Mi reencuentro con Vueling camino de Barcelona

Como estamos en familia, ya sabéis que en el pasado aproveché todos los destinos españoles de Vueling y estuve en Málaga, Sevilla, Madrid, Barcelona y Valencia saliendo desde Amsterdam. Eso fue en la época en la que sus billetes eran asequibles, sus aviones impecables y tenían un aura de buen rollito que se nos pegaba a los pasajeros. Ha llovido un montón desde entonces y el Vueling que me encontré a finales de junio no fue igual. En primer lugar sus precios son igual de caros o más que los de las compañías tradicionales y dependiendo de como viajes pueden resultar hasta más caros ya que has de pagar más por facturar maleta, por elegir asiento y por todo aquello que se les ocurre.

Como mi amigo el Turco me comentó lo del U2 360º Tour con muy poco tiempo, cuando miré para buscar pasaje, mi primera opción, que era KLM, ya no tenía plazas disponibles. Después busqué a través de Iberia, Vueling, Clickair y de Ryanair volando desde Eindhoven a algún lugar a más de cien kilómetros de Barcelona y que los de Ryanair llaman con toda su jeta Barcelona y se quedan tan anchos. De entre las diferentes posibilidades la que mejor me venía era la de Vueling ya que tanto en la ida como en la vuelta pillaba los aviones en los horarios que me interesaban. Recuerdo cuando viajaba con ellos por menos de cien euros ida y vuelta. Ahora fue una clavada de esas que duelen, sin vaselina para que te entre más suave.

Todo comenzó con una maleta

El día que volaba volví a casa después de trabajar, cené y después me marché hacia el aeropuerto. Como siempre, todo comienza tomando un autobús que me lleve a la estación central de Utrecht y por casualidades de la vida, en los paneles de publicidad de la parada aparecían Pe y Almodóvar promocionando su nueva película. No sé, la edad le está sentando fatal a ese director, cada vez me recuerda más al caniche que teníamos en casa hace un montón de años.

Watertoren en Utrecht

A medio camino pasamos uno de los puentes que dejan ver una de las múltiples torres de agua que suministran el preciado líquido a las viviendas de la ciudad. Son unas cisternas enormes que se construyeron hace la tira de años y que aún siguen en uso. Hay una ruta turística muy bonita en bicicleta por la ciudad de Utrecht yendo por las diferentes torres de agua y aprendiendo sobre su historia y arquitectura. Por supuesto no es algo que se promocione con los turistas extranjeros, es más bien para el turismo local.

En el trenAeropuerto de Schiphol

En la estación, tomé uno de los trenes Intercity que salen cada quince minutos hacia el aeropuerto y que te llevan al mismo en media hora. Era uno de esos de dos plantas y me senté en la superior. Mientras viajaba me entretuve leyendo las revistas y periódicos gratuitos que dan en las estaciones de tren y que son varios. Al llegar al aeropuerto fui directo al control de seguridad y entré en la parte reservada a los viajeros. Vueling, Clickair e Iberia están situados en la terminal conocida como el Más Allá porque se tarda veinte minutos en llegar al lugar. Mientras avanzas y pasan los minutos te entra una sensación extraña, como si estuvieras yendo hacia otro aeropuerto.

Aviones esperando pasajerosUn vueling

Por el camino aproveché para hacerle una foto con el móvil a un grupo de aviones de KLM y para cuando llegué a la puerta de salida, allí se empezaban a agrupar los pasajeros. Media hora antes de salir el vuelo comenzaron a anunciar el retraso y cambio de puerta. A la hora a la que deberíamos haber salido no había ningún avión de Vueling enganchado a la pasarela y aún tardó un gran rato en aparecer. Entramos al avión y nos fuimos ubicando en donde nos tocaba. Como casi ninguno estamos dispuestos a pagar por escoger asiento, nos tenían agrupados a todos en la parte delantera del avión y habían huecos en el centro que una vez se cerraron las puertas se llenaron con gente que se cambió de sitio y gracias a eso, el asiento al lado del mío se vació. El piloto anunció que el avión salía con más de una hora de retraso por llegada tardía del vuelo anterior algo que hasta un subnormal podía deducir sin problemas ya que nos pasamos una hora mirando a un espacio vacío frente a la puerta por la que teníamos que embarcar. Con todos sentados comenzó el cachondeo habitual de las operaciones previas al despegue. Las azafatas se veían agotadas, con cara de mala hostia y su alegría y amabilidad brillaba por su ausencia. Una de ellas comenzó a pasar mirando a la gente que estaba leyendo y encendiéndoles la luz superior y al hacerlo descubrimos que un montón de luces de lectura ya no funcionaban. Ella pulsaba el botón y no pasaba nada y seguía de largo, sin preocuparse en absoluto. No era una sola luz estropeada, eran legión. Te da muy mal rollo ver como se descuida el mantenimiento de los aparatos. Es la segunda vez que voy en un avión en el que hay cosas que no funcionan bien. La primera vez fue con Futura Air, en un charter y aquel día aluciné en colores. Alguien llamó a la azafata y le explicó que la luz no se encendía y ella hizo el paripé de tratar de encenderla pulsando el botón unas cuantas veces y optó por decirle que lo notificaría para que lo reparen pero la vimos marcharse a la parte anterior y ponerse a despellejar al prójimo junto con el colega que estaba allí y pasar totalmente.

El avión despegó y una vez en el aire empezó el zoco ese que montan para tratar de venderte cualquier cosa a precios abusivos y más caros que en cualquier tienda de barriada. Increíble la desvergüenza con la que lo llaman artículos libres de impuestos. Es preferible acudir a una tienda normal y pagar los impuestos y aún así te ahorras de un diez a un veinte por ciento. El vuelo transcurrió sin demasiadas incidencias y a las dos horas llegamos a Barcelona, cerca de la medianoche. En aquella época Vueling usaba la terminal más alejada y cutre del aeropuerto y después de salir y pasar por la misma de puntillas, busqué la parada de taxis y pillé uno que me llevó hasta el hotel en el que me hospedaba y mientras el hombre conducía como un loco y con la radio a todo meter, traté de hablar con mi amigo el Turco para descubrir el lugar en el que estaba y así encontrarme con él después de largar mi maleta en la habitación.

Nuestro hotel estaba al lado de la plaza de Cataluña y el Turco me esperaba en la Plaza Real así que cerca de la una de la mañana bajé por la Rambla hacia el punto de encuentro. Aluciné en colores. Aquello estaba lleno de putas que te acosaban, insultaban gente y te creaban una sensación de inseguridad increíble. Estuve en Barcelona hace tres años y recuerdo que entonces era una ciudad agradable y en la que te movías tranquilamente tanto de día como de noche y solo te tenías que preocupar por los rateros rumanos que rondaban las paradas de autobús pero es que esta vez la gentuza estaba por todos lados y cuando vi al Turco me comentó que se estaban moviendo en taxi a todos lados para evitar a toda esa chusma que estaba por las calles.

Nos pasamos la noche de marcha, yendo de local en local, pagando por entrar en alguno de ellos y bebiendo como cosacos ya que al final de lo que se trataba era de divertirnos el par de días que estábamos juntos. Para cuando volvimos al hotel, el sol amenazaba con salir en cualquier momento.

En Un viaje con trueque de Vueling por Clickair tienes el relato del viaje de vuelta

4 opiniones en “Mi reencuentro con Vueling camino de Barcelona”

  1. Esta claro que Vueling ya no es lo que era. Recuerdo que a parte que eran los billetes mucho más baratos, todo estaba limpio y los/las azafatas hasta parecía que disfrutaban con su trabajo. Hasta un vez presencié y participé cantando el cumpleaños feliz a una de ellas mientras repartían bombones… (un despligue de medios comparado con las escaseces que se gastan ultimamente)

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