mete en el oído y no el coño, que se gritan unas a otras, que el oído lo perderán pero el volumen de voz les mejora con los años. Que alguien prohíba la venta de teléfonos móviles a mayores, que los guardan en esos jodidos bolsos enormes, y para cuando los encuentran, han estado sonando durante 1 minuto, porque por supuesto ninguna lo desconectó. Que alguien les explique que la película no se comenta, que cuando se apagan las luces se agarran la boca, se sujetan las putas dentaduras postizas y se joden y no hablan durante hora y media. Que alguien las meta en un avión ruso a ser posible y las mande a Nigeria para ofrecerlas como comida a esos pobres niños que pasan hambre, porque no es de recibo, que no pararon de hablar en toda la película, no pararon de sonar móviles, estornudos que sonaban a enfermedades terminales, que salí del cine y me di una ducha con espíritu de sal para desinfectarme, que no pararon de ir y venir del baño en toda la película y que hasta en el intermedio dos de las putas de mierda se me intentaron colar en la cafetería, que tuve que darle un codazo a una en los cuajos que tenía por tetas para evitar que hacíendose la Lina Morgan se me colara.
No me voy a extender más porque ya he canalizado suficiente energía negativa. Eso sí, si conseguís ir a un cine en el que no suceda nada de esto, entonces os recomiendo la película que es muy buena. Y si tenéis oportunidad de verla en Versión Original, hablan un inglés británico delicioso.
Y recordarme no volver nunca más al cine en miércoles.