Mi primera vez ??

Mi primera vez fue en octavo de la E.G.B.

Si alguno ya se está relamiendo de gusto y se cree que aquí va a caer el bombazo del milenio, ya os podéis ir a dar una ducha de agua fría porque no sucederá.

No recuerdo muy bien para qué asignatura fue porque ese profesor me tocó en diferentes ocasiones a lo largo de los tres últimos cursos pero sí que recuerdo el tema. Era sobre la historia de la aviación. En aquella época no teníamos Internet así que tuve que ayudarme de los libros que mis padres me habían ido comprando durante varios años. Como todos los chiquillos, yo también soñaba con ser piloto y me fascinaban esos pájaros metálicos que veías en el cielo. Saliéndome del asunto, recuerdo que a una compañera de la universidad la rechazaron en las pruebas para controlador aéreo cuando le preguntaron la razón por la que quería convertirse en uno de ellos y respondió que desde que era una niña siempre había soñado con ser controladora aérea. Si la hubieran tenido conectada a un polígrafo, lo quema con tremenda mentira. Nadie quiere ser controlador aéreo de pequeño. Sólo cuando comprendes el valor del dinero y buscas ganar más trabajando menos es cuando miras hacia esa profesión con algo de interés y mucha codicia.

Volviendo al tema, en mi primera vez tenía que desarrollar el tema de la historia de la aviación en unos cinco minutos. Formaba parte de las cosas que había que hacer en ese último año de enseñanza básica. Tuve que hacer un guión, expandir cada uno de los puntos y poblarlos con información relevante e interesante y después buscar la manera de transmitir aquello que tenía sin que se notaran demasiado las pérdidas de sincronismo y sin ponerme nervioso. Ensayé en mi casa repitiendo mi presentación una y otra vez hasta prácticamente aprendérmela de memoria y para cuando me tocó exponerla, tenía un nudo de tensión en el estómago que desapareció en el momento en el que comencé a hablar.

Con tantos años pasados en aulas, ya había notado que los mejores profesores no solían fijarse en una sola persona y paseaban la vista por la clase sin detenerse en nadie. Deduje que mantenían su vista enfocada en algún lugar de la parte trasera del aula y eso fue lo que hice. Todo lo demás vino rodado. Acabé mi presentación y me sorprendió un poco que los compañeros y el profesor aplaudieran. Conseguí un sobresaliente.

Después vinieron más presentaciones, en ocasiones con una gran audiencia y descubrí que no tenía ningún problema en hablar en público y en tener el control de mi actuación. En la universidad, en el trabajo o en donde sea, puedo hablar sin problemas sobre un tema que me haya preparado y el miedo escénico desaparecerá en el mismo instante en el que comienzo a hablar y la gente no notará que hasta una milésima de segundo antes estaba completamente aterrorizado.

Esta semana fue mi primera vez en holandés. Tenía que preparar una pequeña exposición de unos tres minutos para mis clases de neerlandés. El tema que elegí fue la fotografía de aves en los Países Bajos. Por gandulismo y por falta de tiempo no preparé nada y el día que tenía que exponer me lo pasé preparando mi guión, escribiendo unos párrafos para guiarme y seleccionando unas cuantas fotos de aves que quería enseñar. Todo fue muy vago y con la cantidad de material que tenía supuse que no me daría para más de un minuto y medio. Supuse muy mal.

Supuestamente teníamos que presentar dos pero la otra chica se excusó y yo le comenté a la profesora que apurando, apurando llegaría a los dos minutos. Me dijo que no importaba y que mejor algo que nada. Esta es la segunda presentación en este curso y aún no nos hemos acostumbrado al sistema que se usa. Nos dividimos en varios grupos y unos controlan la gramática de la persona que habla, otros el uso de coletillas, la claridad al hablar, la pronunciación, la repetición, el contenido y demás. Cuando todos tenían claro aquello a lo que debían prestar atención me dieron luz verde y puse en marcha el cronómetro de mi reloj. Miré hacia delante, leí por última vez la primera frase de mi chuleta y me lancé. Al igual que aquella primera vez tantos años atrás, el miedo era tan intenso que lo podía sentir en el estómago como una bola de tenis. Me aterrorizaba olvidar palabras, o saltarme alguna de las cosas que quería contar. En el instante en el que comencé, el miedo desapareció y expliqué a mis compañeros cosillas sobre la fotografía de aves en Holanda, les mostré algunas aves y llevé a mi audiencia por el camino que quería. Mientras hablaba los observaba y miraba sus caras, estudiaba sus reacciones y procuraba dejarme llevar por la Fuerza y no pensar en español. Dejé que el neerlandés fluyera desde las fuentes más recónditas de mi interior y cuando terminé miré el cronómetro y me quedé blanco. Habían pasado diez minutos y medio. Todos prorrumpieron en aplausos. Después llegó el momento de las críticas pero fueron bastante suaves y casi que lo peor es que mi acento es muy pronunciado en algunas palabras, algo que no puedo ni podré evitar nunca porque la forma de usar la boca para hablar holandés es totalmente distinta al español o inglés y hay sonidos muy sutiles que yo no puedo hacer. Confirmaron que comprendieron todo aquello que les dije, que se entretuvieron bastante con la presentación y que en ningún momento tuvieron la sensación de que me quedaba atascado, aunque mi profesora notó que en algunos momentos expliqué conceptos usando rodeos por desconocer la palabra adecuada.

Esta primera vez en holandés salió mucho mejor de lo que esperaba.

Hoy tuve otra primera vez y aunque no tenía que hablar, estaba igual de nervioso. Mi amigo el Moreno me pidió que lo sustituyera e hiciera las fotos de la firma de una alianza entre la multinacional en la que yo trabajo y otra gran empresa. Acepté y planeé el llegar a la oficina con tiempo para poder disparar unas cuantas fotos en la sala que iban a usar y así ajustar la cámara. Mi plan original era llegar a la oficina a las ocho y media y ajustar mi equipo durante diez o quince minutos ya que la reunión comenzaba a las nueve y la firma y sesión de fotos serían alrededor de las diez y media. Por primera vez este año me levanté antes que el reloj llegara a las siete de la mañana y salí de mi casa con un montón de tiempo. Por la noche había vuelto a nevar, la temperatura era de cinco grados bajo cero que se sentían como trece grados bajo cero por culpa del viento y por eso opté por el transporte público ya que no quería arriesgar el caerme llevando en mi mochila la cámara de fotos. En la parada ya había bastante gente y pronto quedó claro que el transporte público estaba tocado por la nevada. Estuvimos esperando unos veinte minutos hasta que llegaron dos guaguas juntas y el trayecto hasta la estación duró casi el doble de lo que suele ser habitual. Llegué al andén corriendo para no perder el tren pero también estaba retrasado.

En Hilversum, las guaguas se habían escondido y en la estación solo había una multitud que miraba los paneles, miraba la nieve y el hielo en las carreteras y volvía a mirar los paneles y meneaba la cabeza con resignación. Finalmente entraron un par de guaguas y entre ellas una que me llevaba a unos tres minutos de la oficina. Esos tres minutos fueron más bien diez porque las calles del barrio eran pistas de hielo.

Para cuando llegué a mi despacho eran las nueve y cuarto y el evento había comenzado. Hice un par de pruebas usando la mesa de mi despacho pero las condiciones de luz son totalmente distintas a la sala de juntas. A la hora esperada me avisaron y me acerqué al lugar con un nudo en el estómago y la inseguridad de no saber como saldría la cosa. Frente a mí, un puñado de próceres que representaban a ambas compañías. Sin ni siquiera saber como sucedió, pronto me vi dándoles órdenes, reubicándolos, explicándoles como debían mirar o hacia donde y les hice fotos firmando, estrechando manos, hablando y brindando con algo que parecía champagne. La sesión salió muy bien, las fotos estaban un rato más tarde en las manos de la gente del departamento adecuado y a primera hora de la tarde salía la nota de prensa.

Es curioso como las primeras veces parece que también gustan de arrejuntarse y en una sola semana he tenido dos. Aún quedan tres días y espero que vengan más tranquilos aunque sé que el sábado también tendré otra primera vez, una muchísimo más especial que las dos de las que he hablado. La hija mayor de mi amigo el Rubio va por primera vez al cine y lo hará conmigo, a la versión holandesa de la película de Walt Disney La princesa y la rana. Al menos ese día no seré yo el que esté nervioso. En el cine estoy tan a gusto como en casa.

8 opiniones en “Mi primera vez ??”

  1. Esa nena quizas nunca olvidara ese dia, muchas cosas tendra que vivir y ya el tiempo dira si te querra igual de aqui a 20 años pero aunque no quede en su memoria seguro que en su corazon si que quedara ese momento tan bonito. Besos.

  2. Enhorabuena, aunque dijeras que no, seguro que una vez que ya te has soltado si empiezas a hablar en holandés luego es pan comido. Por curiosidad, ¿piensas en castellano y lo traduces o te vienen a la cabeza las frases directamente en holandés?

  3. Con el holandés casi siempre lo pienso en uno de los otros dos idiomas y después lo traduzco. El día que comience a pensar directamente, lo hablaré sin más problemas.

  4. Qué bien, hijo, quién pudiera. Yo me bloqueo cuando tengo que hablar en público y no soy capaz de chapurrear ni un poquillo de inglés, aunque ahora tengo un profe escocés, que se empeña el chiquillo, pero no hay manera. Muchas felicidades

  5. Mientras leía pensaba que normalmente yo ya no te entiendo mucho cuando hablas de fotografía en español, ni me imagino lo difícil que tuvo que ser explicarse para tratar de que les llegue a cuatro como yo en holandés… mi madre. Olé por ti.
    Respecto a lo de la niña, espero que lo disfrutes mucho, yo llevé a mi hermano el pequeño al estreno de Toy Story (si, ya llovió!) y la semana pasada me lo recordó él a mi, como uno de los momentos más mágicos de su vida. Que orgullo sentí. Disfruta.

  6. DEBES pensar en el idioma que quieres hablar. Ya me lo dijo un jubilado aleman: if you translate, you’re lost¡
    Por cierto, sulaco, me ha encantado la redaccion de este post. El último párrafo con esas frases finales ha sido especialmente bueno, de lo mejor que te he leído.
    (¿qué cojones hago yo haciendote crítica literaria?)
    saludos

  7. Virtuditas, nos lo pasamos bomba. Al final el Rubio se apuntó y se llevó a su hijo de 3 años, el cual se aburrió un poco. Estoy seguro que su hija se acordará durante mucho tiempo.

    marco, lo que todo el mundo incluyéndome a mí tiene claro es que si no lo hablo es porque no me da la gana.

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