Los culos del Peregrina

Desde que comencé a salir y adquirí cierta movilidad por la ciudad, el Patio Peregrina siempre fue una opción de las preferidas para ir a comer bocadillos, perritos calientes o hamburguesas. Está cerca de la plaza de las ranas, junto a una de las tiendas favoritas de bleuge. En todos estos años siempre se han mantenido fieles a su filosofía: bocadillos baratos y con sustancia abundante, algo que hasta los estudiantes puedan permitirse y con cierto estilo desenfadado.

No estamos aquí para hablar de ese patio, ni de los perritos calientes. Estamos aquí para hablar de una anomalía espacio-temporal que sucede entre sus paredes. El individuo observador y asiduo no tarda en darse cuenta. El conocimiento te llega poco a poco, sutilmente y una mañana al levantarte, mientras te frotas la empalmada mañanera te das cuenta: Todas las tías que trabajan en el Peregrina tienen unos culos de escándalo y casi no tienen tetas. Es una revelación de esas que pueden marcar una vida. No importa cuantas chicas estén trabajando en ese local, todas están cortadas con el mismo patrón, que no es otro que la escasez de volumen en las glándulas mamarias y el derroche de protuberancias en las nalgas, con esos culotes a lo brasileño que permiten al macho sujetar y mover en aquellos momentos en los que es necesario realizar dichas maniobras.

Las chicas del Peregrina deben tener unos sueldos de puta pena porque rotan demasiado. Con que vayas una vez cada tres meses notarás que siempre hay varias nuevas y otras que han desaparecido. Lo bueno es que las que reemplazan a las ausentes tienen el mismo tipo, sus tetillas pequeñas y sus culotes grandes. Las ves paseándose con gracia entre las mesas, subiendo las escaleras de ese patio canario mientras sus traseros se bambolean y compensan el peso de las bandejas en las que llevan la pitanza de los clientes.

Llevamos años teorizando sobre esos sucios momentos en los que el responsable de recursos inhumanos de la empresa o lo que es lo mismo, el dueño y controlador de la caja del bar, se sienta frente a las candidatas sin escucharlas y les escruta el tetamen buscando esos volúmenes medios que tanto le gusta y después les pide que se levanten y se den una vueltilla por la habitación para catarles el culillo y ver si es grande y hermoso, como a él le gustan.

Uno de los efectos colaterales de la selección de personal sorprende por lo inesperado. Jamás lo imaginaríais pero aquel es uno de los antros favoritos de las lesbianas de la isla. Supongo que comparten con el dueño el gustillo por ese tipo de hembra. Se las identifica fácilmente, mirando embobadas a las camareras, hipnotizadas por esos oscilantes traseros que vienen y van desde la cocina, que suben y bajan las escaleras. Las bolleras, como nosotros, saben que el mejor lugar del local es el patio principal, en donde se puede disfrutar con todos los movimientos que estas chicas han de realizar al ejecutar su trabajo.

Ahora que somos maduros y podemos pagarnos restaurantes estilosos, seguimos yendo al Peregrina porque nos da algo que el dinero no puede comprar, ese chiquillerio lozano y esbelto y esa alegría que nos pone en el cuerpo. ¿Nos vemos en el Patio Peregrina?

6 opiniones en “Los culos del Peregrina”

  1. Bleuge es el que tiene que sacar la foto, que su cámara es minúscula. Si yo me saco mi cámara allí dentro se monta un escándalo y la del móvil es una mierda que te cagas.
    Bleuge, tú lo tenías que haber escrito, pero con tus neuras sobre la calidad de tu bitácora y tu línea editorial, al final todo lo zafio y vulgar acaba en la mía.

  2. mola
    doy fe totalmente de lo que dice sulaco
    es escandaloso, por ese sitio pasan al año como 10 o 20 chicas, son todas calcadas al mismo patron, culazo y arriba nada, el tio que las elige es un fetiche descaradisimo

  3. Juas juas juas juas, investiga quien es el dueño y le ponemos una camara oculta a ver si es verdad que lo hace a posta.

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