Kill Bill: Vol. 2


Gracias maestro. Gracias por la lección. Gracias por el arte. Gracias por todo. Me arrodillo ante ti.
O B R A M A E S T R A
Hay muchas palabras que podrían definir Kill Bill: Vol. 2 pero ninguna le haría justicia. Es un clásico, una joya.
Quentin Tarantino ha bordado una obra asombrosa. En la primera parte ya mostraba un dominio absoluto de la cámara y del lenguaje visual. Aquí cambia de registro y te sorprende una y otra vez. No es una continuación de la primera parte, es una película que se sostiene por sí misma, que mientras transcurre te zarandea, te vapulea, te noquea y no puedes hacer nada para impedirlo.
Me descubro también ante Uma Thurman, que despliega todo su arsenal. Nunca antes se vio en escena un asesino (o debería decir una asesina) semejante. ¡Bravo! Siguiendo con las felicitaciones, no quiero dejarme atrás a Daryl Hannah, majestuosa en un papel secundario. Y dejo para el final a David Carradine, Bill, el sujeto por el que ha sucedido todo. Desde el primer volumen y gran parte del segundo te vas creando tu propia imagen de Bill y cuando finalmente aparece, en un solo plano manda a tomar por culo tu imagen y crea una totalmente distinta, un millón de veces más potente de lo que jamás pensé que podría ser.
En fin, no tengo más que decir. Número máximo de gallifantes. Os recomiendo que no me hagáis ni puto caso y sigáis yendo al cine a ver toda esa mierda que hay en cartelera y os abstengáis de ir a ver algo tan puro y hermoso, este clásico.