La excursión a Lanzarote – primer día

Aunque no es un relato de viaje convencional y solo me detendré a relatar algunos días, si quieres seguir la historia al completo entonces salta al principo que está en Un nuevo viaje a Gran Canaria

Entre las actividades previstas en mi visita a Gran Canaria planifiqué una visita a Lanzarote de algo más de un día y así poder enseñarle al Niño algo más de estas tierras a las que es más que probable que no vuelva nunca. No hay muchas alternativas a la hora de buscar billete y como por suerte mi carnet de identidad sigue teniendo una dirección en Gran Canaria, mi billete se podía comprar como residente. Para el vuelo de ida la empresa oficial de transporte era Binter Canarias y nuestro vuelo salía a las ocho y media de la mañana con lo que tuvimos el madrugón de rigor para salir hacia el aeropuerto y llegar a tiempo. En los vuelos regionales no se necesita estar allí una hora antes y a menos que factures, conque llegues veinte minutos antes de la salida del avión es suficiente. Aún así, yo metí cuarenta minutos para asegurarme de que si pasaba algo aún lo conseguíamos.

Mi padre nos dejó en el aeropuerto, en la terminal de vuelos insulares que está rodeada por un montón de obras de ampliación y mejora y nos acercamos a una de las máquinas para facturar y sacamos nuestras tarjetas de embarque (o nuestros papelitos que decían que podíamos subir al avión). Después fuimos al control de seguridad y a mí me pitó y me obligaron a quitarme los zapatos y siguió pitando. Si el intelectual que trabaja allí me hubiese escuchado en lugar de obligarme a quitármelos, habría averiguado que mis pantalones tienen cremalleras para acortar las patas y mis zapatos no llevan absolutamente nada de metal, pero como el tipo lo sacaron de la misma bolsa en la que se transportan los Orcos, no hubo manera de razonar con él y terminó dejándome pasar sin saber muy bien por qué pitaba la máquina. Peor aún, al niño se lo olvidó que llevaba un desodorante en bote de 150 ml y un gel para el pelo de 125 ml y ni se enteraron cuando los puso en la cinta.

Nos tomamos un cafelito hasta que llamaron para nuestro vuelo e hicimos la cola para bajar al autobús. ?ramos unas cincuenta personas para un avión turbo-hélice que puede llevar 72. El modelo es el ATR-72 que se lleva usando en las Canarias desde hace casi veinte años (aunque los aviones actuales son nuevos pero el modelo es el mismo). Es pequeño y eficaz para este tipo de saltos. Nos llevaron en el autobús a la puerta trasera (que es la única para entrar al pasaje) y al entrar avanzamos hasta el final y nos sentamos en la primera fila para tener más espacio para las piernas ya que con 1.96 metros el chiquillo queda encajado en los otros. En los Binter entrar al avión y salir en ruta es cuestión de minutos. Según estuvimos todos dentro cerraron la puerta y comenzaron a encender los motores. La azafata parecía tener un mal día e iba con un careto del copón pero cumplió con sus deberes laborales e hizo el show de las puertas, el cinturón y el chaleco salvavidas. Después comenzamos a movernos, llegamos a la cabecera de pista y en unos segundos subíamos hacia el cielo canario.

El viaje tomó cuarenta minutos y transcurrió sin novedad. Nos dieron una chocolatina y un vaso de agua y al aterrizar caramelos. Al llegar a Lanzarote nos llevaron en otro autobús hasta la terminal y hubiéramos salido directamente de no ser porque el Niño decidió regalar a AENA una jiñada antológica en sus baños. Mientras él desencadenaba el apocalipsis yo me acerqué al mostrador de la compañía con la que reservé el coche de alquiler y me lo dieron. Con todos los trámites completados salimos hacia nuestro Seat Ibiza blanco.

Aunque te dan un mapa y Lanzarote es lo suficientemente pequeña para no perderse, me traje mi Garmin y lo enchufamos. Yo no tenía mucha fe pero el cacharro supo de forma inmediata que estaba en Lanzarote y nos llevó de la mano hasta Puerto del Carmen, la principal zona turística de la isla. Paramos cerca del hotel de los Fariones y desayunamos en la zona antes de pasear un poco por la playa y la avenida. El día estaba nubladísimo.

Desde allí salimos hacia Yaiza y dejamos el coche junto a la casa de la Cultura. Visitamos la iglesia y el centro del pueblo que como todos en Lanzarote, tiene las casas blancas y la mayor parte de las puertas y ventanas pintadas en verde. Mi anterior visita a esa isla fue en 1992 y ya se me había olvidado lo mucho que me enerva esa monotonía en la elección de colores. Fuimos al ayuntamiento a preguntar si tenían información turística de la zona y en el mismo el montón de funcionarios que no estaban haciendo nada nos dijeron que fuéramos a la casa de la Cultura y al retroceder sobre nuestros pasos e ir a ese lugar, nos informaron que si hay algo está en el ayuntamiento, aunque para recibir la información tuvimos que esperar unos minutos porque la conversación de las tres funcionarias era demasiado importante para interrumpirla en cualquier punto.

Vista la desidia, programamos en el GPS el Parque Nacional de Timanfaya y salimos de Yaiza. Paramos en el lugar en el que los turistas se suben a un camello para darles una vuelta y que sientan lo que no sentían los habitantes originales de la isla porque aquí se introdujo el camello más bien como forma de transporte turístico. Ninguno de los dos estaba por la labor de subirse en uno de esos animales para el paseíllo así que les hicimos fotos y seguimos hacia la entrada a la zona que se puede visitar en el parque. Compramos los pases de acceso y tuvimos que esperar unos veinte minutos hasta que nos autorizaron a subir. Tienen un aparcamiento muy limitado en la parte superior y una vez se llena, solo suben coches cuando hay gente que se va. Las vistas son espectaculares, con campos de lava y un paisaje muy abrupto. Al llegar arriba nos pusimos en la cola para tomar el autobús que te lleva por el parque y que es la única forma de verlo. Dan la información en español, inglés y alemán. La carretera es estrecha y no tiene arcén, solo lava que destrozaría las ruedas en segundos. Pasamos por unos campos gigantescos, junto a estructuras increíbles y vimos alguno de los volcanes de la zona mientras cuentan la historia según un curilla que estaba por allí en el siglo dieciocho que fue cuando sucedió la gran movida. Obviamente, según nombran la palabra cura a nosotros se nos llena la cabeza con las imágenes de eso que saben hacer los sacerdotes mejor que cualquier otra persona y que incluye niños. El hombre seguro que se afanaba en meterle el Reino de su supuesto Dios a algún chiquillo cuando la tierra se abrió y seguro que ni se le pasó por la cabeza el pensar que igual era un aviso divino.

Terminado el paseo en autobús nos acercamos al cristiano que echa baldes de agua en los agujeros y salen los chorros de vapor. El hombre es muy simpático y lo único que se echa en falta es que le den algo de formación y le enseñen a decir las cinco o seis frases en inglés y alemán porque los turistas no se enteraban cuando les decía que los agujeros tienen diez metros de profundidad y desde que echa el agua hasta que sale el chorro pasan dos segundos. Por suerte para los que estaban a nuestro lado yo se lo traduje al Niño y todo el mundo consiguió sus fotos. Después nos llevó a la barbacoa natural en la que cocinan la comida del restaurante, diseñado por César Manrique en su estilo monótono. También en otro lugar echaba heno o hierbajos y ardía por el calor. Ya que estábamos allí decidimos comer en el lugar y eso hicimos, con las vistas increíbles que lo rodean. En el restaurante hay los suficientes empleados como para formar dos equipos de fútbol pero cuando quieres que uno te atienda todos se vuelven ciegos y sordos. Según me comentó mi cuñao, son funcionarios, palabra que lo explica todo.

Salimos del parque (o no) y nos dirigimos al Centro de Visitantes del Parque Nacional de Timanfaya. Allí una señora encantadora nos dio un montón de información y básicamente nos planificó el resto del día. Nos dijo a donde teníamos que ir para poder caminar e ir hasta un volcán en la zona de la Geria y mandamos a tomar por culo el GPS y seguimos sus indicaciones.

Al llegar al lugar, dejamos el coche junto al cartel que señala el comienzo del municipio de Tías y comenzamos a andar por el picón unos quince minutos. Al llegar cerca del volcán vimos que había una especie de sendero para subir a la cima y por supuesto, el Niño se lanzó de cabeza al mismo y yo lo tuve que seguir. Cuando llegamos arriba la vista era increíble, con todo el cráter del volcán delante nuestro y nosotros sentados en algo parecido a un precipicio. Bajamos corriendo por el picón, incrementando nuestra velocidad a cada momento. Al llegar al final teníamos los zapatos llenos de piedritas pero nos reíamos como infantes. Nos vaciamos lo mejor que pudimos los zapatos y seguimos andando para entrar en el cráter del volcán. Después al Niño se le antojó hacerse una foto en el lugar más peligroso y traté de disuadirlo de mil maneras pero no hubo forma así que consiguió su foto y un par de heridas en las piernas que por orgullo dijo que no eran importantes.

Volvimos al coche y mientras lo hacíamos vimos que otro se paraba junto al nuestro y se abría un portabultos y nos temimos lo peor pero al final eran solo otros turistas que iban a hacer fotos y no nos desvalijaron las preciadas mercancías que transportábamos. Cruzamos el municipio de Tías, pasamos junto a un montón de viñedos y volvimos a pasar por Yaiza para llegar a la pequeña carretera que nos iba a llevar a el Golfo para visitar el Charco de los Clicos. En lugar de bajar al pueblo fuimos al otro lado de la playa, como nos había recomendado la mujer y bajamos para hacer unas fotos del sitio, precioso y con un charco de un verde intenso que seguro que recordáis de muchas fotos. El Niño quiso hacer el payaso y se fue a subir a unas rocas para que lo fotografiara pero las rocas eran muy grandes y no pudo además de acabar medio bañado por la marea. Al regresar al coche seguimos por la carretera costera en dirección sur y un poco más abajo paramos de nuevo para visitar otro charco con una playa de arena negra en el que una pareja se hacían fotos sin parar, creo que se llama Playa de Montaña Bermeja.

La siguiente parada fue en los Hervideros y después llegamos a las Salinas de Janubio, que no lucían demasiado hermosas. Desde allí comenzamos el retorno, pasando por las Breñas y Femés antes de entrar en Uga y regresar a la carretera de la Geria solo que ahora íbamos en sentido opuesto y nos llevó hasta el Monumento al Campesino en San Bartolomé. Este monumento es un poco decepcionante, no deja de ser una figura feísima que choca con el entorno y que se podían haber ahorrado completamente. Desde allí continuamos hacia Teguise pero se nos hacía tarde y el Castillo de Guanapay ya estaba cerrado así que pasamos de largo la que fue la capital original de la isla y continuamos hacia Guatiza y una vez allí bajamos a la costa al lugar en el que vive mi hermana. Más o menos aquí acabó la parte turística del día aunque por la noche volvimos a Teguise para cenar y caminamos un poco por el pueblo y al Niño le dio tiempo de enamorarse de la camarera del lugar en el que comimos, que me dijo era la primera española guapa de verdad que veía y que resultó ser italiana.

Para el siguiente día teníamos el norte de la isla con muchos de los lugares conocidos por todos.

El relato continúa en La excursión a Lanzarote ? segundo día

10 opiniones en “La excursión a Lanzarote – primer día”

  1. Ya no quiero conocer al Niño, solo por el comentario de la belleza de las españolas. Hala.

  2. Eso se lo ha inventado Sulaco, es imposible que un holandes no las encuentre bellas, a menos que su tipo sean solo nordicas…

  3. Damos por sentado Waiting que has estado en Gran Canaria y Lanzarote y has caminado por Mordor entre los orcos que allí viven. Hasta la noche de San Juan, la cual contaré más adelante, el Niño llevaba la razón. Si alguna quiere, que me pase dos fotos a cuerpo entero sin ropa y yo se las mando y les informo de su opinión ?? 

  4. Jajaja, no, no he estado en Gran Canaria ni lanzarote, pero conozco muchas espagnolas y me parecen muy guapas. Y yo paso y gano en esta discusion porque ya veo que el muerto tiene dolientes. Besho.

  5. Pero si han venido mujeres…jajajaja
    Se lo has puesto difícil al Niño…jajajaja
    Ellas tienen razón, lo afirmo! jajaja
    Salud

  6. Como yo ya he visto una foto suya, que me mande él a mi un par en pelotas, y si me alegra mucho mucho mucho el día lo que aún no he visto, … ni así. Ese tipo de comentarios se omiten aunque los pienses. Y que sepa que el color gambón-norteño- requemao tampoco nos pone nada de nada a las mujeres de estas latitudes. Si yo hubiese ido a ese S. Juan, seguro que me hubiese fijado antes en casi cualquier canario guapo y su “asentito” que es sexy que te cagas. Psé.

  7. Creo que lo del acentito ha desaparecido. La generación eSeMeSe más que hablar, perrean. Ni yo los entiendo y me crié allí. Es increíble lo mucho que puede hacer una ley para destruir el sistema educativo.

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