La Roja y eso

Igual yo soy el único ser humano conocido con una memoria que va más allá de los tres minutos y medio de la mayoría pero lo de las lunas rojas lo tengo super-hiper-mega visto y creo que caen prácticamente a una por año, como lo de las superlunas, que cada vez que hay una lo anuncian como algo único e irrepetible en mil millones de trillones de milenios y después un año más tarde tenemos otra. Ayer todo el mundo hablaba y comentaba lo de la asombrosa luna roja que estaba por venir y gente que por lo general no se despega de la cama hasta que sus propias ladillas los echan me decían que iban a levantarse en el medio de la noche, casi a las seis, para verla. Esa voluntad y capacidad de sacrificio chocaba con mi cinismo cuando les informaba que yo me levanto en el medio de la noche, a las seis menos cuarto, todos los días, para ir a trabajar y llegar a la oficina antes de que ellos salgan de la cama y que ellos mismos, unas horas más tarde, me critican por irme a casa pronto cuando lo único que se ha comprobado científicamente en más de una ocasión es que yo cumplo con precisión con las horas estipuladas en mi contrato de prostitución por una nómina y ellos salen como ratas después de que yo me he ido de la oficina y casi ninguno llega a el número que deberían hacer, algo de lo que ya no se habla por el trabajo después de que yo me quedara unas cuantas veces en la oficina a lo zorrudo y me hiciese unas fabulosas fotos con un reloj que muestra también la fecha y la oficina completamente vacía detrás de mi y por supuesto, esas fotos las recibieron los jefes de todos los que tenían lenguas viperinas y alguno hasta se envenenó al mordérsela de puritita rabia, que para mi, devolverla amplificada es una obligación moral y en ese caso además fue un auténtico placer.

Regresando a lo de la roja, esta mañana al levantarme la veía por la ventana del jardín de mi casa y pensaba que es igual de roja que la de años anteriores, o más que roja, es como una luna cagada y bien cagada. Cuando salí de casa, lo de la luna que estaba sobre el cielo y seguía roja es bonito pero lo realmente jodido es que estábamos a casi seis grados bajo cero y a esa temperatura y como dice el refranero, bromitas las justas. Como aquí esos fríos son como la nevera de la Virtuditas, de frío sin escarcha, si no te pintas los labios con vaselina o cualquier otra grasa, para cuando te das cuenta, se te están cuarteando y se te caen a cachos, igual que las manos o las orejas. Por lo demás, yo sigo saliendo de casa sin parecer una cebolla de ciento veinte capas, sigo sin entender por qué hay gente que se pone capa de ropa sobre capa de ropa y sobre esas aún más capas de ropa cuando una buena chaqueta es suficiente para cubrir tu camisa, sin nada más. Además, el calor del ejercicio con la bicicleta, totalmente desconocido para vosotros, reconocidos culocochistas, hace el resto.

El sábado por la mañana, a las nueve menos cuarto, salía a correr con tres grados bajo cero y era el único ser humano en la calle, ni uno solo de todos esos deportistas de postureo que en verano no se cansan de pasar delante de tu puerta arrastrándose como babosas para demostrar que hacen deporte ni una sola de esas bostas desbaratadas o eso que las feminazis llaman mujeres de huesos fuertes y que con toda la grasa que han almacenado durante años deberían estar corriendo en pelota picada por las calles para emplear unos cuantos kilos de esas lorzas en calentar sus organismos. Nada. Yo solito y la carretera para hacer mi circuito de seis kilómetros en treinta minutos y treinta y cuatro segundos ya que no quise apretar mucho por si en algún lado había algo de hielo camuflado y me daba una hostia. Cuando estaba volviendo a mi casa me crucé con el primer ser inhumano que salía a hacer deporte e iba con gorro de lana, bufanda y hasta con una chaqueta como para afrontar las planicies del antártico y le sonreí y le saludé para ver su cara de terror. Yo llevaba un pantalón de correr largo para temperaturas inferiores a los quince grados y una camisa de manga larga similar, con guantes finos de correr y una banda protectora de los orejones y hasta tenía calor, que tras seis kilómetros todo el calor que necesitaba lo producía mi cuerpo.

5 respuesta a “La Roja y eso”

  1. Además, aquí al menos no es roja, tiene una tonalidad de miel, eso si, con una gotita de rojo, pero que tu sabes que hay mieles así, no recuerdo la materia prima que chupan las abejas para producirla. En fin, yo no le hago puñetero caso, y mucho menos levantarme para verla…
    Salud

  2. Ya has fardado antes del frío sin escarcha de tu nevera cuando comento que tengo la comida en el jardín porque estoy descongelando la mía para quitarle los pedrolos de hielo

  3. Eso no es fardar, no te creas que estoy muy encantada, las verduras aguantan menos, es como si las quemara. Cuando compre otra voy a tener que mirarlo muy mucho, porque creo que valdrá la pena tener que descongelar una vez al año y no tener que andar mirando la compra por no tener que tirar después (que eso sí que no!)

  4. Por Dios, estoy por buscar los comentarios en los que me llamabas rancio y truscolán por preferir el frío con escarcha, que aquí en Holanda es el favorito, las otras casi no se ven

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