Una palabra tuya

Una palabra tuyaTodos los domingos por la mañana lo primero que hago nada más levantarme es ir a la página del periódico El País y buscar la columna de Elvira Lindo para leerla. Lo llevo haciendo desde hace la tira de años. Durante la época en la que no permitían el acceso a su contenido, era razón más que suficiente para comprar el periódico. Me encanta la forma de escribir de esa mujer. Si algún día hacen audiolibros con su obra los escucharía pero hasta que llegue ese momento me tendré que conformar con su columna semanal. Cuando estaba mirando la cartelera y vi que había una película basada en una obra de Elvira Lindo me faltó tiempo para salir corriendo hacia el cine a ver la película. Se llama Una palabra tuya y con un poco de suerte aún la podéis ver en cartelera.

Dos julays amigas coquetean con el restriegue de chichis

A una joven la vida se le ha pasado sin darse cuenta. Tiene un trabajo de limpiadora, vive con su madre, es infeliz y no parece tener ninguna perspectiva de mejorar su existencia. Es básicamente una pobre desgraciada. Un día se encuentra con una amiga del colegio, algo chiflada y que es feliz como una lombriz sin nada. Trabaja de taxista y pronto vuelven a ser uña y carne. Así comenzará el viaje de ambas. Terminarán trabajando en el servicio de limpieza de la ciudad, de barrenderas y mientras una descubre que quizás has de disfrutar de lo poco que tienes y tratar de ser positivo, la otra entrará en una espiral de destrucción que no augura un buen final. Su amistad se verá expuesta a terribles turbulencias y solo a través del perdón lograrán salvarla.

Lo primero que me llamó la atención al ver la película fueron los chispeantes diálogos, muy del estilo de Elvira Lindo. La relación entre las dos amigas es muy intensa y pese a que al verlas uno piensa que tirará hacia el lado de la comedia, es un drama en el que prácticamente todas las historias colaterales son aún más terribles que la principal. Tanto la interpretación de Malena Alterio como la de Esperanza Pedreño son fantásticas y hacen esta historia muy creíble. De su mano sabremos lo que se siente el no tener trabajo, al estar solo, al tener que atender a una persona enferma que se apaga lentamente y también veremos lo poderosa que puede ser la amistad y lo fuerte que son los vínculos que se forman.

Una pequeña maravilla que merece la pena ver y a la que tendréis que ir con gente que tenga estómago para el drama y cuyos cerebros no hayan sido aniquilados con tanta película de superhéroes y efectos especiales durante este verano.
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Wild Child - Megapetarda

wildchildUn día antes de irme de vacaciones a Gran Canaria fui al cine en Amsterdam para una megasesión. Cuando cuadraba las películas que iba a ver entre los dos multicines a los que siempre voy (y que están separados por menos de cien metros) tuve que elegir una de esas pelis para adolescentes que acaban en televisión más pronto que tarde y a las que por decoro ya no suelo acudir. Llegué tarde al cine y cuando entré las luces estaban apagadas y no vi la fauna que había allí dentro aunque sí que noté que aquello estaba de bote en bote. La película se llama Wild Child y cuando se estrene en España en noviembre la conoceréis como Megapetarda. Como en ocasiones anteriores, me pregunto que retorcida debe ser la mente del capullo que hace las traducciones de algunos títulos para cagarla de tal manera y condenar la película al fracaso solo con una palabra tan desafortunada. Espero que a ese pájaro consiga un pleno de arretrancos con todas sus hijas en castigo por lo que ha hecho.

A una julay quinceañera la meten en un internado y se dedica a joder hasta al tubo de pasta de dientes

Una niña rica es encerrada por su padre en un internado británico de esos en los que los niños parecen psicópatas y los profesores podrían muy bien pertenecer al clero pederasta de cualquier iglesia. La pobre llega con toda su ropa de marca, su glamour, su soberbia y tiene un aterrizaje dramático. Su mundo se viene abajo y lo único que quiere es escapar de allí. Para eso tendrá que conseguir que la echen y ayudada por unas compañeras que tampoco la quieren se pone a trabajar duro para conseguirlo. Cuánto más lo intenta, más le gusta el lugar y hará un montón de descubrimientos que cambiarán su vida para siempre.

No hace falta que me lo diga nadie. Es una película para adolescentes. No hay ninguna concesión para el intelectual que ninguno llevamos dentro. Puro divertimento insubstancial y perecedero. Y funciona. Todo un ejercicio fascinante de como un petate en potencia se puede enderezar y convertir en un putón verbenero que sabe apreciar y disfrutar de las grandes cosas que tiene la vida, como pueden ser el maquillaje, la ropa, las amigas tontas y un buen maromo que se la meta hasta los güevos. En esta película no hay descanso, las trastadas que va organizando esta chiquilla se suceden unas a otras y en todas te tienes que reír, tienen un gran encanto y aunque cualquiera que la vea lo negará, sales del cine con la sensación de haber pasado un muy buen rato, simple y quizás sin esos diálogos rebuscados propios de un guión basado en una obra de Jane Austen, pero a quien coño le importa si a lo que vas es a entretenerte.

Al encenderse las luces de la sala descubrí que el público estaba compuesto por unas doscientas chiquillas y un servidor y definitivamente, era el más viejo en la sala. Por suerte me divertí tanto como ellas y no tuve que hacer una cola horrorosa en el baño porque no había competencia.

Nadie se acordará de ella para cuando se estrene en España y con el título que le han puesto me temo que no atraerá mucho público pero si tenéis oportunidad, id a verla si lo que queréis es un rato de sano espectáculo.
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Los girasoles ciegos

losgirasolesciegosLos que llevan viniendo a Distorsiones toda una vida seguro que recordarán las aguas turbulentas por las que navegó esta bitácora en abril del año 2006 cuando en un aciago día hablé de la película Azul oscuro casi negro. La mayor parte de los comentarios han sido eliminados y sólo podréis atisbar una ínfima parte del iceberg que creció bajo mis manos y que salpicó a varias bitácoras. Cuando la semana pasada miraba los estrenos españoles para ir al cine, si llego a tener una buena conexión de Internet e investigo algo más, seguramente habría detectado que uno de los protagonistas de Los girasoles ciegos aparecía en esa película y habría dudado antes de ir al cine. Por suerte no fue así y hoy podemos hablar de ella.

Un julay pajero se la casca entre curillas

La guerra civil española dejó un montón de heridas abiertas, familias rotas y un país aplastado por los vencedores. En ese mundo, una mujer trata de sobrevivir escondiendo en su casa a su marido y viendo como su hija y su novio se marchan del país. En el colegio de su hijo pequeño, un diácono que luchó en la guerra y le cogió gusto a lo de matar se fija en ella y le quiere poner la pierna encima y la mujer tendrá que luchar contra el acoso del diácono y las condiciones cada vez más difíciles en las que se mueven los perdedores de la guerra. El drama se irá macerando y calentando hasta un final muy caliente en el que no hay vencedores y sí muchos vencidos.

Si alguien me dice a mí que voy a ir a ver una película ambientada en la guerra civil española y que me va a gustar me parto de risa. Debe ser que me estoy haciendo viejo porque yo hasta ahora he pasado por todas esas historias que nos han contado una y otra vez sin que se me pegara la más mínima compasión por ellas. Aquí tenemos un buen drama, construido de una forma muy sólida y que se ve claramente que está abocado al desastre más absoluto. Todos los personajes sufren de alguna forma, tanto aquellos que formaron parte de los vencedores como los vencidos. Entre todos se encuentra un país que da bandazos al compás de una nefasta iglesia católica en la que por cada buena persona que hay tienen cincuenta cabrones a los que de existir Dios, les tendrá que dar billetes de primera clase para el infierno. La protagonista está interpretada por una Maribel Verdú que se sale y que sigue teniendo un no-se-qué sexual que la rodea y te provocan pensamientos lascivos. Esta mujer vive entre dos mundos, saliendo a la calle y aparentando que su marido fue asesinado en la guerra, ignorando que su hija se fugó con un comunista y manteniendo en casa esa otra vida con el hombre al que ama y que tiene escondido en algún lugar de la casa. Su colisión con el diácono es terrible por la tensión sexual que surge de ellos. El pre-curilla se pone cachondo solo con verle los zapatos y no puede evitar el mandar a tomar por saco toda su exquisita formación para ser un siervo de Dios y sentir que lo que él realmente quiere es trincar a esa hembra y hacerla suya una y mil veces. Está interpretado por Raúl Arévalo y aunque me cueste he de reconocer que ha bordado su papel y brilla en este personaje lleno de ambigüedad. El trío lo completa Javier Cámara en un papel dramático que lo aleja un poco de su estilo habitual pero que ejecuta valientemente y de una forma muy creíble.

Esta es una película de historias duras, de velocidad lenta y en la que el espectador tendrá que tener el aguante suficiente ya que no es el típico guión al que estamos acostumbrados y en donde todo te lo dan masticado y listo para tragar. Personalmente me gustó bastante y aunque sé que es muy difícil recomendar cine español, esta creo que la deberíais ir a ver, aunque procurad no llevar a los amiguitos de la rama de los orcos que todos tenéis porque esos no tienen capacidad de procesamiento neuronal suficiente para disfrutar con este drama.
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El cine y Yo

Por aquí se habla muchísimo de cine ya que es uno de los vicios a los que tengo apego y del que no pienso prescindir. Voy continuamente a ver películas, en Holanda, en España o en cualquier otro lugar en el que me encuentre. Lo hago de una forma compulsiva y en muchas ocasiones ni siquiera discrimino para seleccionar títulos que me gusten. Le doy a casi todo y pese a los tropezones y los disgustos, sigo manteniendo mi fe y yendo a ver películas.

En Distorsiones hay cientos de anotaciones sobre Cine y quizás por ese exceso entre conocidos y amigotes hay un par de corrientes totalmente equivocadas ya que pase lo que pase, ninguno tiene la razón. Los hay que dicen que soy muy duro y me ensaño con las películas desmontándolas sin misericordia. Eso no es cierto. También los hay que me acusan de complacencia y ñoñería y de hablar demasiado bien de cosas que no merecen ni un pase por la tele en horario de madrugada. Tampoco creo que estén en lo cierto.

Lo único cierto es que voy al cine, veo las películas y comento lo que me parecieron a mí. Es mi opinión, mi visión de la historia, mis sensaciones y mi subjetiva y equivocada opinión. No busco nada más. Ojalá todo lo que veo me encantara, yo sería la persona más feliz del mundo pero no siempre es así. Voy al cine porque me gusta y procuro tener un espíritu abierto y no desechar títulos solo por razones subjetivas. Después me llevo los palos que me llevo, pero para eso está la bitácora, para desahogarme y soltar todo ese karma negativo que te cierra las chacras.

No le deis ninguna importancia a lo que yo pueda decir, porque no la tiene y centraos en el concepto importante que no es otro que ir al cine con frecuencia para que no se muera la industria.

Turbulencias

- Tripulación, entrando en pista para el despegue. Buen viaje — se escuchó por megafonía.

En esos momentos la gente se queda quieta y salvo algún chiquillo que se revuelve en su asiento, todos contienen la respiración y esperan a que esa loca carrera con un ruido ensordecedor acabe pronto y el pájaro levante el vuelo. Isabel volvía a casa después de una semana de vacaciones en Creta y lucía un precioso bronceado. Iba ligera de ropa ya que al entrar al avión la temperatura era de más de treinta grados y al llegar a su destino también haría calor. A su lado estaba su última conquista, una muesca más en su rifle, un joven ejecutivo al que le sacaba quince años y que la miraba arrebolado. Ella le daba todo aquello que él quería sin poner objeciones. Era una diosa sexual y lo sabía. Su cuerpo se mantenía en perfectas condiciones gracias a un riguroso programa de mantenimiento que le costaba mucho tiempo y dinero. Ni lo uno ni lo otro eran un problema para ella. Su vida era una fiesta eterna que deseaba que no acabara.

Tras unos minutos tomando altura el avión se estabilizó y comenzó el baile de azafatas a su alrededor, ofreciendo comida y bebida y procurando que se encontraran lo mejor posible. Esa era la ventaja de volar en primera, el servicio. Ambos se hacían cariños y se juraban amor eterno, una mentira conocida para una mujer que solo se podía querer a sí misma. Con unos vasos de champaña brindaron por el porvenir. A este joven aún le quedaba cuerda para un par de meses. Después tendría que plantearse el finiquitar la relación, pasar por quirófano y buscarse uno nuevo. Se paró un momento a pensar cual podía ser la parte más divertida de todo el proceso pero no pudo porque todas le gustaban por igual. Seleccionar la víctima, tender la trampa, flirtear, el primer beso, el primer abrazo, el primer revolcón, la primera pelea, las primeras vacaciones y después la estabilidad previa a la ruptura, el mantenimiento de su cuerpo y vuelta a comenzar. Es muy dura la vida disoluta del vividor.

Estaban brindando por enésima vez cuando el avión se sacudió un poco y se encendió el indicador del cinturón de seguridad. Enseguida las azafatas avisaron al pasaje para que se mantuvieran en sus asientos debido a las turbulencias y para que se abstuvieran de andar. Una de ellas les recordó que se debían amarrar los cinturones y eso hicieron. No era nada del otro mundo, todos hemos pasado por esto en ocasiones anteriores, unos minutos de vibraciones y después vuelve la calma. Ella miraba a su hombre con esos ojitos tan hermosos y le transmitía su total y completa entrega, muy puesta en su papel de enamorada cuando el avión se sacudió bruscamente y comenzó una caída más acusada. Aquello era como una montaña rusa o quizás peor. Los motores hacían un ruido horrible y la gente gritaba en el interior del avión, agarrándose a donde podían. Algunos compartimentos se abrieron y su contenido salió despedido hacia afuera. El avión caía cada vez más rápido y aquello parecía no tener fin. Se oyó un golpe seco y vio que su novio tenía la cara manchada de sangre y algo más. Él la miraba horrorizado y ella, aturdida, no sabía qué hacer. Se llevó la mano al pecho y en ese instante supo lo que había pasado.

Le faltaba algo. En su pecho había un agujero del que salía algo de líquido. El pezón colgaba caído y mirando alrededor encontró lo que le faltaba, su implante de silicona de Corporación Termopatética estaba en el suelo junto a ellos. Se puso a gritar. Su novio también. Gritaba y trataba de alejarse de ella, a la que de repente veía como un monstruo horroroso que disparaba proyectiles.

El avión se estabilizó y ella se soltó el cinturón y salió corriendo hacia los baños gritando
- Mi teta, mi teta, se me ha caído mi teta

Un sapo real en el Club de las 500



Sapo, originally uploaded by sulaco_rm.

Tenemos que retroceder a la primavera del año 2005 para encontrar el origen de esta foto. Iba a volver a contar la historia pero mirando en los archivos me he dado cuenta que está muy bien explicado en la anotación Un sapo real y prefiero que trabajéis un poco y hagáis algo de esfuerzo. Una vez estáis ahí, es un buen lugar para saltar a Deconstruyendo el cuento de la princesa I, la historia que inspiró este sapo y a su segunda y tercera parte.

Tras una larga espera, hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.

Sticky & Sweet Tour - ¡VIVA MADONNA!

Ir a un concierto de la REINA es algo más que una experiencia religiosa. Uno se prepara durante semanas poniendo las canciones que componen el espectáculo en su iPhone para ensayar y recordar alguna letra que se puede haber difuminado un poco en nuestra mente.

Yo no sé si Dios existe y ni siquiera me preocupo en creer en ese ente etéreo creado por el hombre, para el hombre y sobre el que tanto se ha escrito. Tampoco me interesa esa dimensión adicional en la que es posible que se mueva. Yo creo en Madonna y es para mí lo más cercano a una Diosa que tengo. He crecido con ella, recuerdo su música en mi adolescencia, en el instituto, en la universidad, en todos y cada uno de mis trabajos y en casi toda mi vida. Uno de los hitos de mi vida sucedió en el año 2004 cuando acudí a ver el Madonna’s Re-Invention Tour. Ese día me juré que nunca jamás me perdería una de sus giras y aún estoy cumpliendo la promesa. Cuando dos años más tarde, en el año 2006 vino de nuevo, yo estuve allí, en el Confessions Tour 2006 y de nuevo viví una experiencia mística. En este tercer encuentro con mi diosa estuve acompañado por mi amigo el Moreno y su esposa, ambos también seguidores de la Divina. En esta ocasión teníamos entradas para el césped, de pie pero más cerca de Nuestra Señora. El día se presentaba lluvioso y desapacible pero por suerte el estadio Amsterdam ArenA tiene un sistema para cerrarlo completamente y dejarlo convertido en una preciosa cajita que resalta en el horizonte de la capital holandesa. Llegamos con tiempo más que suficiente y cenamos por allí a la holandesa, es decir, a las seis de la tarde.

Después nos dividimos para entrar en el estadio ya que pese a que todos teníamos entradas para el césped, el acceso era por puertas distintas. Nada más salir del metro ya habíamos visto a los fans que se plantan allí desde un día antes para conseguir un sitio lo más cercano al escenario. Yo no llego a tanto, me conformo con estar allí y disfrutar del espectáculo. Lo bueno del césped es que tenemos un acceso más fácil al alcohol y mientras esperábamos que empezara el concierto nos pusimos tibios. Ayuda mucho que exista un ejército de vendedores ambulantes que se acercan con sus barriles de cerveza Grolsch a la espalda y así no tienes ni que moverte.

Vendedores de cerveza ambulantes

Aquellos que crean que la mejor cerveza holandesa es la Heineken deberían probar la Grolsch o la Jupiler, ambas a milenios luz de distancia de la más ordinaria de las cervezas neerlandesas. En mis dos conciertos anteriores Madonna no había tenido ningún artista telonero pero en este venía acompañada de Robyn, una chica sueca que lo hizo muy bien y comenzó a caldear el ambiente. Después de una espera interminable, se apagaron las luces, se iluminaron las dos grandes letras M que había a los lados del escenario y comenzó todo.

M de Madonna

Abría el concierto Candy Shop, la canción que está en primer lugar en su último álbum y que iniciaba el primero de los cuatro segmentos de que consta. Fue un comienzo muy en su línea, espectacular y con la Reina en plena forma. Ella misma se hacía los coros grabados en una melé de Madonna cantando con Madonna absolutamente fascinante. Continuó con Beat Goes On, con un coche de época en el escenario, Kanye West en una pantalla detrás de ella cantando y Madonna demostrando que cuando quiere, hasta canta. Esta es una de esas canciones que en el disco no me terminaba de impresionar pero la versión en directo me ha dejado completamente asombrado. Después llegó Britney Spears en la canción Human Nature, uno de esos clásicos menores que solo conocen los fans. La versión era un poco pachanguera y no muy afortunada. Tras esto llegó Vogue, uno de los grandes hits que ha tenido y una favorita de todos. El escenario con todo el equipo bailando y una remezcla fantástica. Entre medias aparecieron brochazos de otras canciones. En este punto ya bailábamos todos y así entramos en el primer interludio, esas pausas en movimiento en que la reina desaparece para cambiarse y en el escenario continúa el espectáculo. En las pantallas teníamos una versión exótica de Die Another Day con dos bailarines que boxeaban en un ring.

El segundo interludio comenzó con un viaje en el tiempo y una puñalada trapera en nuestro corazón. Viajamos al año 1985 con Into The Groove y os juro que casi lloro de la emoción. Ella bailaba en plan stripper, cantaba y saltaba con una agilidad que ya quisiera yo para mí. Parece increíble que tenga medio siglo de vida. Sólo por esta canción merece la pena pagar la entrada. Todavía con el corazón en un puño llegó Heartbeat, otro de los temas del último álbum y en el que exhibió su voz de una forma grandiosa. Después vino Borderline y fue como si volviera a ser un adolescente. Es posiblemente mi canción favorita de su primer álbum. Aquí no me importa reconocer que lloré. Este clásico ha sido actualizado y suena mejor que nunca. Todavía lo escucho en mi cabeza. Todos temblábamos de emoción, alucinando en colores y casi no nos dimos cuenta que la canción se transformó en She’s Not Me en la que cuatro versiones de Madonna que hemos visto a través de las décadas aparecían en el escenario mientras ella las negaba y cantaba disfrutando con el momento. Esta es una de las canciones del nuevo disco que más me gustan y solo había una forma de incrementar la temperatura y era con Music, el clásico del año 2000. Así llegamos al final del segundo episodio y para la transición disfrutamos con Rain, una pausa visual en la que quizás no eligieron la mejor de las versiones de esta canción.

En el tercer segmento llegamos a la locura máxima. Comenzó con Devil Wouldn’t Recognize You en donde Madonna está sobre un piano completamente cubierta por una especie de traje que le cubre hasta la cara y que parece un poco surrealista. Es una canción suave que bailamos dejándonos llevar por las mareas humanas y a la que sucede Spanish Lessons, con Madonna chapurreando español y todo su equipo de baile trabajando y divirtiéndose en el escenario. Acaba con un zapateado en plan gitanillo lolailo y luego agarra la guitarra (algo que ya ha hecho en algunas canciones anteriores) y se pone a cantar Miles Away, algo que nos recuerda a todos los emigrantes que estamos muy lejos físicamente de nuestras familias pero en nuestros corazones las distancias no existen. Al acabar suelta la guitarra y llega La Isla Bonita, un clásico del año 1987 que todos nos sabemos de memoria. 50.000 personas cantaban con ella y disfrutaban cada segundo de esta versión mezclada con música de gitanos y no dejamos de gritar cuando Madonna nos dio la orden: You Must Love Me, una de las baladas de la película Evita en la que despliega todo el encanto de su voz y nos hace vibrar en silencio mientras nos enjugamos las lágrimas de emoción que nos caen a todos. El tercer interludio fue con Get Stupid, con imágenes de dictadores y gentuza entre las que pone al candidato republicano a las elecciones americanas y en la segunda parte imágenes de gente honrada y decente con un final dedicado a Obama. Está super claro a quién le va a votar.

En la parte final comenzó con 4 minutes, la cancion más conocida del último álbum y en la que canta con Justin Timberlake por todo el escenario. El está en un montón de pantallas con las que Madonna baila, se restriega, canta y se divierte. Este es el comienzo del momento cumbre de la noche. El estadio vibraba sin parar y sin descansar seguimos con Like A Prayer en su version definitiva. Nunca sonó tan bien como en esta gira. Brincábamos y aullábamos sin parar bailando sin poder detenernos y cuando crees que por fin vas a poder descansar llega el Ray Of Light y tienes que continuar con la locura, en una versión rockera de este éxito que sirvió para enganchar con el Hung Up y continuar la fiesta. Esta es la parte del concierto en la que está totalmente prohibido dejar de bailar y aunque lo quisieras no podrías evitar que tu cuerpo se mueva sin control alguno por tu parte. El punto y final llegó con Give It 2 Me, Madonna baila con nosotros o quizás somos los espectadores los que bailamos con ella que se divierte y contonea al ritmo de la música mientras todos sus bailarines se reparten por el escenario. Fue el final perfecto.

Como todos sabemos que no hay bises, nada más terminar comenzó la desbandada. Pasé junto a una de las divas que habían ido al concierto y aproveché para hacerle una foto:

Una diva en el concierto

Aún en extasis nos montamos en el metro y nos alejamos el Amsterdam ArenA, lugar al que seguro que volveré para ver a Madonna en el futuro. Si tienes oportunidad no te pierdas esta gira, es un espectáculo soberbio y que se disfruta a cada instante.

Berlin Hauptbahnhof en el Club de las 500

Berlin Hauptbahnhof

Berlin Hauptbahnhof, originally uploaded by sulaco_rm.

La Estación de tren de la ciudad de Berlín sigue siendo la más espectacular que he visitado en mi vida. El interior es un inmenso centro comercial en el que de casualidad pasan trenes y metros junto a las tiendas. La vimos por primera vez hace casi dos años en la anotación Berlin Hauptbahnhof y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.

Un final de vacaciones tranquilo

Con menos de cuatro horas de sueño uno no está muy lucido. Me faltan sesenta minutos que deben ser vitales para que todos los engranajes funcionen perfectamente porque tan poco puede significar mucho. Me desperté un minuto antes de sonar la alarma de mi iPhone, una jauría de perros que ladran para llamar la atención. Una ducha rápida, todos los perecederos en la maleta y listo para salir de casa. No tenemos grandes despedidas porque nos vemos con mucha frecuencia. En un mes estarán mis padres en los Países Bajos y un mes y medio después de su marcha estoy yo en Gran Canaria para las vacaciones navideñas.

Llegamos al aeropuerto diez minutos antes que los autobuses que traen a los turistas y de esa forma me ubiqué muy bien en la cola de facturación. Una vez en marcha, fui de los primeros. En el mostrador que me tocó no funcionaba el indicador de la báscula y la chica estaba llamando para que la cambiaran a otro porque este era un vuelo en el que hay que dar el peso real, algo que asusta un poco porque suena a que no ponen ni un litro de combustible de más. Le pedí que me colocara en la última fila para estar lejos de la veintena de chiquillos y me dijo que tenían órdenes de sentarlos en la parte de atrás, a partir de la fila diez, así que me sentó en la primera fila, en el conocido asiento 1F, en rincón, con ventana y a nueve asientos de distancia de los enanos. Crucé el control de seguridad comiéndome un cruasán de Colomar que me había traído y me tronché de risa cuando me cachearon para ver si llevaba armamento y similares.

El rato que esperamos a que salga el avión lo pasé en la cafetería, jugando con el iPhone y escuchando algo de música. En el aeropuerto predominaban los alemanes, con un montón de aviones que salían en ese momento y que dejarían su carga por toda Alemania. Nosotros éramos el único vuelo previsto para la mañana de Transavia. Una niña corría por la terminal tropezando con todo el mundo bajo la atenta mirada de su madre, que la dejaba hacer.

Antes de subir al avión, descargué peso en el baño que está en el centro de la terminal de salidas del aeropuerto de Gran Canaria. Hace tres meses, en ese mismo baño, habían 2 urinarios cubiertos en bolsas de plástico negro, rotos. Ahora son tres y solo quedan dos operativos. Supongo que con la pasta que nos sacan por tasas de aeropuerto no hay dinero para arreglarlos y preferirán esperar a que caigan los dos que quedan.

Tras embarcar, comenzó el ritual propio del despegue. Sonidos extraños, compartimientos que se abren y cierran y mi maleta, a la que vi subir junto con otras. Se porta bien la jodida, un solo despiste en más de un centenar de vuelos, siempre llega al destino conmigo. Está muy achacosa pero le tengo cierto apego emocional y me da la impresión que el día que la cambie, igual su substituta es más pendenciera y le gusta perderse a menudo. Al llegar a cabecera de pista tuvimos que esperar a que aterrizara un avión. Era de Spanair, del mismo tipo del que no completó su viaje hace un par de semanas. Yo no tengo miedo a volar y pese a los accidentes ocasionales, sigo pensando que es el medio más seguro de transporte. Tampoco veo nada bien la demonización que se ha hecho de esa compañía. Estoy seguro que ninguna persona de las que trabajan en ella realiza su trabajo con negligencia porque en ello les va la vida. Ellos también están a bordo con los pasajeros.

Al estar en el lado derecho del avión, al despegar no pude ver Gran Canaria y me tuve que conformar con ver a lo lejos Fuerteventura y Lanzarote. Después tomamos altura y llegó la tranquilidad del vuelo, bastante más rápido que el de ida. Atrás dejé el sol Grancanario, el calor del mar y un montón de cenas y encuentros con amigos. En este viaje esos cruces de caminos fueron mucho más abundantes que en visitas anteriores y la verdad es que no me puedo quejar. Nos dejamos querer unos a otros. En mi mochila vuelve a casa conmigo el libro de la Gramática de la Lengua Española el cual me dedicaré a estudiar en los próximos meses para ver si enderezo un poco mi dominio del idioma y rectifico todos esos fallos que sé que cometo.

Una vez en Eindhoven me encontré con la sorpresa de tener veintisiete grados de temperatura, aunque el aire es más pegajoso que en las islas. Recogí mi maleta y sudé como un pollo en el autobús que nos llevaba a la estación de tren de la ciudad. El resto forma parte de la rutina habitual. Al llegar a mi casa me encontré con mis vecinos. El hombre me había cortado el césped y arrancado todas las malas hierbas del jardín. Hay que reconocer que es un puntal.