Leyendas del oriente

Mi amigo el chino lleva años viviendo en los Países Bajos. Cuando llegó, casi no hablaba inglés y el primer año fue un poco traumático. Ahora se defiende bastante bien en inglés y está aprendiendo holandés, como yo. Lo que no ha cambiado en todos estos años es su visión del mundo occidental. Hoy voy a recopilar algunas de sus explicaciones sobre cosas que a nosotros nos parecen normales.

Sobre la comida
Se lo tengo dicho al turco, pero nunca me escucha. Cuando vamos a comer al New King, uno de los mejores restaurantes chinos de Amsterdam, pase lo que pase, no pidas pollo agridulce. Ayer, el turco estaba provocador y le sugirió el pedir ese plato. El chino se quedó más blanco de lo que suele ser habitual en él. Primero hizo como si no hubiese oído nada, supongo que estaba contando hasta diez, pero una vez repuesto del shock, le preguntó si estaba loco. Según nos explicó el asiático, el pollo agridulce es comida que en su país sólo come gente de clase muy muy baja y por supuesto él no la come. Nos expresó sus dudas sobre la calidad del pollo que se usa para hacer ese plato y nos dijo que ser visto comiendo pollo agridulce equivale al suicidio social en la gran China. Aunque el turco lo intentó, no consiguió que cediera y nos quedamos sin comer eso. En venganza el chino se empeñó en pedir cerdo, para provocar al turco, que es musulmán. Yo asistía al combate de culturas, encantado de la vida porque la religión católica nos permite encochinarnos con cualquier cosa. Si es que donde esté el Dios de los católicos, que se quiten los demás.

Sobre la mezcla de razas
En China, cuanto más clara es tu piel, más pura es la raza. O eso nos dice el colega. Así que por descontado, el hombre este no se pone al sol ni de coña. Faltaría más. Por culpa de este prejuicio, tampoco entiende como una mujer “blanca” puede estar con un hombre “negro”. A pesar de no terminar de captar el concepto y ser incapaz de asumir que puede haber amor de por medio, el ha llegado a la conclusión de que las mujeres que se relacionan con negros es porque son unas viciosas que lo que les gusta es que les endiñen aparatos reproductores masculinos de tamaño desproporcionado, porque para el chino todos los hombres de color tienen unos maromos como porras de policias. Así que cada vez que vemos una pareja de este tipo, además de lanzar una mirada reprobatoria, suele hacer un comentario por lo bajo en su idioma. No sé lo que quiere decir, pero siempre me he imaginado que es algo como: ¡zorra viciosilla!

Sobre el pelo
Los chinos son por lo general de poco pelo. Casi no tienen barba. Sólo unos pelillos en el bigote y poco más. El ve nuestras barbas como algo sucio e impuro. El nunca se ha tenido que cortar las patillas, porque sencillamente no le crecen. Nosotros nos afeitamos muy a menudo y eso parece que no es muy bueno para el templo que es nuestro cuerpo. Y la forma en la que el cuerpo nos avisa de su enfado por nuestro mal cuidado es con la barba. Esta teoría nos dejó estupefactos a mí y al turco la primera vez que la oímos. Es más, según el chino, los musulmanes tienen todos barba porque es algo relacionado con su religión, que su Dios parece que es más propenso a forzar a sus fieles a tener barba. Para mí, como católico, no tiene respuesta, pero cuando le dije que las portuguesas y algunas españoles tienen unos bigotes de la hostia se espantó hasta el infinito y más allá. La otra cosa que nos dijo es que cuando a un chino se está quedando calvo, usa unos remedios que tienen para que vuelva a surgir. Si no funciona, es porque no tienes fe suficiente y tu cuerpo no puede regenerarlo. Yo ya le expliqué que nosotros nos hacemos trasplantes de pelo y en el caso particular de los españoles, como somos peludillos por naturaleza, nos quitamos las melenas inferiores y nos las ponemos en la cabeza. Ya le he dicho que se fije atentamente en Julio Iglesias para que note los pelillos rebeldes que tiene en la cabeza 😆

10 opiniones en “Leyendas del oriente”

  1. Fìsicamente la raza negra es bastante superior a la blanca, en especial a la “blanca mediterrànea”, como dicen en EEUU.

  2. Rodolfo y tipo-a: No puedo entrar en ese sitio desde el trabajo, porque con ese nombre el contenido seguro que no es apropiado y aquí son muy sensibles a esas cosas. ¿Desde cuándo se mide la superioridad en centímetros de nabo? Porque los mediterráneos seremos pequeñitos y peluditos y no llevamos esas cosas enormes colgando, salvo excepciones como anormal que ya sabemos de donde le viene el mote, pero debemos tener algo mejor porque si no que alguien me explique por qué todo el continente africano y una cuarta parte de los habitantes de américa del sur se quieren venir a vivir a nuestro país. Y que alguien les diga a los mandriles norteamericanos que nuestra raza es la LATINA y no eso de blanca mediterránea que suena a café de Plantaciones.

  3. Imagínate como me deja a mí, Yumiko, que el hijoputa ese nos tiene comiendo cosas raras. Ayer estaba emperrado en comer ancas de rana, pero no cedimos. El cabrón dice que las ancas son buenas para los pies, y como está yendo a jugar al squash, los tiene que fortalecer. Ya le he dicho que se compre un taca-taca y se deje de tocarnos los huevos. Y si quiere ancas, que vaya el solo.

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