Menea la cadera, menea la cintura

Está claro que el proceso para convertirme en el gran campeón africano de patinaje de velocidad me está llevando por caminos insospechados. Ya habéis visto que me pongo a la pata coja, que controlo mi equilibrio y que prácticamente soy un caballero Jedi dispuesto a derrotar cualquier obstáculo que se ponga delante mío. La semana pasada, como todos los jueves, fui a clase. Por primera vez conseguí salir de mi casa a tiempo, con todo y muy relajado. En las alforjas de mi bici iban los patines, un polar, el gorro fastuoso de invierno, uno de diseño precioso porque como dice un amigo, no se trata de no pasar frío sino de despertar la admiración ajena. También llevaba una bolsa con mi objetivo 24-70mm, el cual he prestado a mi más-mejor-amigo el Rubio, dos magdalenas y una cerveza Erdinger. Crucé la ciudad a un ritmo sosegado ?? miento ?? hasta cuando no tengo prisa me pico conmigo mismo y mi sombra e iba a todo meter por el Oudegracht, adelantando a todas esas chamas celulíticas que tienen unos culos como panderos y que parece que van a reventar los neumáticos de sus bicis. Llegué al Vechtsebanen con quince minutos de tiempo y tras usar mi carné para entrar, me puse los patines, guardé la chaqueta y todo lo demás en una taquilla, me puse el polar y me senté a esperar al Rubio, el cual también llegó antes de tiempo. Charlamos un poco y a la hora prevista entramos en la pista. Di un par de vueltas de calentamiento y como parecía que el resto de mis compañeros no llegaban, la chocha de mi profesora me animó a dar un par más. Opté por practicar el concepto de la pata coja y tratar de hacer un largo del anillo con menos de diez tandas de impulso, algo que logré. Al final en clase éramos solo siete, seis chamas y el campeón africano. La profesora nos mandó un ejercicio de parejas y se puso conmigo. El Rubio me vio de lejos y si no es por las botas de patinar, se muerde las uñas negras de los dedos de los pies de envidia cochina. Se trataba de cambar la pata izquierda un poco para preparar el cuerpo y cuando crucemos las piernas patinando en curvas no nos vayamos al suelo. La idea es sencilla. Pones la cuchilla con ángulo y apoyas todo tu peso en la rodilla y balanceas tu centro de gravedad. Es jodidamente difícil y me tomó una vuelta a la pista para cogerle el tranquillo. Como iba de la mano de mi profe, en la que me apoyaba para no perder el equilibrio, todos los machos cabríos me bufaban y yo les sonreía con mi dentadura perfecta y que a día de hoy sigue sin tener un solo diente alterado por ningún proceso mecánico. Después de esa vuelta mi profe me dejó solo y se fue a controlar a las necias inútiles de mis compañeras. Yo seguí a mi bola y tras tres vueltas regresé al punto de partida. Después vino un ejercicioi para menear la cadera, menear la cintura y así aprovechar la inercia producida con esos meneos para ganar en impulso. Este complementa el descenso del punto de gravedad, la pata coja, el impulso horizontal y todos los demás, solo que ahora al girar la cadera producimos más energía y joder, es que no corro, vuelo por la pista y sigo sin saber como coño frenar. Empecé, dejé a mis compañeras media vuelta de ventaja y arranqué. Primer intento, un poco chapuzas, segundo intento, casi que lo consigo y al tercero, chás, algo encajó en su sitio y de repente pensé cómo no se me había ocurrido esto antes ya que es lo natural. La profesora se puso a mi lado mientras yo surcaba el anillo a velocidad crucero y me dijo que era el puto amo, lo cual sabemos todos que es cierto. Ahora, con mucho menos esfuerzo, avanzo más lejos y más rápido. Es increíble. Mi cuerpo se mece en la pista como un junco, doblándose suavemente a un ritmo que marca algún péndulo interior y mientras me mezo, corro como una bala por los cuatrocientos metros de pista esquivando a todos los inútiles y torpes que siguen sin captar el concepto. Definitivamente, yo nací para el hielo.

El resto de la clase fueron ejercicios para practicar esto y lo de la curva y cuando acabamos yo ya hacía mis pinitos a lo de cruzar las piernas girando, movimiento de máxima dificultad que no me parece excesivamente complicado. A las nueve y media cerraron la pista cinco minutos para limpiar el hielo y retirar la sangre de las dos o tres caídas que hubo y elRubio y un servidor esperamos para regresar y continuar practicando hasta las diez de la noche. ?l también estaba muy satisfecho de su clase y ambos vemos como cada vez estamos más cerca de la perfección. Ahora solo nos falta que lleguen las heladas, que se congelen los canales y nos haremos ochenta o noventa kilómetros como si dijéramos con la punta de la polla. Cuando terminamos nos tomamos una cerveza mirando a las niñas de patinaje artístico y con ellas había tres tíos que si van a Galicia, la gente se pondrá histérica perdida porque con semejante mancha de aceite, creerán que aquello es el Prestige 2. Cuando nos íbamos a ir el Rubio se dio cuenta de que su carné había desaparecido y fuimos a preguntar en la recepción pero nadie lo había encontrado. Apareció al día siguiente. En todas las clases el Rubio siempre ha perdido algo. La chama de la taquilla ya lo tiene catadísimo. Yo le he dicho que si no quiere llevar cartera, que se compra una maricona y que ponga dentro las cosas, pero no me hace caso.

Caminamos juntos hasta su coche, charlando y riéndonos y nos despedimos aunque nos volvíamos a ver el sábado. Yo regresé a mi casa de nuevo picado conmigo mismo aunque algo cansado porque con los palizones que me estoy dando de bici y deporte de riesgo, se me están poniendo unos músculos en las patas que ni pa’ qué.

7 opiniones en “Menea la cadera, menea la cintura”

  1. ¿La chocha de tu profe habla?
    ¡Como me gustaría charlar con ella!…jajaja
    ¿Ahí la prensa o tv, habla de la holandesa guerrillera en Colombia?
    Por cierto, está buenísima…
    Salud

  2. huitten, sigue soñando …

    Genín, yo lo leí en la prensa española. Estoy de acuerdo contigo. A esa la veo yo en medio de un gang bang pero que ya.

    Darliz, lo dudo. Está muy acostumbrada a los babosos.

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