Mario

Hace dos semanas fui a Amsterdam para darme un empacho de películas en la filmoteca y la primera de ellas era la que más mal yu-yu me daba porque viendo el cartel, como que se me antojaba que aquello iba a ser una epopeya del marikitismo entre deportistas, algo que todos sabemos que sucede muchísimo por culpa de esas duchas comunes en las que tantos jabones caen al suelo y tanto ojete queda taponado. Parece que me equivoqué y las peores películas estaban por llegar. Esta se titula Mario y por lo que he visto, no está previsto su estreno en España, aunque al ser suiza se dijo de titularla pelo-escupidera: truscoluña no es nación.

Un par de julays futbolistas están más interesados en otras pelotas

En el mundillo de las liguillas casi profesionales del fútbol suizo, un chaval acaba compartiendo piso con un compañero del equipo que es alemán y al poquito, como que uno se la está empetando al otro hasta los pelos de los güevos. La cosa es que de tanto fornicar, hasta juegan mucho mejor pero hay envidia de la peor en el equipo y alguien filtra que pierden más aceite que el Titanic en los títulos de crédito de la película y tendrán que aparentar que les gustan las hembras, sobre todo las bigotudas y las que no se afeitan los bajos. El alemán acabará hasta los mondongos de la represión y abandonará el equipo y el otro jugador, el Mario, seguirá avanzando profesionalmente en su carrera y se hará un experto en pepinos biológicos o algo así.

Tenemos a un grupo de chavales en la época del desparrame hormonal que con tal de destacar y conseguir saltar a las ligas importantes no tendrán ningún problema en hundir a otros mucho mejores con el gran tabú del fútbol, que es el marikitismo. La película muestra lo terrible que es el entorno y la manera bastante cruel en la que el agente del chaval lo controla para conseguir venderlo y hacer dinero y como al final, lo único que no le importa a nadie es su vida. Resultó que las escenas de fútbol son tan aburridas como ver un partido en la tele pero las movidas en el piso y los trapicheos sí que entretienen un montón. Al final de la película, en una especie de tercer acto o epílogo, se les fue un poquillo la mano pero se les perdona porque hasta ese punto la película entretenía bastante. La forma en la que vamos pasando por las distintas fases de la relación de los chavales hasta llegar al empetamiento y el acoplamiento está muy lograda y hay una química brutal entre ellos. Hay una escena en una guagua épica con los dos criticando a una mística con la que te desbolichas.

Esto está totalmente prohibido para los miembros del Clan de los Orcos, que no se deberían dejar engañar por el tema deportivo. Ya lo dijo el gran Dios que a cada orco le corresponde una orca para casarse y unas cuantas más para pegársela a la otra y no tiene nada que hacer con un orco macho. Sí que puede ser una opción para los sub-intelectuales en GafaPasta.

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