La vida fuera de la red

Esta semana está siendo fascinante. Por primera vez en un montón de tiempo vivo fuera de la red, aislado y sin conexiones con la misma. La culpa es de mi vecindario. Toda la chusma se ha ido de vacaciones y han decidido apagar sus flamantes routers wifi desprotegidos y llego yo y me encuentro que no hay de quien colgarse. Podría ir a la playa de las Canteras, pero ¿para qué ir a esa playa cuando a trescientos metros tengo una que le da una y mil vueltas?

Visto el panorama, me estoy centrando en la meditación, escuchar audiolibros y completar sudokus, que es algo como muy de moda y que hasta los descerebrados como yo podemos hacer. A la vuelta de las vacaciones me esperan tres meses de locura entre la casa y el trabajo. Estoy embarcado en más guerras de las que puedo abarcar en la empresa. Sobre mis espaldas ha recaído el sacar adelante el mayor proyecto en que nos hemos metido y por más que la gente trata de ser positiva y tal y tal y tal yo sigo viéndolo muy oscuro y a día de hoy sigo gritando que mejor tiramos del freno de emergencia y saltamos antes de que descarrile la cosa, pero no parece que me quieran hacer caso. Así que seguiré a cargo de la máquina hasta que nos estampemos, como buen kamikaze. Por si eso no fuera poco, el otro gran proyecto que debería estar funcionando a finales de año también pasa por mis manos. Ese pinta mejor, aunque después de que algo que se tenía que haber hecho en tres meses siga sin acabar de salir tras año y medio, a mí ya no me queda mucha fe.

Otro asunto que está rulando por aquí y del que no hablamos es la operación de cambio de seso de uno de mis compañeros de trabajo. Los que se subieron a Distorsiones antes del 2002 saben de qué se trata. Aún recordamos con estremecimientos de terror la carta que nos mandó a todos anunciando su cambio de sexo y que yo publiqué a través de la lista de distribución. Desde entonces es un tema de conversación recurrente con mis amigos. Todos quieren saber. El poder ver todo el proceso es un privilegio. Han sido cuatro años en el que uno de mis colegas de trabajo se ha ido retocando y modificando para convertirse en una colega. El pasado nueve de agosto se produjo el corte final, el tijeretazo que puso fin a la vida de su pene y el nacimiento de su chocho. Aprovecharon para ponerle más tetas. Ahora sólo nos queda esperar. A finales de septiembre volverá al trabajo, con un peso menos entre las piernas y dos tallas más de sostén. Aquellos que han sabido jugar sus cartas recibieron el soplo tan esperado y han podido ver su página en Internet, con esas fotos terroríficas, particularmente aquella en la que sale en bikini, con la polla entre las piernas, toda sudada y rozada por ir en tamaña posición. Aquellos otros que no me inspiran confianza podrán seguir pidiendo ver esas fotos, aunque desde ya os aviso que no cederé a vuestros chantajes.

Y en estos próximos meses que se avecinan revueltos, Distorsiones posiblemente sufrirá con tanto cambio. De entrada, desde el 8 de Octubre estaré aislado y mi única conexión con la red será en el trabajo. Aún no se sabe cuanto durará esa pausa, dependerá de la empresa que me tiene que conectar a la red en mi nueva casa, a menos que consiga alguna conexión desprotegida en aquel barrio. También crearé una nueva categoría en la que podréis ver el estado de la vivienda antes, durante y después de los cambios. Será como la casa del gran Gitano pero a lo payo. No habrá tropecientas mil cámaras pero sí fotos tomadas desde lugares estratégicos. Veréis la muerte de la vieja cocina, la preparación para su sucesora y el nacimiento de esta, veréis como el baño es aniquilado y uno nuevo toma su lugar, veréis los muebles que vaya comprando según lleguen a la casa y como mi economía pasa de los números negros a los rojos. Es muy probable que documente la mudanza y el abandono de mi viejo hogar, esa entrañable vivienda en Hilversum por la que habéis pasado muchos de vosotros y en donde conocisteis a los franceses primero y más tarde a la china y a la bestia de su hija.

Todo esto aderezado con cine, literatura, un nuevo diseño para celebrar el otoño y más historias del turco, del chino y de todo el que se cruce en mi camino. Seguiremos viendo la vida pasar y Dios mediante, estaremos todos aquí para celebrarlo.