La atípica vuelta a casa por Navidad

Para mi el viaje más horroroso que hago cada año es el de regreso a Gran Canaria por Navidad. Se juntan un montón de pequeños detalles que terminan por resultar molestos. Comenzamos comprando el billete antes de que crucifiquen a Jesucristo ya que esta es la única forma de lograr una tarifa decente en un viaje que incluye una parada en Madrid. Si quisiera volar sin escalas tendría que esperar a que se publique en septiembre la programación de Transavia para navidades y aunque el vuelo es directo, el precio es una puñalada trapera a la cartera del que lo compra ya que por cada trayecto pagas lo que yo por la ida y vuelta. La compañía aérea nacional española no es opción porque no vuelo con esa gentuza desde que me hicieron una putada hace unos años y decidí que de mi dinero no iban a comer y aún espero celebrar el día en el que esa compañía se vaya al infierno.

Este ha sido el último año que me han dado billete de verdad, de los de antes. Parece que a partir de ahora será un billete electrónico. Parte del encanto de comprar tan pronto es que desde el momento en el que adquiero mi asiento hasta ese en que lo uso cambian los vuelos unas cuatro veces y en cada una de ellas me lo quieren notificar via telefónica por si no estoy de acuerdo. Siempre fracasan en este tema porque mi teléfono tiene una lista de nueve números a los que permito que me llamen y el resto van directamente al contestador y las chamas del servicio al cliente de KLM no gustan de hablar con máquinas o al menos les toma unos veinte intentos repartidos en cinco días el renunciar y dejarme un mensaje en el buzón de voz o mandarme una carta (dependiendo de quien sea la encargada de mi caso). La otra coña es la de no perder el billete o que lo relingue la mucama a la basura. Lo consigo poniéndolo con la ropa de invierno y así para cuando reaparece ya va siendo hora de tenerlo a la vista.

Por supuesto los horarios para los vuelos siempre son de pena, no sé por qué no me permiten ya las maravillosas conexiones que hacía hace unos años saliendo al mediodía y llegando por la noche a Gran Canaria. Ahora me fuerzan a tomar el primer avión a las siete de la mañana lo que implica llegar al aeropuerto a las cinco, una hora criminal. Este año tenía la gran cena de Navidad con mi mejor amigo y cuasi-hermano el Rubio la noche antes y acordamos que iría desde su casa al aeropuerto en un taxi compartido que solicité a través de la página web del aeropuerto de Schiphol. Me informaron la tarde anterior que el taxista me recogería exactamente a las cuatro y diez de la noche para estar en el aeropuerto alrededor de las cinco. Nunca dejará de fascinarme la precisión de los holandeses a la hora de organizar estas cosas. Salí de mi trabajo agobiado y cargando el regalo de Navidad, pedaleé hasta la estación con la Dolorsi, llegué a Utrecht y me sorprendió una nevada impresionante, tuve que pedalear a mi casa mientras la nieve me golpeaba en la cara, ducharme, poner las últimas cosas en la maleta, programar la calefacción de mi casa para que se active el modo de vacaciones y después tomar un autobús para ir al centro y desde allí ir en tren a Woerden en donde me recogía la esposa de mi amigo acompañada de sus hijos. Antes de cenar nos fuimos a los canales a ver a la gente patinando sobre hielo y me queda pena irme por eso, ya que debo ser uno de los pocos (si no el único) canarios que practica el patinaje de velocidad y dejo la modestia a un lado para decir que soy muy bueno en ello.

Tras la cena celebramos mi éxito en el curso de holandés y continuamos la tertulia hasta casi la una y media de la mañana, momento en el que nos fuimos a dormir, en mi caso dos horas y media. A la hora acordada el taxi estaba en la puerta con otro pasajero y antes de ir al aeropuerto pasó a recoger a otra persona. Yo había pedido que como máximo me dejaran allí a las cinco y veinte y por desgracia fracasaron rotundamente ya que llegamos a las cinco y diez. Facturé y al pasar el control de seguridad se montó la Marimorena/em>. Se me había olvidado que en mi trolley de mano llevaba una lámara Philips LivinColors idéntica a la mía para mi amiga Plus. Uno de estos días tengo que hablar de la lámpara, es una pasada, lo mejor para el oscuro invierno nórdico. A través de los rayos X parecía una compleja bomba y varios tipos se acercaron a mí para que les enseñara el contenido y comprobar que no era un jodido terrorista islámico de esos que tanto abundan. Tras comentarles las excelencias de dicha lámpara y lo sencillo que es su uso me dejaron seguir y me fui al rincón de los ordenadores para conectarme por última vez usando mi GPRS y mandar unos cuantos correos.

A la hora del embarque yo estaba en la cola y se fue retrasando minuto a minuto hasta que pasados unos veinte nos permitieron entrar. Como todo el mundo va cargado hasta la bandera, los compartimentos superiores terminan a reventar. Cuando ya parecía que nos íbamos el piloto nos dijo que teníamos que esperar algo más de media hora por cinco que no habían llegado por retraso de su vuelo anterior. Me quedé dormido y me desperté cuando entraban y pude escuchar que dos de nuestros pasajeros con equipaje facturado no habían aparecido y por tanto tenían que sacar su equipaje lo que tomaría otros quince minutos y tras esto íbamos a perder otro cuarto de hora porque el avión estaba totalmente congelado por fuera y lo tenían que llevar a la plataforma en la que lo rocían con líquidos anticongelante. Todo eso me lo perdí porque volví a dormirme y me despertó el olor del desayuno. Comí y entré en trance nuevamente hasta Madrid, ciudad a la que llegamos con casi dos horas de retraso. Nos avisaron que los que íbamos a Gran Canaria aún podíamos hacer nuestra conexión si corríamos y eso hice, empujé viejecitas, pisoteé niños sudamericanos, aplasté pencas y pellejas y tras una maratón que me dejó sin aliento estuve en la puerta del avión de Air Europa que me traería a Gran Canaria. En el avión nos habían dicho que había huelga del servicio de handling de tierra y que no tuviéramos muchas esperanzas con nuestro equipaje si nuestro destino final no era Madrid.

El vuelo a Gran Canaria supongo que fue tranquilo aunque no lo sé a ciencia cierta porque me dormí y no me desperté hasta media hora antes de aterrizar. El avión iba hasta la bandera de gente. Al tomar tierra esperé y esperé y esperé por mi maleta pero no llegó y finalmente tuve que presentarme en el mostrador correspondiente para que escribieran el parte de pérdida. Por suerte la lámpara venía conmigo 🙂 Es la primera vez en casi ocho años que mi trolley de Samsonite me falla y no creo que le perdone el que me haya dejado tirado en el aeropuerto de esa forma. Me compraré otro y a este lo desterraré al ático de mi casa para que guarde cosas viejas.

Y así fue como volé a Gran Canaria por Navidad. Os recuerdo que aquellos que viven por aquí y quieren verme el careto ya conocen los sistemas homologados para establecer una comunicación.

Una respuesta a “La atípica vuelta a casa por Navidad”

  1. El mejor vuelo a las Islas, ya no sé si fue a Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote o Tenerife, fue con una empresa alemana. A mi me dá igual irme a Dusseldorf o a Amsterdam y además es más barato aparcar. En fin que me enrollo, como a los alemanes les gusta mucho Canarias la oferta es inmensa y los precios mejores.

    Espero que a pesar de estos achaques del viaje lo pases cojonudamente en tu tierra.

    Un saludo y Feliz Navidad al sol (Qué envidia!).

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