Jesusito dame algo de soledad

En lugar de ir hoy al Keukenhof lo hemos cambiado para el lunes, día que se predice de un tiempo excelente. Este fin de semana estaré ocupado con mi jardín, arreglando las plantas, picando la tierra y dejándolo listo para exhibición. Mi vecino ha prometido ayudarme el sábado por la tarde e iré con una amiga a un invernadero para comprar unas cuantas plantas, que quiero hacer algunos cambios en la zona verde de mi casa. Igual hasta me pongo a hacer fotos y creo una sección de jardinería. En el rincón japonés aún no tengo muy claro lo que hacer porque se ve muy soso con las piedras y esa mierda estilo asiático. Estoy por poner allí una chochona grande con las tetas al aire, comprar dos madelman y hacer un conjunto escultórico con un cartelito que diga montada junto al río o algo similar, una de esas cosas artísticas que seguro impresionarán a mis vecinos y visitantes. Tener un jardín es como un gran paso en la vida de uno. Yo solo veo trabajo allí dentro. Las putas plantas no dejan de crecer y ensuciarlo todo. Tendré que ser más amable con las viejitas viudas de los alrededores y mercadear carne por mano de obra especializada en jardinería. Al menos este año voy a tener una gloriosa temporada de barbacoas en mi jardincito, con mi estiloso iBook conectado a mi red Wifi, cervesita belga, gafitas de sol y mi hamaca. Me acordaré mucho de los grandes problemas que castigan al mundo, seguro que sí.

Del encuentro de ayer he decidido callar para otorgar y salvaguardar ciertas cosas pero tengo clarísimo que aquí arriba lo del espíritu latino es como la marmita de poción mágica de Asterix y pese a que en España me toman por soso aquí arriba soy como Obelix, con barrigón incluído. Mi peso está desbocado. Con tanto convite estoy en los setenta y un kilos y medio, SÍ, 71.5, una jartada si tenemos en cuenta que solo mido 1.74. Ayer intentamos ir al restaurante de Wok pero han quebrado. La gente no está por la labor de comer hierbas pasadas por aceite. En su lugar fuimos al Zilt & Zo, un sitio especializado en pescado que también tiene un menú por 30 euros con todo el alcohol que puedas tomar, que en mi caso es mucho. En diez minutos las dos hembras de mi mesa me miraban arreboladas y una hora más tarde las tres mesas enormes que nos rodeaban con tías únicamente estaban como en trance. Allí ovuló hasta el camarero mariquita que nos atendía y que no dejaba de restregar el paquete contra el respaldo de mi silla. Es que me pongo enfermo porque la gente siempre me mira y remira. Debería cobrar por el goce y disfrute de mi imagen ya que no es justo que me gasten la personalidad de esa forma.

Voy a tener que hacer algo al respecto porque así no se puede vivir. Yo sé que la gente me adora y que todo el mundo me invita para enaltecer sus eventos pero hay que poner un poco de freno que mi naturaleza es insociable y disfruto con mi soledad. La cosa está tan fuera de control que ya estoy asignando citas para los fines de semana de mayo y los tengo casi todos ocupados. Tengo visitas en mi casa, eventos al aire libre en los que intentarán casarme, con s y no con z, paseos en bicicleta por la campiña neerlandesa y mil cosas más. He tenido que empezar a usar el nuevo servicio de Google Calendar, el cual está chulísimo para poder mantener un control de la situación y no andar llevándome sustos cuando descubro que tengo que ir a algún sitio y no me acordaba.

Por culpa de tanta actividad tengo al chino dejado de lado. Está en modo depresivo y me agobia con ese cabezón tan grande todo el tiempo mirando al suelo y masticando con la boca abierta. El otro día almorcé con él y pensé que se le caía la bola de carne de la boca. Pensándolo bien a lo mejor mira hacia abajo porque le pesa ese barreño que tiene por cabeza y debería ir a un gimnasio de metrosexuales mariquitas de mierda a coger masa muscular en el cuello. Se lo diré. Al turco tampoco lo veo porque desde que está comiendo el coño de una presentadora del canal de noticias de su país se pasa los fines de semana por aquellos lares. Yo creo que se me casa en otoño y se vuelve a su tierra. Eso sí que será un drama. El turco es como de la familia, un hermano. Junto con el rubio es parte del núcleo familiar que me hice en estas tierras. Me alegro por él porque no se ha llevado por la belleza interior y se ha echado una novia de cortar la respiración y levantar las astas de cualquier macho sin problemas de visión pero desde el punto de vista egoísta y egocéntrico ya estoy muy acostumbrado a sus golpes, a irnos de marcha juntos, a pasear por los canales en Ámsterdam en el barco de su empresa consultora, a beber en terrazas de diseño mientras susurramos ordinarieces a las inglesas que pasan por delante o irnos de compras con los vaqueros todos rotos y gastarnos unos cientos de euros en ropa ante el deleite de los empleados de las tiendas. Creo que lo voy a echar muchísimo de menos. Tendré que visitar Turquía al menos una vez al año para verlo. Ayer intercambiábamos confidencias por teléfono. ?l estaba en un aeropuerto en Suecia camino de Islandia o Finlandia a donde lo manda su empresa para hacer un retiro espiritual. Hacedme caso, no os metáis a trabajar para una consultora porque son como sectas. Si no vas a estas cosas un par de veces por año te ponen en la lista negra y te echan a la puta calle. El fin de semana de la reina (o sea el próximo) el turco va a estar en Toronto haciendo un curso. Lo estoy sobornando emocionalmente y creo que volverá el sábado a tiempo para mantener la tradición y salir juntos por Ámsterdam.

Tengo curiosidad por ver como se despliega esta temporada de primavera y verano porque ya promete mucho desde sus inicios ….

Una respuesta a “Jesusito dame algo de soledad”

  1. Pues ya tengo ganas yo de conocer un diita al turco rubio… es mas que nada curiosidad antropologica 😉

    Por cierto, ya me guarda los datos el puto wordpress 🙂

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