La vuelta a Holanda el uno de enero

Para mí el 1 de enero es siempre un día de viaje ya que en los últimos años, es el día en el que regreso a Holanda. El año pasado mi regreso era en un vuelo a las siete de la mañana y eso suponía llegar al aeropuerto a las cinco, cuando muchos aún seguían estampándose borrachos con sus coches y las celebraciones del año nuevo comenzaban a apagarse. Este año tuve la suerte de tener un vuelo al final de la tarde y el uno de enero, después de preparar unos crepes para desayunar con mi madre, a las diez de la mañana yo ya estaba en la playa de la Garita, arañando hasta el último rayo de sol antes de regresar a la noche lluviosa eterna que ha resultado el otoño y parece ser la tónica de este invierno en los Países Bajos.

Playa de la Garita el 1 de enero

La playa estaba desierta y éramos cinco julays en total, con un cielo fabuloso y sin una sola nube, nada de viento y una temperatura que en aquel momento ya alcanzaba los veinte grados. Es lo que se puede definir como todo un lujo y espero que los Canarios sepan defenderse cuando el Emporio malvado truscolano trate de invadirlos bajo el pretexto de que hace miles y miles de años las islas ya formaban parte de su Emporio, una minúscula mentira que seguro que naide nota ya que el resto del mundo es estúpido y todos pensamos que el deshonorable presidente es un oráculo por el que solo salen verdades como pelotas de rugby. Cuando hice la foto me maravillé por la magia del momento, algo solo posible gracias a Steve Jobs y los genios de Apple, ya que con el mismo dispositivo que me permite recibir llamadas estaba escuchando un audiolibro usando mis auriculares bluetooth, hice una foto panorámica, la edité para añadirle el marco y enderezar el horizonte con una pequeña y gratuita App y con otra añadí la felicitación del nuevo año antes de conectarme a Internet y mandársela por el güatzap a todos mis colegas en Holanda para que les pique la envidia y se tengan que rascar. Es decir, en medio de una playa desierta y en mi palma de la mano tenía un dispositivo de once centímetros y pico que me servía de emisora de radio, de teléfono, de cámara fotográfica, de laboratorio fotográfico y de oficina de correo y pude hacer la tarea en menos de dos minutos. Sencillamente, algo mágico y que ahora gracias al androitotorota es incluso asequible para los pobres y zarrapastrosos, que no es mi caso ya que mi dispositivo es de los de la manzana mordida.

Tras una corta escala para almorzar estuve en la playa hasta las cuatro menos cinco. Desde allí subí directo a la casa de mi madre en donde me duché, vestí, metí la comida en la maleta previamente preparada, me pesé, me pesé sujetando la maleta y comprobé que era al menos dos kilos más pesada y tuve que pasar dos mil gramos de harina de fuerza a la mochila de equipaje de mano. Después me despedí de todo el mundo y uno de mis amigos me alcanzó al aeropuerto. En los paneles anunciaban tres mostradores de facturación y me puse en el primero. Cuando llevábamos cinco minutos allí y seguíamos al final de la cola, sale un julay de la compañía Transavia e informa a todo el mundo que esa cola era solo para personas que ya tuvieran plaza asignada en el avión. Al estar el último conseguí ponerme en una de las otras dos colas antes que los demás. Al facturar comprobé que mi maleta pesaba diecinueve kilos y medio, quinientos gramos por debajo del límite de lo que había pagado. Pedí que me sentaran en ventana y lo conseguí. Después me tomé un cafelito con mi amigo y sin quererlo ni esperarlo, ya faltaba una hora para que saliera mi vuelo. Nos despedimos y fui al control de seguridad, el cual iba lento de cojones pero por suerte buscaban a hombres solos y yo encajé en la descripción, ya que como diría la letra de cierta canción soy un hombre de verdad. Me sacaron de la cola y me pusieron directamente en otra máquina, la que está reservada para tripulaciones y empleados del aeropuerto con lo que el cuarto de hora que pensé que tenía que pasar allí se convirtió en un minuto. Aún no entiendo por qué no permiten a las hembras el usar ese control cuando no hay empleados del aeropuerto pero imagino que se debe a la morralla que se ponen encima, que siempre van contrachapadas con joyas y abalorios.

Al pasar el control hice una pequeña prueba, la segunda del 2013 y que aún no me ha permitido encontrar una respuesta. En mi equipaje de mano metí dos latas de sardinas en aceite de oliva vírgen (concepto este último muy amplio desde que hace dos mil y pico años una pava casada se quedase embarazada según ella de cierto espíritu y diera a luz un hijo julay y mantuviese la virginidad antes, durante y después del parto, con lo que concluimos que su marido perdía más aceite que la Veneno y ella jiñó al chiquillo o le hicieron cesárea). No las quitaron, así que en mi próxima prueba me llevaré un bote de fabada a ver si también pasa la prueba, ya que contiene líquido dentro y según la normativa internacional y bla bla bla, deberían detectarlo y quitármelo, algo que al parecer sucede aleatoriamente dependiendo de la persona que trabaja en la máquina y del aeropuerto en el que suceda, además del día y la hora. Ese sí que es un misterio fascinante, el de las latas de conserva como equipaje de manos en aviones, ni siquiera GooglEvil tiene una respuesta concluyente.

Compré un par de botellas de vino para el equipaje de mano, me acerqué a las máquinas expendedoras para comprarme mi botella de medio litro de agua, la cual cuesta en Gran Canaria un leuro y cuarenta céntimos, precio que cambia en todos y cada uno de los aeropuertos del mundo. Si la compras en los bares de la terminal, pagas un precio superior. Fui a la puerta de embarque y cuando llegaba anunciaron el comienzo del embarque y como yo estaba al lado de la chama que recoge las tarjetas, sucede que fui el primero en pasar y el primero en acceder al avión.

Desde la ventana del avión en Gran Canaria

El cilindro metálico iba petadísimo y a mi lado se sentó una pareja. Detrás de nosotros una hembra con dos niños, ambos borrachos de cafeína porque no pararon de moverse en todo el vuelo e hicieron que la niña del exorcista en plena faena del cura que la tocaba parezca una chama apática y sin fuerzas. Entramos en poco tiempo, todos nos sentamos raudamente y cinco minutos antes de la hora prevista ya estábamos reculando para ir a la cabecera de pista y echarnos primero a correr y después a volar. Pasé las cuatro horas y cuarto del vuelo de regreso viendo episodios de dos series, Revolution y The Walking Dead mientras detrás de mí, había una legión de espíritus poseyendo a los dos niños y toda la gente en un radio de cuatro filas en ambos sentidos se cagaba en la madre que los parió y en el día que decidió taponar el agujero que le salió en los bajos con una zambomba orgánica. Nuestra hora oficial de llegada era las 00:50am del dos de enero pero con el viento y todo lo demás, tocamos la maldita Polderbaan a las doce y media y por fin se paraba el avión a la una menos cuarto, cinco minutos antes de la hora prevista. Solo hay dos vuelos en los que llego con maleta facturada a Holanda y este era uno de ellos así que tuve que ir relajadamente a la zona en la que se recoge el equipaje y observar los extraños movimientos que hace la gente en ese lugar, que parece que se vuelven locos y corren y son rudos con el miedo de que su maleta se escape y se vaya sola pese a estar en una cinta que gira sin fin. A la una y cinco mi maleta se reencontraba conmigo y a la una y diez ya estaba en el taxi que había reservado. Al regresar de noche y tener que trabajar (además de llevar equipaje facturado), evité el tren nocturno, ya que en cualquier caso necesitaría un taxi para la última parte de la aventura. En estos momentos hay una guerra a muerte entre todas las compañías que operan en la zona de Utrecht y conseguí que una me fuera a recoger al aeropuerto por cuarenta y dos leuros. Si contratas un taxi compartido en la web del aeropuerto te vale cuarenta y has de esperar por los otros pasajeros y un taxi privado no lo consigues por menos de ochenta leuros, con lo que no hay color. Al no ser una de las compañías a las que se permite trabajar en el recinto de llegadas, te recogen en salidas, algo que a mí personalmente me la trae al fresco ya que las escaleras mecánicas funcionan siempre y si no hay ascensores. Mientras el taxi corría por la autopista A2 yo chateaba con el Rubio y a las dos menos cuarto ya estaba en mi casa.

Con veinte kilos de comida en la maleta y otros trece en la mochila, lo siguiente era sacarlo todo, meter en la nevera aquellos productos que necesitan frío y después de eso me fui a dormir. Al día siguiente fui a trabajar, aunque por pereza, me levanté más tarde y entré después de las nueve de la mañana, aprovechando el horario flexible que tenemos. Así fue el regreso desde Gran Canaria y el primer vuelo del año, el cual también es otro hito, la primera vez que vuelo directamente y sin escalas desde Canarias a los Países Bajos en Año Nuevo.

4 opiniones en “La vuelta a Holanda el uno de enero”

  1. Me alegro que todo te saliera bien y disfrutaras del calorcito de tus amadas islas, familia y amigos, que ya se sabe que madre no hay mas que una y a los demás te los encuentras en la calle, aunque sean truscolanes. Me voy a ver unos capítulos de la 2ª temporada de la serie que acabo de descubrir y que me tiene encandilado, que buena es coño, “Breaking Bad” :))
    Salud

  2. ¿No te entra una depresión al volver del sol, del calor y de los cielos despejados al cielo encapotado, gris oscuro, sin sol y lluvia continua de ahí arriba? ¿Lo echas de menos eso mientras estás en Holanda o es algo que ya tienes asumido y ni lo piensas?

  3. Jc, no, recargo las pilas a conciencia en las vacaciones navideñas y disfruto enormemente del invierno por aquí, ese que parece que este año no termina de llegar ya que seguimos en otoño. Ten en cuenta que también me escapo con frecuencia. A fin de enero iré a Málaga y con suerte habrá solito y algo de calor. En mayo me atorraré en Asia.

  4. Tu batería también debe ser maravillosa; porque si yo hago todas esas cosas, a la vez, con mi telefonillo…se me acaba en un momento. Y a mi marido, con el mismo dispositivo mágico que tú, le pasa lo mismo que a mí.

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