Las consolas en guerra

El fin del mundo debe estar cerca cuando tres contendientes de peso se han enfrascado en una guerra global por controlar el universo. Es la Guerra de las Consolas y nosotros somos los soldados que hemos de decidir la batalla, consolar a perdedores y felicitar a los ganadores. Llevan meses hablando de unas y de otras, comparando cual es la más grande, la más gorda, la que tiene más aguante, la que se corre más rápido y no sé vosotros pero yo estoy cansado de tanta mierda. Hace tiempo que elegí mi propio camino y mi consola se llama bitácora, corre sobre WordPress y el juego al que dedico un rato todos los días es uno llamado distorsiones.com, un juego creado por mí y en el que yo establezco las reglas. No tengo ni tiempo ni ganas y por suerte para mí y desgracia para los que las fabrican no estaré en el rebaño de borregos que correrán a comprarse una de esas otras consolas y después se dejarán dinero a destajo en juegos. Yo usaré la pasta para viajar a otros países, conocer culturas, vivir aventuras y comprarme otros cacharros tecnológicos más interesantes y por supuesto hablar de todo ello en mi juego. Con la de cosas que hay ahí afuera por ver y por vivir no entiendo a la gente que se pasa horas jugando, aislados, en lugar de salir con los amigos, ir al cine, al teatro, a pasear por el bosque, a la playa o a mirar las estrellas desde alguna montaña.

Si has llegado a este segundo párrafo y has leído las doscientas y pico palabras previas quiero que sepas que estás jugando a mi juego e incluso puede que seas uno de esos jugadores avanzados que incluso comentan, un privilegio reservado a unos pocos. En esta consola de ultimísima generación suceden siempre las cosas más extrañas, visitamos mundos absurdos, nos ruborizamos con ordinarieces de dudoso gusto y en ocasiones nos enternecemos con momentos entrañables que tocan alguna fibra insensible de esas que supuestamente tenemos. Cada trimestre el juego cambia de aspecto para que los jugadores no se cansen y pese a los años que llevamos en esto aún seguimos creciendo. Cada día recibimos un puñado de nuevos contendientes que entran en la partida con ganas y también cada día perdemos otros que quizás pasaron en nuestra compañía unos instantes. El juego se complementa con una mente retorcida y enferma que produce historias con una cadencia regular y que en todo este tiempo no ha dejado de repetirse en los mismos temas. Aquí no hay grandes estrellas, ni supuestos gurús de la blogosfera, solo un grupo de amigos que comienzan la jornada laboral o acaban el día leyendo mil palabras y si hay suerte, echándose unas risas.

La partida en la que estamos poniendo tanto esfuerzo a veces salta a otros escenarios, otras bitácoras que como esta tienen su propio juego en marcha, nos enlazamos mutuamente, nos lustramos el ego unos a otros y mantenemos unas relaciones cordiales en un mundo sin caras ni nombres auténticos donde la lealtad dura lo que una erección mañanera, es decir, el tiempo que se tarda en bajar la calentura para poder mear tan a gustito.

Sí tienes lo que hay que tener, si rebosas imaginación, eres capaz de escribir en un lenguaje que no esté plagado de faltas ortográficas (o en su defecto te sugiero que uses abiword o cualquier otro procesador de texto gratuito con corrector ortográfico) y que se pueda entender y no te amedrentan los retos, deberías acudir a alguno de los múltiples sistemas gratuitos que hay para gestionar bitácoras (y yo te recomiendo wordpress.com o blogger), encuentra un nombre original para tu mundo y comienza tu propia partida, establece tus reglas, recibe a tus jugadores y pásatelo bien, porque esto al final no es más que un juego solo que altamente adictivo.

¿Estás preparado para comenzar a jugar?

5 opiniones en “Las consolas en guerra”

  1. El dinero de la Wii se transformó en un trípode, el de la XboX en un billete a Nueva York y el de la PS3 se convertirá en una lente para macro de Canon. Y eso sin contar el ahorro en electricidad.

  2. Por más que invito a la gente a que escriba y nos deslumbre, al final somos cuatro gatos escribiendo, siete comentando y un montón leyendo. Estoy convencido que nos estamos perdiendo grandes narradores entre todos esos que están callados.

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