Mi graduación en el cruzamiento de piernas

El jueves como suele ser habitual me tocaba mi clase semanal de preparación pre-Olímpica de invierno ya que estoy dispuesto a ser el Gran Campeón Africano de patinaje de velocidad y que la gente se emocione hasta las lágrimas viéndome llegar en las carreras veinte minutos más tarde que el resto pero manteniendo el pabellón del continente bien alto. Esto solo será posible si de una vez por todas dinamitamos Españislavia y vivimos el nacimiento de la Gran República Platanera del Noroeste del África, la cual por supuesto tendrá al mismísimo Alí Baba de presidente y a sus cuarenta ladrones de ministros. Como parte de mi preparación para la clase me encochiné a conciencia y me hice una cena de esas que te dejan a puntito de potar la comida. Mi más-mejor-amigo también hace deporte conmigo así que preparé una bolsita con Brownies caseros, una cervecita y algunas otras delicias para la Primera Familia. Milagrosamente salí de mi casa con tiempo y pedaleé relajadamente hasta la Vechtsebanen, lugar que se ha convertido en mi segundo hogar. Al llegar allí me apropié de una taquilla, metí mis cosas y mandé un iMessage al Rubio con el número de la taquilla y la contraseña y ahí mismo me respondió disculpándose una y otra vez por la gloria de Mambrú ya que le había atacado un mal de estómago de algún tipo y estaba sentado en el trono de su casa jiñando las escrituras y hasta lo que no se escribió.

Si fuera otra persona me lamentaría un montón y sufriría y eso pero como las clases me encantan y las hago porque me da la gana, le deseé que se mejore y dos o tres segundos más tarde ya ni me acordaba. La Tanqueta (o la Toronagasaga) regresó tras una semana de ausencia y enseguida se me acercó por si hacemos las prácticas juntos. Ya he dicho que esta chica que es bellísima interiormente hasta el infinito y más allá, en el exterior tiene un par de toneladas adicionales y eso la convierte en un elemento valioso cuando quieres hacer ejercicios que requieren de una persona que te sujete. El asiático que hay en mi grupo me la ha intentado robar en un par de ocasiones pero no lo ha conseguido.

Comenzamos la clase con ejercicios para descender el centro de gravedad. Yo lo he dicho y lo reitero, como nos sigamos agachando voy a terminar dejándome las almorranas pegadas al hielo porque a veces más bien parece que vamos a echar una jiñada en el lugar. La persona de complexión fuerte (o sea, la gorda) no se agacha demasiado porque toda esa carne que almacena para los años de la hambruna bajo los muslos no se lo permite y me mira con envidia cuando me ve pegando el culo al suelo. En estos ejercicios mi profesora dice que si los haces bien te tienen que doler los músculos que al parecer existen en la zona de los muslos y efectivamente, duelen. Después de un rato pasamos a los odiosos ejercicios para mejorar nuestro equilibrio y balance. Lo de patinar con una pierna mientras con la otra bailo el twist es la monda y parece que pego patadas al aire. Estos son los ejercicios más difíciles para mi y la profesora lo sabe. Mi problema es que al ser bulímico-anoréxico, a mi cualquier airote me tira y agitar la pata crea corrientes de aire similares a las de los tornados que hacen que pierda la dignidad ya que agito las manos para compensar el problema. Tras tres de estos ejercicios en los que se va incrementando la dificultad, ya que primero vamos a la pata coja, después vamos a la pata coja agachados y finalmente vamos a la pata coja agachados mientras saltamos de pata a pata y bailamos el twist y en los que conseguí no caerme, llegamos al cruzamiento de piernas. A estas alturas lo sé casi todo sobre el tema y si fuera una chama le podría explicar al resto de la manada lo que tienen que hacer para que no se les vea el potorro cuando avanzan a pelo por el mundo. No olvidemos que grandes intelectuales de la talla de Paris Hilton han enseñado el mejillón por no conocer la teoría. La profesora nos prohibió usar el comodín del compañero de prácticas y nos dijo que cada palo debe aguantar su vela. La vacaburro no estaba muy convencida y yo por si acaso me puse lejos de su alcance ya que si se cae, arrastra al resto de la pista consigo, algo que he sufrido en mis escasas carnes propias. Mi manera de aprender es rara o más bien rarísima. La semana anterior nos explicaron la teoría y los ejercicios me salían fatal y siete días más tarde parece que nací patinando. Hice unos cruzamientos de piernas impecables, sin elegancia pero prácticos. En la segunda tanda de ejercicios la profesora nos dijo que había que cruzar dejando la pierna que desplazamos pegada al hielo. Suena tan jodido como en realidad es y sudé tinta de calamar para no caerme. En el tercer ejercicio aflojó un punto y nos dijo que hiciéramos cruzamientos de pierna como a cámara lenta y manteniendo la pierna baja y de alguna forma toda la teoría y las incontables horas de práctica se alinearon correctamente y casi sin darme cuenta me vi cruzando las piernas como el atleta de élite que en realidad no soy. Un éxito inconmensurable.

Al terminar la clase salí por patas a cambiarme, operación que requiere no solo quitarme los patines y ponerme las botas sino además cambiarme la chaqueta ya que patino con un polar gracias a mis calentamientos internos y con toda la comida que le llevé al Rubio regresando conmigo, volví a mi casa temprano con la clara idea de acostarme pronto puesto que al día siguiente me levantaba a las tres y pico de la mañana, pero esa es otra historia …

10 opiniones en “Mi graduación en el cruzamiento de piernas”

  1. Hoy estoy con sulaco, a mucho uso que le den, tampoco es cuestión de luego dejarlo airear.

  2. Y no nos olvidemos que estamos a pocas semanas del inicio de la temporada de los avistamientos y que una de cada diez pavas lleva el chichi al fresco en bicicleta y yo no estoy particularmente interesado en mirar a la gente a los ojos.

  3. Hombre eso es obvio, como lo es también que si no se abren de piernas no hay nada que rascar, de ahí mi comentario…jajaja
    Salud

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