Globo sonda y un viaje como la seda

Estamos a punto de completar dos semanas extrañas en cuanto a contenido de esta bitácora aunque ahora que lo pienso esto es siempre raro. Después de mis once días de vacaciones en Gran Canaria he vuelto a los Países Bajos y me he reencontrado con el invierno, con una temperatura de cinco grados. Eso sí que es un choque térmico. Mi vuelta transcurrió sin grandes problemas. Mis padres me dejaron en el aeropuerto cuando llegaban las guaguas con los turistas holandeses y pude facturar de los primeros, después pasé el control de seguridad y desayuné observando a todos los turistas que llenaban el aeropuerto de Gran Canaria a esas horas de la mañana. Embarcamos con media hora de antelación y salimos hacia el Norte mucho antes de la hora prevista. La azafata dijo que la duración del vuelo era de cuatro horas y cincuenta minutos y me extrañó porque normalmente es de cuatro horas. Más tarde el piloto explicó que por culpa de unos fuertes vientos sobre la península ibérica tendríamos cerca de una hora de viaje adicional. Nunca había visto un avión yendo tan despacio. Según el GPS que podemos ver en las pantallas de televisión en algunos momentos aquel cacharro iba a quinientos kilómetros por hora, una velocidad muy por debajo de lo que suele ser habitual. Llegamos a Holanda sin más incidencias y pese al fuerte viento en contra he de decir que no hubo grandes turbulencias ni otros problemas.

Sobre las vacaciones no hablaré mucho. Solo decir que asistí a una boda y a un funeral y que fui a la playa siete de los días y los otros cuatro llovió y no se daban las condiciones adecuadas para tomar el sol. Gracias al funeral recuperé el contacto con un viejo amigo que ya ha entrado en el círculo de confianza y me sigue pareciendo increíble como podemos retomar una relación después de diez años y tras el abrazo y los insultos de rigor que todo parezca normal. Además vi cine, un montón de cine, tantas como once películas con cuatro sesiones dobles. Ninguna de ellas fue en el Festival de cine de Las Palmas porque no me motivaba ninguno de los títulos que han seleccionado. Estoy más interesado en el festival de cine Latinoamericano de Utrecht que se celebrará en mayo. El año pasado me hice una sesión doble y este año creo que haré una por día. Eligen un montón de cine interesante de autores que normalmente no llegan a nuestras pantallas.

Mientras volaba sobre el océano atlántico estaba escuchando uno de los podcasts de la BBC a los que estoy subscrito y entonces me vino una idea absurda a la cabeza. Yo escucho varios podcast y todos ellos tienen en común que son programas bastante profesionales hechos por emisoras de radio o por gente que sabe del tema. No escucho nunca los podcasts personales porque sencillamente no tienen mucha calidad y prefiero perder el tiempo con otras cosas. En el Podcast de la BBC que estaba oyendo habían creado una canción específica para un evento y se me ocurrió justo en ese instante que quizás sería interesante el hacer una de esas aberraciones sonoras que hincharían mi ego hasta límites dantescos. Sería tan sencillo como arrancar el Garage Band o el Audacity que tengo en mi iBook y grabar veinte minutos de boberías sin guión pero eso no es lo que deseo. En realidad si lo vamos a hacer difícil, hagámoslo imposible y de una forma que involucre a toda la gente que lee esto. Mi pequeño rincón en la red recibe cada día más de mil visitas y en base a las subscripciones del contenido sindicado y a las estadísticas calculo que hay unas trescientas personas que entran aquí de manera regular. No son muchos, más o menos la misma cantidad que los espartanos que tuvieron que morir luchando contra un millón de terroristas árabes de mierda. Digo yo que aunque solo comenten media docena, que estaría bien el crear un podcast colectivo, algo sin calidad pero con mucho amor. Sé que al menos dos de los lectores pertenecen (o han pertenecido) a grupos musicales. En ellos descansaría la tarea de crear una tonada pegadiza y machacona, una musiquilla melosa y repelente que arranque una sonrisa. Yo ayudaría con la letra, algo bobo y simplón con un estribillo en plan el chou de sulaco en distorsiones y después llegarían las colaboraciones anónimas o conocidas en la forma de coros, con gente diciendo palabras o frases que gracias a la maravilla del Garage Band se pueden mezclar y unir para formar una canción de esas de espíritu colectivo (We are the World y similares ??). Tras la canción de marras ya se me ocurriría algo, quizás leer una vieja historia, desvariar sobre algún tema de esos que me preocupan o simplemente charlar con alguien sobre algo. En una vuelta adicional de tuerca y gracias a las maravillas de la técnicas se podrían incluir fotos en el podcasts de los colaboradores e incluso una del aclamado autor de la bitácora Distorsiones. Por supuesto todo esto se basa en el improbable e hipotético caso de encontrar algo de colaboración entre los lectores habituales (incluso vosotros los silenciosos). Por eso creo que no llegará a suceder jamás y que solo es una idea absurda. Es mucho más cómodo leer y seguir tu camino sin ensuciarte las manos.

En cualquier caso podéis dejar vuestra opinión sobre este tema en los comentarios o usar el anónimo formulario de contacto y así yo podría hacerme una idea de cuánta gente está dispuesta a ayudar.

Quien sabe, lo de la musiquilla seguro que sería divertido y aunque requeriría algo de trabajo sería el primer podcast colectivo de la historia de la humanidad e igual hasta el Borgiamari hablaba de nosotros.

11 opiniones en “Globo sonda y un viaje como la seda”

  1. No he entendido muy bien por qué eso sería un blog… ¿se crearían docenas de canciones o algo así? ¿O sólo sería una especie de himno distorsioneril creado con colaboración de tus seguidores?

  2. me apunto tanto a desarrollar una letra cuyo contenido se tan intenso como las del currupipi y cuya melodía sea digna de pasar a los anales de la historia de las canciones de verano más patéticas del 2007

  3. No sé si existe programa capaz de maquillar mi voz (uno de mis motes en el cole era gata constipada, de verdad), pero me ofrezco. Si lo han conseguido con Enrique Iglesias…

  4. Yo toco el piano, asi que me ofrezco para lo que haga falta. Quizá podríamos juntarnos algún día y elaborar algunas melodiosas sintonías.

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