Los comemierda

Hace un par de semanas me sucedió algo muy extraño. Estaba en la oficina haciendo como si trabajo, moviendo información dentro de mi empresa y resolviendo problemas cuando suena mi teléfono DECT. Lo cojo y un tipo comienza a hablarme. Tenía acento inglés y me empezó a soltar un rollo tremendo sobre como podían mejorar mis finanzas, como podían ayudarme a organizar mi plan de pensiones y hacer que mi dinero produzca más. Cada intento mío por saber como conocía mi nombre y el lugar en el que trabajo eran sorteados con gracia y estilo.

En un nanosegundo decidí que le seguiría el juego y me puse mi gorra de jugador avezado de rol. Me inventé un personaje, Julayus Máximus, con cien mil euros en su cuenta bancaria, cuatro planes de pensiones, dinero invertido en varios fondos, cuentas en tres bancos, dos casas y una ignorancia suprema sobre lo que tiene que hacer con ese dinero. Al tío que estaba al otro lado se le podían oír las manos mientras se las frotaba de puro gusto. ?l se pensaba que me estaba camelando y yo seguía mejorando más y más mi personaje, ajustándolo más y más a lo que él quería escuchar y el hombre se corría de gusto pensando que había dado en la diana. Después de casi tres cuartos de hora de pura fantasía, quedé en que mandarían a alguien de su empresa a la mía para una entrevista y así analizar mis finanzas. Durante todo ese tiempo sorteó y evitó responder a mis preguntas para saber como había conseguido mi información personal e insistió para conseguir mi número de teléfono móvil y mi dirección de correo personal. No logró ninguno de esos datos y me escudé en que el teléfono es prepago y no lo uso y todo mi correo va a través del de mi empresa, algo que solo alguien completamente estúpido haría.

Al cortar bajé a la recepción y le pregunté a la telefonista como coño habían conseguido mi número. Me dijo que no lo sabía pero que habían llamado y preguntado directamente por mí y por una compañera. Fui a hablar con esta última y ella también estaba rebotada porque no tenía ni idea de quién le podía haber pasado información suya a esta empresa. Ambos estamos apuntados en la lista para que no nos llamen y molesten las empresas de marketing y obviamente, la triquiñuela de llamar desde Inglaterra hace que se salten las reglas nacionales. Mientras hablábamos tuve un momento de inspiración y deduje quien podía ser la persona que nos había traicionado, ya que tenía que ser alguien que nos conocía a los dos. Ella había mandado al tío a tomar por culo pero yo hice algo mucho peor.

Una semana más tarde debían venir a hablar conmigo y aleccioné a la de la recepción para que no me avisara y no los dejara pasar. En mi compañía no te puedes mover por el complejo a menos que estés registrado como visitante y te acompañe un empleado así que cuando el vendedor llegó, se sentó en la recepción a esperarme, sin saber que yo era una de las personas que pasó por allí y lo vio matando el tiempo aburrido. Lo tuve casi noventa minutos allí sentado, hasta que se aburrió y se fue. La recepcionista se partía la pipa del coño de risa mientras aquel comemierda fantaseaba con un negocio ficticio. La última media hora yo ni siquiera estaba en el edificio ya que me fui a caminar con mi amigo el Moreno y dejamos allí a aquel pobre, cansado de tomar café tras café y de preguntar si habían podido contactar conmigo, sin saber que su castigo había sido cuidadosamente planificado.

En los siguientes días se inflaron a llamarme aunque como usan números ocultos, sus llamadas son fáciles de identificar y con no responder a las mismas tengo. En la segunda fase la recepcionista comenzó a inventarse historias mías. Un día les decía que no respondía porque me habían despedido, al día siguiente que padecí una desgracia y me quise de morir dejando esposa y tres hijos recién nacidos, otro día que estaba de viaje o castigado por mi jefe en un rincón de la oficina y no me permitían hablar. Llegó un momento en el que desistieron, seguramente llegaron a la conclusión que nos estábamos riendo de ellos y que no iban a sacar tajada alguna.

Al parecer es una nueva tendencia de empresas de comemierda que usan LinkedIn para encontrar gente. Como en esa red social para profesionales también hay las conocidas como putas del LinkedIn, esos que tienen más de quinientos contactos que no conocen y que equiparan la importancia social con el número de los mismos, al enganchar a uno de esos tienen acceso a sus contactos y pueden ir tirando de la madeja y sabiendo tu nombre y la empresa en la que trabajas pueden llamar y conseguir contactar contigo. Imagino que esta será la plaga del año 2011, aunque en mi caso, a partir de ahora el que quiera hablar conmigo y no muestre el número de teléfono, lo tendrá muy crudo.

Y sí, sí tengo teléfono móvil y no suministro el número alegremente. Lo cambié hace cinco meses y dentro de siete lo volveré a cambiar. Si no sabes como contactar conmigo es porque yo no quiero que lo hagas. Así de claro y sencillo.

4 opiniones en “Los comemierda”

  1. Qué coñazo de gente y que le dices que no pueden contactar (a mí me pasa en mi trabajo preguntando por otros a diario) y te llaman cada cinco minutos hasta que cuando veo el número, no les cojo el teléfono directamente y en casa otro tanto, hasta a las diez de la noche me han llamado. No sé qué hacer para que no llamen, es una plaga y si les dices que no te interesa para que te dejen en paz, tampoco lo hacen y siguen llamando día tras día a ver si por casualidad te has vuelto gilipollas y has cambiado de opinión. Qué hartura.

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