Momentos mágicos

La gente que trata conmigo a veces siente curiosidad por la razón o razones que me han traído hasta los Países Bajos y me mantiene(n) anclado aquí. Les parece difícil de creer que pudiendo vivir en las Islas Canarias o en cualquier otro lugar de España yo prefiera un país pequeño, con mucha lluvia, medio sumergido y lleno de gente que al parecer son bordes y antipáticos. Muy pocos me creen cuando les digo que en realidad yo encontré el lugar al que quiero llamar hogar aquí, amo esta tierra, sus gentes, sus costumbres y cada mañana cuando salgo a la calle con mi bicicleta no dejo de sorprenderme por lo afortunado que soy al poder vivir en este lugar. Pese a los años que llevo aquí, cada día sigue siendo una aventura única e irrepetible y sé que algo está esperando a la vuelta de la esquina para sorprenderme, para iluminar mi cara con una sonrisa, para elevar una ceja y cuestionar mis propias convicciones. Aquí encontré a un puñado de amigos increíble que me han adoptado como a un nuevo miembro de sus familias y que en ocasiones me agobian con tanto instinto protector. Sin embargo, no es de esto de lo que me gustaría hablar hoy.

La semana pasada me tomé un día libre. Me quedaban demasiados días de vacaciones y en mi empresa nos obligan a tomarlos para evitar el tener que pagarlos si nos echan. Aprovechando que el viernes iba a estar medianamente soleado, el Moreno y Yo decidimos irnos a hacer fotos a un par de sitios. Siempre que vamos a algún lado terminamos saliendo a las siete de la mañana porque por alguna extraña razón, el objeto de nuestro deseo madruga demasiado. En esta ocasión quedamos a las nueve de la mañana y pese al esfuerzo de tener que salir de mi casa media hora antes de lo habitual, no fue tan malo. Por la noche me dediqué a cargar baterías, limpiar objetivos, vaciar memorias, preparar la mochila y procurar que nada se me pase por alto por la mañana. Salí de mi casa cargado como una mula con la cámara, el 70-200mm, el fisheye, el monopod y mi nuevo objetivo 24-70mm que había comprado el día anterior. Estaba un poco acarajotado porque la noche anterior salí con el Rubio y quizás bebimos más cerveza Ouwe Daen de la debida. En el tren mandaba mensajes a los colegas, respondiendo a sus diferentes conversaciones y escuchaba algo de música. Cuando nos encontramos en Hilversum, enfilamos hacia Almere Buiten ya que queríamos caminar por los límites de Oostvaardersplassen, un parque que ya os debería sonar ya que ha sido objeto de multitud de fotos y comentarios. Buscábamos pájaros. La mañana habría sido perfecta de no ser por los tres grados de temperatura y del viento. El aire te hacía sentir mucho más frío y estábamos totalmente solos en la zona. Comenzamos a caminar cargándolo todo y prestando atención para ver si escuchábamos algún ave. Teníamos la conversación casual de siempre, esa que solo puedes tener con los amigos de verdad. Vimos varios animales pero o estaban muy lejos o n resultaban interesantes. El frío seguía calándonos y cuando ya estábamos a punto de darnos por vencidos decidimos salirnos del camino y entrar en el bosque. Los colores del invierno son tan increíbles como los del otoño y más cuando caminas en un bosque creado por el hombre, en un lugar en el que hace unas décadas solo estaba el mar y el tesón de los holandeses ha convertido en Almere. El bosque tiene una simetría fascinante, con los árboles perfectamente ubicados y seleccionados para que creen efectos específicos. El suelo estaba muy mojado y las botas se me hundían en el barro pero seguíamos avanzando expectantes.

Nos paramos y entonces los vi. A unos cien metros de nosotros, dos ciervos luchaban mientras otro miraba. El frío hacía que el vaho de su respiración crease un aura mágica alrededor de ellos. Se alejaban y se lanzaban uno contra otro y solo dos personas estaban allí para ver aquella maravilla, fuera del Parque Nacional, en una zona en la que supuestamente no se encuentran los ciervos. Nos acercamos con cuidado, haciendo fotos cada cierto tiempo. La magia del momento se prolongó durante unos minutos y nosotros no podíamos ni hablar. En un momento determinado nos vieron y se alejaron. Unos cuantos machos surgieron del bosque detrás de ese trío y los siguieron. En total deberían ser unos veinte.

Los seguimos durante un rato dentro del bosque, casi corriendo. Dos personas corriendo detrás de un montón de ciervos con unas cornamentas increíbles cuando deberían ser ellos los que nos acecharan con esas armas que llevan en sus cabezas. En un momento determinado asumimos que ya no los volveríamos a ver y retomamos la ruta que nos llevaría hasta el coche de mi amigo. Después de unos minutos caminando por un lodazal que nos cubrió de barro casi hasta los tobillos encontramos un claro en el bosque y casi nos caemos muertos cuando aparecieron frente a nosotros una manada de ciervos hembra que se quedaron quietas mirándonos durante unos instante antes de salir corriendo. El segundo momento mágico de la mañana, aún más trascendente que el primero. En ese instante yo ya era la persona más feliz del país y debía deslumbrar como una supernova por la felicidad tan grande que sentía. Volvíamos hacia el coche y ya estábamos prácticamente en el aparcamiento cuando frente a nosotros comenzaron a cruzar de nuevo los machos y uno de ellos se paró, giró su cabeza y se quedó mirándonos, dejando a los demás pasar a su lado. Casi ni tuve tiempo de hacer alguna foto y eché de menos el tener un objetivo más potente. Este tercer momento mágico nos llevó junto al coche, en donde encontramos señales del paso de los ciervos, que habían cruzado por allí. Creo que volveremos a ese lugar para hacerles fotos en primavera, en verano y en otoño. Mis botas daban asco, cubiertas de lodo y mis pantalones vaqueros eran un completo desastre.

Desde allí nos fuimos a Huizen, cerca de Hilversum. En el coche hablábamos sin parar sobre lo que acabábamos de vivir. En Huizen fuimos al muelle y comenzamos a buscar un ave llamada Panurus biarmicus o bigotudo. En holandés se llaman Baardmannetje. Nos topamos con otras dos personas que también estaban buscándolos. Hablamos un poco con ellos y después seguimos. Los encontramos y tratamos de hacer tantas fotos como nos fue posible pero hacía demasiado viento y no era fácil. El lugar en el que estaban es un humedal y teníamos que andar entre enormes juncos. Estuvimos una hora y media haciendo fotos, buscando los pájaros y disfrutando con la aventura. Nos acercamos a almorzar a un restaurante en la zona que yo conozco y después volvimos para seguir haciendo fotos una hora más, antes de que se hiciera de noche.

De vuelta a casa miraba las fotos en mi cámara con una sonrisa boba, contento porque me obligaron a tomar ese día de vacaciones, feliz por haberlo pasado con un buen amigo haciendo algo que a ambos nos gusta. Quedarse en casa leyendo la wikipedia quizás sea suficiente para otros pero yo no renuncio al mundo real por nada. No me interesa ser un intelectual de gafas de pasta, no tengo el menor interés en saber qué demos han ganado el último concurso de la demoscene o siquiera saber qué coño es una demo. Prefiero viajar y vivir las experiencias por mí mismo, respirar mil tipos de aire distinto, conocer gente y descubrir nuevas culturas. Un día de mi mediocre vida vale más que diez mil horas de subcultura de Internet.

Para cuando llegué a mi casa estaba muerto de cansancio. Estuve hablando un rato con mis vecinos y me fui a dormir pronto. Fue otro día mágico.

Actualizacion: Cuando me quité las botas Timberland que compré en Estados Unidos en el 2006 siguiendo las sugerencias de los comentaristas habituales y que supuestamente duraban toda una vida, una de ellas estaba agujereada y las tiré. Vida total de las mismas: 2 años. Causa de la muerte: Suela totalmente gastada de tanto caminar. Por suerte en Mayo me compré unas nuevas junto al Empire State y ya están en funcionamiento. Seguiré con Timberland si voy por Estados Unidos, son infinitamente más baratas que las Panama Jack y me duran incluso más.

En cualquier caso, me quiero comprar unas botas de caminar por el monte (Trekking) ya que imagino que volveré por ese sitio más veces. Se aceptan sugerencias sobre marcas y modelos. Busco algo bueno, es decir, con un buen aislamiento contra el agua y que puedan recibir caña.

11 opiniones en “Momentos mágicos”

  1. A eso se le llama un día con suerte. Imagino que veremos las fotos pronto.

    Que se repitan esos días mágicos que nos ayudan a seguir con los tediosos quehaceres diarios.

  2. Luis, no creo que se vean por aquí en mucho tiempo. Mi rutina de procesado digital lleva un retraso de más de un año. Aún no he hecho nada con fotos que tomé en la segunda mitad del 2007 y con muchísimas del 2008 como las de Sevilla, Córdoba, Zaragoza y similares. A veces hago excepciones pero son más bien relacionadas con fotos de familia.

  3. Que duro es tener que tratar fotos… yo por ahora llevo poco tiempo, pero me cuesta ponerme a ello también. La verdad es que eres afortunado al estar donde quieres y como quieres, felicidades para tí.

  4. Joer, menuda suerte. Una vez vi un zorro y casi me corro de gusto, ver toda una colección de ciervos en libertad tiene que ser la de dios. Desde luego qué diferente es la Holanda que uno se imaginaba a la que nos vas describiendo.

  5. Enhorabuena por encontrar la magia de lo cotidiano…

    Aprovecho para desearte feliz Navidad y que el próximo año sigas encontrando esas cosas que te hacen feliz. Y que sigas comparténdolo con nosotros…

  6. Jc, los zorros ya están en mi lista. Volveré a la misma zona para ver a los ciervos. Lo mejor es que se puede pasear por el lugar, así que esta primavera me veo trotando por allí a poco que haga algo de calor.

    pues, seguiré por aquí. No tengo planes para abandonar el barco ahora que lleva velocidad de crucero.

  7. Pues nada esperaremos.
    ¿las procesas mucho?, yo la verdad es que soy algo ganso para eso. Lo normal es que haga una selección rápida, un toque casi automático de niveles y listo. para que te hagas una idea, entre 600 y 1000 fotos de cada viaje, de cuatro a seis horas.
    Se que con más tiempo y paciencia podría conseguir cosas mejores, pero paso de dedicarle tanto tiempo al ordenador.

  8. Luis, las de París las hice todas en JPG y el procesado fue rápido, más o menos como el tuyo, solo recortar, desechar y ajustar un poco la luz si era necesario.

    Si hago RAW puedo pasarme horas, seleccionando, desechando, agrupando, aplicando ajustes, copiando y pegando a las perdedoras, volviendo a mirar, revisar, ajustar, volver a revisar, ver un pase de diapositivas para mirar como van quedando en conjunto y así hasta que me aburro. Yo no veo la tele y esto lo hago solo cuando afuera hay mal tiempo o he llegado a casa y me apetece relajarme con algo que me gusta hacer.

    ATENCION: He actualizado la anotación con un detalle final. Se aceptan sugerencias en los comentarios.

  9. Por si te sirve de ayuda, yo usé durante bastante tiempo unas Chiruca españolas y creo que en la vida tuve calzado mejor. Duras, altas para proteger el tobillo, gore-tex para aislar del agua, buena transpiración, palmaron a los diez años y porque se pudrió el plástico de la suela. Les di un entierro digno y pasaron a mejor vida. Un tío de mi mujer tenía unas similares y le pasó lo mismo a la suela. Llamó a la fábrica, se las recogieron y le cambiaron la suela gratis. Ni los portes pagó. Cago en diez, si lo llego a saber…

    Tienen modelos para dar, tomar y regalar, puedes echar una ojeada aquí a las de invierno que supongo serán las que mas te pueden interesar:

    http://www.fal.es/cas/chiruca/trek/invierno2008/cas/index.htm

Comentarios cerrados.