Koninginnenacht

La noche ya había caído sobre Ámsterdam cuando salimos de marcha. Era la koninginnenacht, la noche que celebramos el tener una reinona que desprecia y vilipendia a los católicos y a la que algunos honramos de distintas maneras. Entre las diferentes alternativas de celebración, optamos por Rembrandtplein, por estar menos masificado y ser más folclórico. Lo primero era cenar y vista la mala experiencia sufrida recientemente con cierta camarera, optamos por irnos a un turco a comer Shoarma. Mi amigo el balcánico siempre que va a estos sitios pide refrescos, incluso cuando tienen bebidas alcohólicas. Es como si tuviera algún tipo de frenillo moral que le impide tomar cerveza en sitios regentados por musulmanes. Gracias a Dios en los bares los camareros siempre son Nórdicos y puede privar a gusto. En el bar en el que comimos, justo en Muntplein, entraron un grupo de americanos que tras pedir la pitanza preguntaron por los tipos de cerveza que tenían disponibles. Cuando el camarero les dijo que allí sólo se servían refrescos se quedaron de piedra, aunque el hambre pesó más que el vicio y decidieron quedarse.

Tras la comida nos adentramos en el fascinante mundo de las celebraciones neerlandesas. En el escenario de Rembrandtplein sólo cantaban autóctonos y entre ellos un tal DJ Paul amenizaba el cotarro. Al llegar a la plaza estaba un cantante medio folclórico. A mí me recordaba a un cruce entre Rapael y Jose Luis de los morenos. Después de pagar los abusivos precios de las cervezas, a los que había que sumar el impuesto revolucionario de un euro de fianza por el vaso de plástico para asegurarse de que no lo tires, mi amigo decidió que nosotros éramos carne de primera fila. Cruzamos la muchedumbre entre empujones y codazos diligentemente. En unos minutos estábamos allí, rodeados de la elite intelectual de la ciudad, escuchando al Rapael aquel cantar canciones holandesas mientras todo el mundo las coreaba. Nosotros por los problemas con la conexión vía satélite teníamos algo así como un segundo de retraso, que es el tiempo que nos tomaba procesar el sonido y repetirlo, aunque sin saber muy bien lo que decíamos. El hombre aquel corría de lado a lado en el escenario, zapateaba, se giraba super ofendido y todo con sus ja ja je je ji ji jo jo ju ju tan propios de un idioma gutural. Nosotros con los sonidos guturales aprovechábamos para lanzar unos lapillos a los de delante, que siempre mola. Tras este tipo llegó el DJ Paul. Durante media hora puso música a un ritmo de dos canciones por minuto. Cuando empiezas a mover el culillo al ritmo de la canción cambia y a coger el ritmo de nuevo. Al principio es un poco frustrante, pero una vez asumes que es una especie de zapping musical, se puede vivir con ello y cuando algo no te gusta, sabes que va a durar menos que un padrenuestro.

Después de Rapael llegó el Yoryi Dan nórdico. Todo pachanga que se conocía la basca y que parece que cantan cuando están borrachos. Aquello era el acabose. De repente nos vimos rodeados por hembras en edad de menopausiar y de machos rapados al cero que nos sobaban descaradamente. Yo inicialmente creía que era cosa mía, el azar, las casualidades de la vida, pero después de quince pellizcones en el trasero decidí que aquello era acoso sexual de ese. lo peor era que cuando miraba hacia atrás lo único que habían eran viejas y maricones. Aquello fue a más y mi amigo el turco confirmó que él también estaba en pleno temporal de pellizcones. Allí se estaban poniendo finos y se aprovechaban de nuestra cándida inocencia, de nuestra bondad innata y nuestro gusto por la música de charanga. Las viejas y los julandros se daban entre ellos para poder atacarnos. Sobresalía por encima de todos uno rapado al cero y que se había vestido de algo parecido a el personaje de la película Amadeus en versión remix.

Uno que se fija en todo y en todos se dió cuenta de que el dichoso friki llevaba en sus pezones tremendas argollas, de las que se usan para amarrar los caballos en el establo. Y de hecho tenía una cadena que salía de cada una de las argollas y descendía hasta otra argolla que asomaba por el pantalón, una argolla que acompañaba y levantaba el puto cipote del cabrón. El tío llevaba aquella especie de arnés al aire y cualquiera que mirara se terminaba dando cuenta de lo que asomaba entre los pelillos del canalillo que bajaba del ombligo. Me daba una aprensión terrible, pero es que encima el tío como que se me pegaba malamente, hasta que terminó por arrearme un pellizcón en un huevo que me hizo ver nítidamente las galaxias más lejanas. Lo único que pude hacer para defenderme fue un movimiento a lo Madonna en el video Vogue y arrearle un guantazo con el revés de la mano. Eso fue lo peor. A partir de ese instante se desmadró la cosa.

Ahora todo el mundo me imitaba y seguían mis pasos de baile. Todas mis pesadillas de invierno se hicieron realidad. La gente comenzó a imitar como bailábamos. El turco y un servidor, que somos muy sensibles a este tipo de halagos nos miramos, miramos al frente, nos volvimos a mirar, asentimos lentamente y arrancamos con los bailes sincronizados que hemos aprendido después de años de ver películas de adolescentes americanos. Fue lo máximo. Cientos de alimañas humanas siguiendo nuestras enseñanzas doctrinales en lo que respecta al baile. Nosotros gritábamos continuamente, tratando de seguir las canciones del Yoryi pero sin mucho éxito. Nos hicimos coreografías de todos los grandes, acompañados por nuestros devotos fans. En algún momento de aquella bacanal musical nos enfocaron con la cámara y ya triunfamos universalmente. El cuerpo se te mueve solo cuando eres una estrella mediática. Al calvo con los aros, cuando lo veía cerca le lanzaba un codazo directo y el turco aprovechaba para pisarlo. Entre los dos lo acabamos amargando y tuvo que renunciar a establecer relaciones diplomáticas con nuestros continentes.

Después que pasó la hora del pachín, volvió el DJ Paul a joder la fiesta con sus microcanciones y acabamos con Quincy, al que conozco porque es el cantante de una de mis canciones favoritas en holandés, Morgen weer een dag que traduciré libre y pecadoramente como mañana será otro día. Esta canción fue muy famosa en el otoño del 2001 por ser la sintonía del Gran Hermano 3, la edición en la que Kelly, el transexual que vive al lado de mi casa se hizo famosa. Kelly es ahora una especie de friki de la tele, que invitan a los programas para reirse de ella, dadas las grandes carencias intelectuales que muestra la pobre, que es más bruta que un arado. Eso sí, a base de silicona y remaches, tiene un cuerpo de cagarse por las patas pa’ bajo. Si os la señalo y no os digo nada y luego os enseño sus fotos desnuda en el Playboy, jamás os daríais cuenta que bajo ese cuerpo moldeado a golpe de talonario se esconde un Ramón como otro cualquiera, sólo que más lerdo de lo que suele ser habitual para alguien que dejó el colegio cuando era niño.

A la una terminaron los conciertos y seguimos el deambular por las zonas de bares. Nada que reseñar, o mejor dicho, todo lo que sucedió entonces puede ser utilizado en mi contra, así que aquí lo dejamos. Terminamos bien entrada la madrugada viendo Jian Guy ? The Eye en versión original en cantonés con subtítulos en Holandés. Para que después duden de mis capacidades psíquicas algunos ….

4 opiniones en “Koninginnenacht”

  1. que viste que peli en cantones con sustitulus en que?.
    por cierto el momento tension del calvo se puede tocar practicamente. Que noche mas loca. Es que teniais que haber bebido mas alcohol.

  2. Es una peli de terror buenísima. La primera vez que la vi fue en español, con bleuge, que el cabrón se quitaba las gafas en las escenas de miedo para no ver y yo allí sufriendo por no tener falta de vista. Beber, bebimos hasta reventar, pero esas cosas las recuerdos. De lo que pasó después del concierto, de esa parte tengo zonas obscuras.

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