Mediocres

Mis niveles actuales de tolerancia hacia eso que cada uno define como mediocridad son mucho más bajos que hace unos años. Recuerdo cuando tragaba sapos en la oficina, con una mierda de sueldo, un futuro negro y viviendo en una sociedad que estaba en plena descomposición y lo aceptaba como parte del juego de la vida. El cambio de ecosistema, salir de España y descubrir que el mundo es muy distinto, que la gente en otros lugares es distinta, comprender que uno puede ir a trabajar y disfrutar con lo que hace, recibir una buena remuneración y no tener que arrastrar el drama laboral a la esfera privada fueron cosas que tardé en asimilar por resultarme increíbles.

Una vez comenzó esa dinámica, el virus fue calando dentro de mi y pronto me acostumbré a la buena vida. El precio a pagar fue un descenso proporcional en mis niveles de tolerancia contra la mediocridad. Cuando le pido a alguien que haga algo, no necesito repetirlo dieciocho veces, espero que la tarea sea completada en un tiempo razonable y con unos resultados aceptables. Ya sea la señora que limpia en mi casa, el señor que hace la revisión de la caldera una vez al año o algún compañero de trabajo, espero que todos cumplan con lo pactado y así sucede. Casi siempre. Cuando tratas con gente de España las cosas no van igual. Ahora entiendo la expresión mañana, mañana con la que los extranjeros se refieren a nosotros. No se trata de que seamos gandules, es la falta de rigor, la incapacidad para cumplir con lo pactado.

Dando una vuelta de tuerca y cambiando de tema sin cambiar, al mirar hacia atrás veo los errores y los aciertos que he cometido. Como todo el mundo, siendo un infante hice amigos, de los cuales la mayoría se desvanecieron con el tiempo. Este proceso siguió y pronto formamos una banda increíble que realizó gestas legendarias. Después de unos años en plena Edad de Oro llegó el declive y ahí me rebelé como un exterminador muy eficaz que deconstruyó aquello que teníamos sin dudar un solo instante. En ese tiempo lo fácil era culpar a los otros pese a que ellos asistieron asombrados a un espectáculo en el que tenían tribuna preferente.

Pronto me rodeé de una nueva banda, un grupo con el que se suponía que llegaría la verdadera Edad de Oro y en el que predominaban los aduladores y los seres mediocres. Terminas por caer en tus propias trampas y te dejas ir porque resulta muy fácil escuchar la musiquilla de los que te adulan. Ahora entiendo que tenía que pasar por ello para aprender la lección y así fue. Cuando cocinas, además de preparar los ingredientes tienes que dar tiempo a los mismos para que se produzca la magia. En esa época yo estaba cocinando sin saberlo algo que estaría preparado mucho más tarde. El gatillo que me despertó de mi sueño fue la voluntad decidida que tenía de emigrar. Sentía que me faltaba algo aunque no sabía lo que era, intuía que pese a lo que me decían, había un mundo increíble más allá y solo estaba esperando a que diera el primer paso. El día que firmé el contrato para ir a trabajar a los Países Bajos comenzó el fin de la supuesta segunda Edad de Oro, unos años que ahora veo como muy obscuros. Volviendo al hilo del comienzo, todo aquello que descubrí cuando salí del nido y comencé a volar me abrió los ojos y de repente comenzaron a caer aduladores, seres mediocres con los que ya no tenía ningún tipo de vínculo. Al mismo tiempo, un montón de nuevas relaciones fueron naciendo y creciendo. Cada una de ellas era un reto, una aventura increíble que me obligaba a superar barreras y destrozar esos límites que creía que existían. Mientras sucedía, descubrí que aquellos con los que comenzó todo eran en realidad seres excepcionales y mi instinto no me había engañado. Me embarqué en una campaña titánica para levantar nuevos puentes y llegar a ellos, algo difícil cuando tú mismo te has encargado de dejarles bien claro el lugar que les corresponde y has abusado de la dinamita. Por suerte hay un puñado de cosas que se me dan de forma innata y reparar mi red social es una de ellas. Han sido unos años en los que he tenido que hilar fino jugando con la desventaja que dan los tres mil kilómetros de distancia pero no me dejo amilanar por algo tan nimio. Todos, tanto aquellos con los que he vuelto a reencontrarme como los que llegaron posteriormente asumen que no es fácil y que es un reto también para ellos y saben que yo ya he aprendido a detectar la mediocridad y ahora no pierdo mi precioso tiempo con ese tipo de gente. Ahora sé que siempre he vivido en una Edad de Oro, que tengo la suerte de descubrir gente fantástica y conectar con ellos y tumbar las barreras que puedan tener sin excesiva dificultad, aunque llamarlo suerte no me gusta porque sería casi tanto como poner en manos del destino algo que definitivamente está en nuestras manos.

Para completar este círculo que no lleva a ningún sitio, repetir que mi paciencia con los mediocres es también mucho menor que hace unos años y ya no caigo en sus trampas ni los dejo mover ficha. Son como mosquitos que cuando descubres chupándote la sangre, los aplastas de un manotazo y disfrutas ese instante supremo de poder cuando los sientes explotar por la presión.

5 opiniones en “Mediocres”

  1. Tómate tiempo en escoger un amigo, pero sé más lento aún en cambiarlo (Franklin, el del pararrayos) y yo añadiría, y si merece la pena, esfuerzate en recuperarlos.

  2. Jean, yo tengo una facilidad increíble para conectar con la gente y que el afianzamiento de los vínculos avance rápidamente sin sacrificar la calidad de los mismos.

    Saulo, yo actualmente funciono sobre sulaco 2008+

  3. Buf…entiendo todo eso que cuentas muy bien. Aunque creo que no he llegado a la perfección…pero como tú me niego a creer que ESTO es lo mejor que hay….sé que hay más, por mucho que digan que esto es lo que hay y que hay que conformarse. Ni me gusta el conformismo, ni la mediocridad…

  4. No dudo que vayas por la versión 2008+. Otros decidieron hacerse funcionarios en alguna iteración y ahí se quedaron 🙂 En mi caso sigo esperando dominar el mundo. En minúsculas, para que no se me presente la CIA en casa.

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