La primera etapa del retorno a casa

El regreso desde Gran Canaria a Utrecht estas navidades fue un viaje con varias paradas y que comenzó el 30 de diciembre. Compré mi billete allá por abril y gracias a la destrucción sistemática del espacio aéreo español perpetrada por todas las compañías tradicionales, para ir desde Gran Canaria a Málaga la única opción directa era Vueling. Con las otras, me ofertaban pasar por Barcelona en un viaje de casi tres horas más seis o siete horas esperando allí hasta tomar el siguiente vuelo y bajar a Málaga o ir a Madrid y perder allí también medio día. Recuerdo cuando no hace tanto, uno podía ir desde Gran Canaria a Málaga, Sevilla, Santiago de Compostela, Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y seguramente que me dejo algún aeropuerto, sin tener que hacer escala ni en Madrid ni en Barcelona. Hubiera preferido una línea aérea más fiable porque todo el mundo sabe que en Vueling cancelan tramos y vuelos específicos a poco que se le calienten a uno los pendejos de los güevos. De hecho, desde el momento en el que compré el billete hasta el día en el que lo usé, cambiaron los horarios del avión dos veces. Llegué al aeropuerto con tiempo y habiendo sacado la tarjeta de embarque por Internet. Facturé mi maleta en muy poco tiempo y después pasé a la zona “segura” del aeropuerto. En esta ocasión, obligaban a quitarte las botas pese a los aparatos con pinta de muy costosos que compraron no hace tanto para esa tarea. Supongo que como siempre, alguien se ha enriquecido gracias a esto y jamás se depurarán responsabilidades.

Una vez al otro lado, descubrí que mi avión ya traía al menos media hora de retraso. Los de Vueling nunca han conseguido llevarme de un lugar a otro saliendo en hora, parece que esa compañía el concepto de la puntualidad no lo controlan. Con el tiempo adicional, me dediqué a pasear por la terminal y a disfrutar del sol que daba en los ventanales de la terminal mientras escuchaba música. Con media hora de retraso comenzó el embarque, el más caótico que recuerdo. Supuestamente empezaron con la gente de las filas traseras del avión pero dejaban pasar a unos y bloqueaban a otros mientras dos chamas contaban el equipaje de mano de todo el mundo y al entrar en el avión oías que decían que pusieras las cosas debajo del asiento que está delante tuyo porque los compartimientos superiores estaban llenos y los veías todos abiertos y vacíos. En fin. Me senté casi al final y un rato más tarde llegaron los dos que iban a mi lado. Yo ya estaba enfrascado en mi rutina habitual que consiste en dormirme antes de despegar para evitar el tedio de las explicaciones del rollo de seguridad y los sucesivos controles. Finalmente salimos con una hora de retraso.

Las dos horas de vuelo las empleé en ver un episodio de una de mis series favoritas mientras el tío que iba a mi lado espiaba de reojo como con el mismo dispositivo mágico, maravilloso y estiloso veía vídeos, escribía, escuchaba música y jugaba a varias cosas. Aterrizamos en Málaga con un montón de retraso y el piloto debía tener prisa por aparcar y pirarse porque hizo la frenada más corta que he vivido desde que fui una vez al aeropuerto de la Palma en un avión de Martinair y pensé que moríamos allí mismo. Gracias a la hiper-frenada, salimos de la pista de aterrizaje muy rápido y en menos que canta un triunfito ya estábamos en la terminal. Estuve tentado de echar una jiñada porque el aeropuerto de Málaga no sé por qué pero me afloja de vientre. Siguen sin haber corregido los carteles para buscar la salida así que no es raro ver gente caminando en sentido equivocado.

Mi maleta salió de las primeras y a la salida me esperaba mi amigo Sergio con sus dos unidades. No sé como se las apaña pero siempre que aparca en el aeropuerto lo hace en el más allá y tuvimos que andar más que Moisés para salir de Egipto. En esta primera escala camino de mi casa, paraba por unas cuarenta y ocho horas. De esa parada, comentar que es siempre un placer ir a verlo, tanto a él como a Evelyne o al resto de la familia, son todos encantadores. El día de fin de año preparé el desayuno, los clásicos Pannenkoeken holandeses y matamos el día muy relajadamente. Una vez más, se cumplió esa regla no escrita que parece que me impide hacer turismo en Málaga. He estado allí probablemente unas veinte veces y jamás he visto la ciudad ??

La cena de fin de año fue un evento familiar, con veinte personas y pasara lo que pasase allí, no lo escribiré así que pasamos página. La noche acabó con mi amigo Sergio y un servidor tomando Cuba libre en su terraza con una vista preciosa del mar.

2 opiniones en “La primera etapa del retorno a casa”

  1. A mi me sucede algo parecido con Málaga, nunca la he pateado a fondo…
    No sabia que Vueling era tan mierdosa, bueno es saberlo.
    Salud

  2. Yo hasta he tenido suerte y solo pillo retrasos. Conozco a una a la que le han jodido dos vacaciones porque te cancelan un tramo y solo te devuelven el dinero de ese tramo y no de todo el viaje. En Ryanair, cuando te cancelan un tramo, te ofrecen la opción de devolver el viaje completo. También es cierto que a menos que hayan huelgas o mal tiempo, Ryanair no cancela.

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