Hay que despatarrarse

Sigo yendo a clase de patinaje de velocidad sobre hielo. Sigo en el mismo grupo, el color verde y sigo aprendiendo. Ayer era día de clases pero la aventura comenzó unas horas antes. El Rubio me invitó a su casa para cenar previamente un estofado hecho con cerveza belga y me planté allí a las cinco. También le tenía que dar el regalo de cumpleaños a la Unidad Pequeña número 1. La más joven, la Unidad Pequeña número 3 decidió que yo era el compañero ideal para explorar con su dispositivo mágico y maravilloso, un iPad de segunda generación, los vídeos sobre Barbie que hay en el llutuve. A ella le da igual el idioma, le fascinan los dibujos animados y las princesas y me tuvo media hora chupándome anuncios de la Barbie en español, italiano, turco, ruso, inglés, holandés, portugués, alemán, francés y otros idiomas que ni siquiera fui capaz de identificar. Cuando por fin su atención se desvió a otra cosa escapé hacia la cocina y me parapeté allí con su padre, que terminaba su estofado y elaboraba los platos que lo acompañaban. Después de la cena todos los chiquillos querían jugar y para cuando salimos de la casa, estábamos agotados.

En clase, de los catorce que somos en el grupo solo fuimos siete, con lo que intuyo que la gripe y los resfriados están haciendo estragos. La profesora, una chocha que no veas de esas que llevan un cartel de dos pisos de altura sobre ella parpadeando en colores vivos y señalándola como FOLLABLE, sigue empeñada en sacar de nosotros lo que no hay. No ayudan esas lycras que se pegan al cuerpo como un guante y que no dejan lugar a ninguna duda, está como para comérsela y si su cuerpo es el resultado del ejercicio del patinaje sobre hielo, desde ya debería ser asignatura de más de dos horas al día y obligatoria para todas las féminas y en cada rincón de Europa, en lugar de aeropuertos y vías de tren de alta velocidad se deberían construir pistas de patinaje sobre hielo. Al Rubio lo entrena un tío que se parece a Ramiro el peluquero, feo y con cara de perder más aceite que el Prestige y que agita las manos en el aire como si fuera un molino de viento y pretendiera generar energía eólica y por eso, el Rubio para siempre que puede a saludarme y sonreír a mi profe, la cual ya debe estar acostumbrada a este tipo de reacciones y nos ve como mosquitos solo que más grandes y gordos pero igualmente asquerosos.

Ayer seguimos trabajando nuestro equilibrio, bajando el centro de gravedad y aprendiendo a despatarrarnos, lo cual parece ser muy importante para el desplazamiento sobre hielo. En lugar de hacer como las muñecas de Famosa cuando caminaban al portal, al patinar te despatarras horizontalmente y consigues moverte hacia adelante. Cuando acabas el movimiento, has de desplazar el equilibrio al otro pie y para ello tienes que estrecharte y cerrar piernas juntando las rodillas. Si a esto le sumas que hay que doblar las piernas, meter el ombligo para dentro, desplazar el cuerpo un poco hacia adelante y mirar unos diez metros al frente, son demasiadas cosas para trabajar y yo me vuelvo loco. Ahora además resulta que en paralelo a todo esto hay que mover las manos, en un ejercicio que supuestamente ayuda a girar la cadera, mejorar el equilibrio y aprovechar mejor la energía para moverte. La profesora me lo explica una y otra vez y patina a mi lado pero es que yo me distraigo fácilmente y siempre acabo viéndola castigada y de rodillas mientras yo le golpeo las mejillas con cierto apéndice y le repito lo mala que ha sido. Mientras unos nos despatarrábamos y otras iban de estrechas, tuvimos dos lesiones. Una de mis compañeras se dio una hostia del copón y estuvo en el banquillo unos minutos. La otra, estaba a mi lado, esperando que la profesora nos explicara algo mientras yo aprovechaba para fantasear conque se vestía de Pipi Calzaslargas, que el pelo ya se lo pone de esa forma y de repente alguien se cae en la pista y la inercia lo arrastra a golpear a una de mis compañeras y ella cae al suelo apoyando la mano mal y probablemente consiguiendo de manera gratuita un esguince. La pobre gemía y gritaba como la niña del Exorcista en las mejores escenas de la película y en cierto momento se la tuvieron que llevar. Mientras, los demás dábamos vueltas practicando y en eso vemos que hay otra chama en la pista y hasta estaban trayendo una camilla para sacarla y un poco más abajo, un charco de sangre en el hielo. Parece que el día fue algo cruento y violento.

Al acabar la clase, el Rubio y su mejor amigo, también conocido como el Elegido, De Uitverkorene o Sulaco, esperamos a que las máquinas repararan el hielo y lo alisaran y volvimos a la pista para practicar un rato más. Mi profesora me vio y me saludó y casi nos matamos por culpa del babeo que nos entró a los dos. Practiqué todos mis movimientos, esos en los que agito las manos, la cadera, me agacho, me despatarro y me estrecho, todo con el estómago bien metido para dentro y mirando al más allá y cuando acabamos y salí del a pista, hice un pequeño vídeo, ya que según uno que no vamos a nombrar, las anotaciones ganan mucho con el aspecto visual y tal y tal …

Cuando hice el vídeo es una hora no tan concurrida así que os tendréis que imaginar eso mismo con dos veces más gente para recrear la historia en vuestro cabezón. Tras el duro ejercicio nos tomamos una cerveza y en ese instante hubo un eclipse de luna, regresó el sol y apareció mi profesora y nos sonrió a los dos y siguió su camino mientras nosotros nos peleábamos porque ambos creemos que no era una sonrisa de tipo comunitario, sino que tenía nombre y apellidos y pa’ mí que eran los míos, pero el Rubio dice que no, que eran los suyos.

Lloviznaba cuando salimos y mi más mejor amigo me alcanzó a mi casa con su coche y ya que estaba en el lugar, aproveché para colocarle una bolsa de magdalenas para que los chiquillos tengan algo decente para desayunar por la mañana.

4 respuesta a “Hay que despatarrarse”

  1. Ahora si que entiendo lo de las clases…jajaja
    ¡La profe está buenorra! jajaja
    Y me ratifico en mi opinión, aunque no tenga nombre, un video o unas fotos relacionadas con la entrada vienen muy bién…
    Salud

  2. Me imagino en ésa pista, con ésa poca gente que dices, y me da un telele; demasiada velocidad para cualquier neurona que esté viva en mi cerebro.
    Eso sí: Pinta de gozoso, tiene.

  3. Divertido si que tiene que ser, pero coño, a ese ritmo de accidentes van a acabar con los alumnos antes de termiar el curso. Imagino que lo peor de esto no es que tú te la pegues, sino que algún patoso se de una ostia y te lleve por delante, como en el esquí las peores lesiones son de ese tipo, uno quieto y un tolete que arrasa hasta que consigue parar.

  4. Eso mismo fue lo que le pasó a la chama. Por eso, yo cuando acabo los ejercicios, me pongo con el culo pegado contra las protecciones de aire laterales y no dejo ni un milímetro de separación entre el plástico y mi cuerpo. Jamás le doy la espalda a la pista. Si lo veo venir de frente, le pongo la cuchilla y le afeito los güevos de un tirón. Ya procurará el proyectil esquivarme.

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