Kuala Lumpur a Phuket

El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur

Mi primer día completo en Asia era en realidad el del salto al destino, ya que compré los billetes a Kuala Lumpur cuando no sabía aún lo que quería ver y después ya encajé el viaje entre sitios. Mi vuelo era por la tarde, a las cuatro, con lo que tenía la mañana para pajariar en KL, ciudad que ya conozco y por eso, me dediqué más bien a garbear por el centro y a ser posible, protegido por aire acondicionado. Volví al hotel cerca del mediodía, pillé mi bolsa y tomé el tren para el aeropuerto, solo que esta vez iba a la terminal KLIA2, la nueva de vuelos de bajo costo y que aquellos con buena memoria recordarán que es la del puente entre terminales por el que pasan aviones por debajo.

Llegué con tiempo y allí sí que facturaba porque los de AirAsia son más de siete kilos pesándolo todo y así no colaba Sacando la cámara y las otras cosillas, la mochila eran cuatro kilos. Ahora hasta la facturación te la tienes que hacer tú mismo, esto del bajo costo está llegando a límites extremos. Facturé, busqué un sitio para almorzar en el mega-centro comercial que hay junto a la terminal y después ya fui tranquilo a pasar el control de inseguridad, mucho más relajado que el de los vuelos hacia Europa y América. Me apalanqué en un asiento cerca de la puerta de embarque a jugar con el iPad mientras llegaba la hora. Subimos al avión en hora y salimos más o menos a la indicada, ya que el aeropuerto ese tiene un tráfico que no veas y la cola de despegue es siempre de quince minutos o más. Llegamos a Phuket en hora. Salí del avión y busqué el control de pasaportes, el cual tomó como media hora. Después saqué dinero, compré un billete para el mini-bus que te lleva a Patong, que era mi destino y después a esperar que tuvieran gente para llenar uno. Debí llegar justo después de que se fuera el anterior porque allí no había nadie y tardaron casi cuarenta minutos en juntar la cantidad de julays. Entramos y nos llevaron primero como a una oficina en la que apuntaban los destinos de los hoteles y crearon la ruta para el conductor, que parecía tan simple como un simplón. La carretera está en un estado pésimo y el tío conducía como un loco con lo que agradecí ir en la última fila y no ver nada. El viaje desde al aeropuerto a Patong es de una hora, por culpa del camino de cabras y después tienes que esperar a que te llegue el turno en el reparto y en mi caso, fui el penúltimo. Llegué al hotel, el Amici miei, me dieron la habitación y ya era de noche, con lo que salí para dar un garbeo, ver la fauna por la noche y cenar. Patong es uno de los mayores destinos turísticos de Tailandia y es caótico y tercermundista. Además, en la zona principal de la ciudad, hay unos bares con barras para que las putas bailen, pero no una ni dos barras, con decenas y decenas de barras en bares que eran como hangares llenos de viciosos. Por la calle, tiqueteros te intentaban llevar a espectáculos de tías que tiran bolas de ping pong con el coño y de sexo en vivo. O eso, o las putas bailando o los travelos, los Ladiboys, que hay que ser ciego para no reconocerlos con esas nueces de Adán. Resumiendo, mi primera impresión es que el lugar está saturado, es sucio y está orientado al turismo de sexo y alcohol a destajo. Tenía dos sitios posibles para cenar, fui por el primero, no me gustó, fui al segundo, cené y después volví al hotel. Entre pitos y flautas, regresé como a las diez y media de la noche. Y así acabó el día que llegué a Tailandia.

El relato continúa en Un día de playa y poco más en Phuket

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