Jódete

Esta mañana hablaba con mi más mejor amigo el Rubio o eso que en inglés decimos very-very best friend y se lo decía y se lo repetía: Tú no sabes lo afortunado que eres. ?l solo tiene que preocuparse de cambiarle los pañales a la unidad pequeña número tres por la mañana limpiando la mierda si la hubiera o hubiese, vestir a las unidades pequeñas una, dos y tres, darles de comer a todas ellas y meterlas en el coche para dejar a las unidades pequeñas una y dos en el colegio y a la número tres en la casa de la señora que la cuida. Ahí acaban sus grandes obligaciones diarias ya que después se va al trabajo a tomar café y hablar con la basca durante ocho horas y al volver a casa su mujer se siente culpable por el tremendo sacrificio que hace por la mañana y ella se encarga de los preparativos para ponerlos en las estaciones de recarga y que pasen la noche durmiendo. Lo mío es una maldición por lo menos rumana y quizás gitana. Yo todos los días he de recalentar las dos únicas neuronas que tengo y someterlas a unas presiones inconcebibles para cualquier otro ser inhumano solo para conseguir extraer de ellas algo a la altura de la mejor bitácora sin premios en castellano ya que aquí casi todos los días se publica un clásico y todo sale de la misma cabeza calenturienta. Es una cruz terrible que yo sobrellevo con resignación porque me debo a mi mito y a mi leyenda y ahora que la he alimentado durante tantos años, me da pereza parar, y no creáis que no me seduce la idea de abrirme una cuenta en el Tuiterota y dedicarme a comentar las jugadas de los partidos o de los programas que dan en la tele como cualquier otro puto perdedor de mierda que llama a eso vida cuando en realidad es más bien muerte en vida.

Después de acabar con la llamada matutina de reconciliación con la parte sociable de mi ser y de explicarle al Rubio que para la visita de mañana a su casa además de escribir mil palabras, un día como hoy tendré que cocinar Galletas de chocolate y Magdalenas del carajo ya que las unidades pequeñas una, dos y tres no esperan menos de mí y prefieren que me centre en los dulces y deje de lado lo de escribir que no conduce a nada bueno y definitivamente no da de comer.

Así llegamos a este momento del día, tarde, porque a esta hora ya lo debería tener escrito y como no me apetece ir por lo fácil y poner una foto de bicicleta ?ese truco me lo guardo para mañana que sí que no tengo tiempo para escribir nada 😉 y en mi cabeza lo único que resuena es algo que sé que va a convertirse en otra anotación para pescar comentarios que serán moderados y que nunca aparecerán en la bitácora.

Quiero que sepas que si llegaste a este lugar buscando conjuntos de palabras como putas con coños peludos y que saben a queso viejo, coños que huelen a jareas, qué hacer para tener una polla gorda como un calabacín u otros conjuntos de palabras similares, detente aquí mismo y no continúes y no te lo pido ni siquiera por favor ya que para mí no existes y si fueras un mosquito, te electrocutaba con mi raqueta a pilas para matar los susodichos.

Ayer volvía a casa un poco antes de lo habitual. Una combinación de jefa enferma, curso en el trabajo y esa sensación de superioridad infinita que te da el saber que eres el mejor con una diferencia abismal hizo que tomara el tren media hora antes. Conmigo en el vagón iban los habituales subhumanos y como siempre, las hembras solitarias llevaban pegado el teléfono a la oreja y hablaban sin parar. Me pregunto si en realidad están manteniendo una conversación con alguien o lo hacen solo para ocultar la vergüenza que sienten por no tener un ser humano real que vaya hablando con ellas, ya que parecen la personificación del fracaso del sexo opuesto. Una tía que no consigue que le hablen tres hombres en el tren o en cualquier otro transporte público se puede poner una pegatina enorme en la camisa que diga FRACASADA y pasearse con ella con orgullo. Me llamó particularmente la atención una terrorista musulmana con el habitual trapo de limpiar el piso envolviéndole la cabeza y bajo el que se había adosado el teléfono para que no se le cayera y así poder hablar y tener las manos libres.

Al llegar a la estación de Utrecht Centraal, una de esas que son como renglones torcidos de un mal Dios que gusta de enviar a sus empleados a tocar niños me intentó bloquear en mi camino por las escaleras y de regalo se llevó la marca de los neumáticos de la Dolorsi y mi disculpa sarcástica y risa socarrona ya que lo hice queriendo y lo volvería a hacer una y mil veces, que si eres tan hijaputa como para pararte a hablar por teléfono en la mitad de una escalera por la que bajan cientos de personas, te mereces eso y mucho más.

Al salir de la estación pensé en esos mecanismos que hacen que se alineen las desgracias. Ya lo he comentado alguna vez, hay momentos en que parece que todo a nuestro alrededor está ligeramente fuera de su ciclo habitual y hagas lo que hagas todo sale mal. Iba con ese pensamiento en la cabeza mientras escuchaba un audiolibro sobre como hacer frente a las catástrofes y como incrementar tus posibilidades de supervivencia en las mismas y en paralelo pedaleaba sobre mi bicicleta cuando llegué a un cruce que está frente a un colegio.

Como yo tengo ese don y esa inteligencia obviamente superiores, vi el desastre mucho antes de que ocurriera. En dirección hacia mí venía una de estas julays con derecho a camiseta de FRACASADA pedaleando y con el teléfono pegado a la oreja sujetado por una mano. Iba distraída mirando a las madres que recogían a sus hijos porque han triunfado en la vida y seguramente la envidia la carcomía por dentro. Perpendicular a ella iba otra FRACASADA con teléfono móvil también pegado a la oreja y que miraba hacia mí y seguramente se lamentaba porque lo único que tiene en esta vida es ese teléfono que por suerte tiene modo de vibración y le puede dar alguna alegría de cuando en cuando para cruzar este purgatorio que es su vida. Ambas iban en trayectoria de colisión y efectivamente, se dieron una hostia del copón. Las vi cuando sus caminos se cruzaron y apareció en el mismo un punto y seguido. Una salió despedida lateralmente, con el teléfono volando y la bicicleta elevándose hacia el aire tanto como ella caía hacia el suelo mientras la otra quedó parada en seco y la rueda trasera se alzó y la lanzó a ella hacia adelante y por tener una sola mano al volante perdió la dignidad si alguna vez la tuvo y mientras su teléfono también volaba y la rueda delantera se torcía y doblaba como si fuera de goma, hacía unas piruetas increíbles y se daba tremenda hostia, quedando despatarrada y enseñando unas bragas de esas que tienen la cantidad de tela suficiente para el telón de un teatro de barriada periférica. Todo el accidente ocurrió casi sin ruidos y aunque nuestro cerebro parece detener el tiempo y lo vemos a cámara lenta, en realidad fue cosa de un par de segundos. Una sangraba, la otra tenía la ropa echa una mierda pero las dos boqueaban y agitaban las manos buscando los putos teléfonos, sin preocuparse por su estado. Todo el mundo se quedó callado, mirándolas, sin saber si acercarse a ayudarlas o dejarlas estar y yo fui el primero que hizo lo único que puede hacer una bellísima persona en ese momento: me comencé a reír a carcajadas de las dos pollabobas. Sus miradas de odio profundo e infinito animaron al resto de la gente y pronto éramos Legión los que nos reíamos de ellas. Los teléfonos estaban rotos, reventados por el golpe y eso parecía ser lo que más las había afectado.

Mientras ellas se regalaban miradas mutuas de culpa y se preparaban para su lucha dialéctica, de nuevo di ejemplo a la concurrencia con lo que hace alguien que está muy por encima del Bien y por debajo del Mal y volví a mi rutina de pedaleo no sin antes regalarles un último tema para la reflexión gritando al pasar junto a ellas: AZ?UUUUUUUUUUCAR. Las carcajadas incrementaron su volumen y ese odio genuino que sintieron por mí durante unos instantes se convirtió en una pasión duradera que seguro que recordarán durante muchísimo tiempo.

Y ahora vayamos a los desoladores datos: la cantidad de accidentes en los Países Bajos de personas que van en bicicleta por ir hablando por teléfono se ha disparado en los últimos años y cerca del noventa por ciento de los mismos están protagonizados por mujeres, que son atropelladas o chocan contra peatones distraídas por el uso y abuso de dicho dispositivo de comunicación. El cien por cien de las mismas lleva una mano ocupada con el teléfono porque al parecer desconocen que HAY tecnología hoy en día para poder tener el teléfono en ese enorme y grotesco bolso en el que cargan el consolador y los cosméticos para restaurarse y no parecer folclóricas tortilleras o camioneras. Esa tecnología se llama Bluetooth y a menos que tu teléfono sea de la edad de piedra o fabricado por alguna mierda de empresa coreana, seguro que la trae incorporada de serie.

Y así, con esta pequeña anécdota, logramos una vez más el objetivo y os regalo desinteresadamente 1647 palabras y un buen puñado de reflexiones.

8 opiniones en “Jódete”

  1. Lo reconozco, soy malo, me he descojonado de risa…jajaja
    Pero te aclaro que la multinacional con sede en Roma hace tiempo que eliminó el purgatorio, parece ser que no era rentable…jajaja
    Salud

  2. Como ejercicio para enojar a un amplio espectro del populacho no está nada mal. Aquellos que conocen mis neuras encontrarás las pequeñas “minas” que hay repartidas por todo el texto para explotar en el momento adecuado.

  3. Yo sería de las que iría a echar una mano, pero partiéndome de risa… no lo puedo evitar… hace no mucho una señora mayor delante de mi trabajo, tropezó (o no se muy bien como hizo, la verdad) y cayó espatarrada bragas al viento… salí corriendo a ayudarla, pero la verdad que me debió odiar igual porque despues que me dijo que estaba bien, no pude parar de reirme hasta bien entrada la mañana… maldad humana, supongo.

  4. ….. de principio a fin, absolutamente magnífico!
    Descubrirte ha sido toda una suerte.
    Saludos!!

  5. Ji ji ji, primer ofendido (aunque creo que es más bien ofendida). Al parecer lo del trapo para limpiar el piso envolviendo la cabeza es inadecuado y me convierte en un fascista.

  6. Es inevitable que te de la risa cuando los demás se caen pero si te pasa a ti de primeras te mueres de la verguenza aunque luego te acabes riendo si no te lastimas claro, una vez saliendo del trabajo tropecé y caí de rodillas en la acera, pasó una conocida y dijo “vi a mucha gente presingarse al salir de casa, pero ponerse de rodillas eres la primera!”

  7. Yo me he caído MUCHÍSIMAS veces, y de tanta práctica ya me he aprendido a reír de mi misma, una vez me caí en el aeropuerto de Amsterdam de espaldas, estaba con el italiano y él solo recuerda que mientras yo iba en el aire al piso me reía ya sin parar. ?l nunca había visto algo así. Le expliqué lo de la práctica y como desarma eso a aquellos que no pueden dejar de reirse de ti cuando te caes 🙂

    Besos.

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