La prueba final

Durante años, me he preparado a conciencia. He seguido cursos y más cursos, he prestado atención, he escuchado, he leído, he buscado explicaciones para cosas que no la tenían y he iluminado a los ignorantes con las explicaciones de aquello que desconocían aunque lo usaban a diario. Todo ese conocimiento, todo ese poder, toda esa magia, esa fuerza imparable que bulle dentro de mí y que pugna por salir y demostrar al mundo lo que vale, se ha concentrado hoy en un lugar, a una hora determinada y se ha puesto manos a la obra.

Esta mañana, a las diez, abría el primer cuadernillo para comenzar con mi examen del NT2 o Nederlands als tweede taal y para aquellos a los que los dioses negaron el don de las lenguas, Holandés como segunda lengua (o tercero en mi caso, ya que no les he soplado el pequeño detalle que el español es mi primera lengua y el inglés mi segunda).

El examen se reparte en cuatro sesiones durante dos días en las que has de demostrar tu conocimiento del idioma escribiendo, escuchando, hablando y leyendo. De las cuatro pruebas, la más odiosa para mí siempre ha sido la de escribir y por ironías del destino, con esa es con la que comenzó el examen. Como llevo años haciendo cursos y soy una especie de Obelix del neerlandés, no he estudiado nada y salvo por el en, of, maar, dus, want no hice ningún otro esfuerzo previo al examen. Esas cinco palabras son las que señalan las oraciones subordinadas que se tratan como si no lo fueran y que no requieren el trasladar el verbo al final de la frase. Por ejemplo, si uno dice: ZaPatazos es un puto inútil y sus hijas son unas horcas góticas, ambas frases parecen principales. La conjunción que las une es una de las cinco excepciones. Si por el contrario dijéramos ZaPatazos es un puto inútil con el que España se ha hundido en la puta miseria sin ilusión ni fantasía vermos que en esta ocasión, la frase subordinada no tiene una de las cinco palabras mágicas así que a la hora de construirla habría que decir ZaPatazos es un puto inútil con el que España en la puta miseria sin ilusión ni fantasía se ha hundido. Esta bobería es uno de los pilares del idioma holandés y una de las cosas que controlan en estos exámenes y como yo de siempre me hago la picha un lío y termino hablando como el Gran Yoda después de tomarse dos birras, nada más empezar la prueba me escribo las cinco palabras en el papel que puedo usar para garabatear y así me aseguro que no la cago.

La prueba escrita, la más terrorífica para mí, transcurrió como si la hubieran untado con vaselina. Suave y sin fricciones. Se dividió en dos partes, cada una de sesenta minutos. En la primera tenía que hacer trece ejercicios, escribiendo textos cortos y los completé sin problemas. Era como si fuese bilingüe de verdad, de verdad y las cosas encajaban en su sitio sin más problemas. En la segunda parte tuve que hacer tres textos, de los que uno era una carta a una compañía, otro un informe a un supuesto tutor de tesis y el tercero era la justificación de un evento organizado para celebrar el cincuenta aniversario de una compañía. Escribí los tres textos sin mirar atrás, sin dudar ni un solo instante y en cuarenta y cinco minutos había acabado y salía de la sala.

En la calle me esperaba la sorpresa maligna del día. El lugar en el que hacen el examen es una zona medio industrial, sin gente que camine por el mismo durante el día y alguien, sabedor que por allí no pasan ni los amigos de Raticulín, se presentó en el mismo y robó varias bicicletas del aparcamiento incluyendo la mía. Once años, tres meses y diecinueve días o cuatro mil ciento veintiocho días o doscientas cuarenta y siete mil seiscientas ochenta horas o catorce millones ochocientos sesenta mil ochocientos segundos después de que llegué a esta tierra (segundo arriba o abajo) y por primera vez me han robado una bici, una de las Mili-Vanilly, el dúo que compré en el 2005 de dudosa procedencia y en las que invertí la friolera de veinticinco leuros por bicicleta.

No le di mucha más importancia y después de dar un paseo de una hora para despejarme y prepararme para la segunda andanada, a las dos menos cuarto comenzábamos con el ejercicio de escuchar, el cual duró unos noventa minutos en los que tuvimos que responder cuarenta preguntas eligiendo la opción correcta y relativas a seis conversaciones distintas. Oímos una entrevista a una mujer que trabaja en un centro de formación para personas con gran deficiencia visual, a un entrenador de fútbol, a un entrenador de natación, a una encargada de la sección de verduras de un supermercado, al propietario de una empresa de limpieza y a dos policías que hablaban sobre las diferencias de ambos sexos a la hora de hacer ese trabajo. De nuevo, las respuestas llegaban de manera intuitiva.

Mañana seguiré con las dos últimas pruebas, leer y comprender lo leído y hablar. Después transcurrirán cuatro semanas hasta que pueda mirar los resultados a través de Internet y seis semanas hasta que me llegue el diploma de aquellas partes que aprueba. Ese papel, si lo consigo, me servirá para acudir al ayuntamiento y demostrar que he acabado mi inburgering, que oficialmente soy un cabeza de queso plato y puedo solicitar la nacionalidad.

Todo forma parte de un plan maestro, una rueda que comenzó a girar en algún momento del año 1998 y que me llevó a prepararme para emigrar, luego a salir de España, encontrar mi nueva casa, conocer a mis amigos y aprender a amar un país que desde que llegué en el año 2000 nunca ha dejado de acogerme y quererme. Como dice la canción Chasing Cars de Snow Patrol:

All that I am
All that I ever was
Is here in your perfect eyes
They’re all I can see

?? ya casi he llegado a casa ?? 

5 respuesta a “La prueba final”

  1. Suerte guapo. Qué envidia lo tuyo con los idiomas. Por otra parte, no sabía que te querías hacer holandés o sólo quieres tener la posibilidad de hacerlo si te conviene.

  2. No, quiero tener la nacionalidad del país que considero el mío. Ya tengo más de holandés que de español y así sigo los pasos de Waiting y el Turco, que ambos se nacionalizaron.

  3. Mucha suerte, aunque visto lo visto creo que no la necesitas, que de holandés vas sobrado. ¿Y eso de estudiar italiano? Es que es curioso, la gente tira más al inglés, alemán, chino, francés, pero no al italiano.

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