Nadando con tiburones ballena en Donsol

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Una de las cosas que siendo niño, adolescente o incluso adulto, jamás se me habría ocurrido que haría es lo de nadar junto a tiburones ballena y sin embargo, ésta ha sido mi segunda vez, ya que el año pasado en Oslob también lo hice pero allí alimentan a los animales y vienen a comer al lugar por la comida fácil y lo de hoy era otra cosa. Como todas las grandes aventuras, comenzó unas horas antes de la hora Virtuditas, a las siete de la mañana, aunque yo desde las seis ya estaba en planta. Entre las cosas que me traje de Holanda estaban las gafas y tubo así que solo necesitaba aletas, las cuales las alquilé en la recepción del complejo. Equipado, caminé los quinientos metros que separan el lugar en donde me quedo del centro de inscripción para el evento. A las siete de la mañana no éramos muchos. El precio por barco es fijo, seis mil quinientos pesos filipinos a dividir entre los seis pasajeros con lo que nos sale a poco más de diez leuros por julay a los que hay que añadir unos cuatro leuros y pico por el permiso del gobierno, el cual es válido para una semana Es decir, por menos de quince leuros puedes pasar tres horas en el mar buscando tiburones ballena y nadando con ellos cuando los encuentran. La tripulación de cada barco tiene un piloto, un oteador, que se sube en alto para buscarlos y dos guías que nadan con nosotros. Primero vimos un pequeño vídeo con lo que se puede y no se puede hacer y me agruparon con dos gringos, una malaya y una pareja china. Fuimos a nuestro barco y nos pusimos en ruta, el PRIMER barco que salió del puerto, con lo que lo de madrugar ayuda y además, así te evitas las aglomeraciones de gente alrededor de los tiburones ballena, algo que sucede más tarde. Tuvimos un montón de suerte y en los primeros díez minutos nos dijeron que nos preparáramos. Nos pusimos las gafas, tubo y aletas, cogimos nuestras cámaras fastuosas y lo que hacen es ponerse por delante de la dirección en la que va el tiburón y déjanos caer al agua en marcha. Después nos acercamos hasta el mismo. No era muy grande, de unos SEIS metros, pero igualmente espectacular y estaba comiendo cerca de la superficie y no iba muy rápido. Estuvimos con el tiburón unos minutos hasta que desapareció hundiéndose. Nos subimos al barco y en un minuto nos avisaron que habían visto otro o quizás el mismo. De nuevo todos al agua, los chinos con sus salvavidas, como siempre y volvimos a nadar con un animal increíble, que en tagalo llaman Butanding. Para mí con esos dos ya había cubierto mi suerte. Nos dijeron que desde el dos de marzo los barcos que han salido han visto tiburones ballena todos los días, pero al ser mar abierto, no te lo pueden garantizar. Cinco minutos después de ver el segundo y volver a subir al barco nos topamos con un tercer tiburón, aunque en este caso nadaba algo más profundo y resultaba difícil verlo porque el agua no es cristalina, ya que está llena de plancton que es lo que comen los tiburones ballena. Cuando vimos el tercero, otros tres o cuatro botes se acercaron y no es agradable cuando tienes a veintipico personas alrededor del animal. Nuestro piloto decidió coger puerta y nos fuimos a otra zona a buscar bichos. Estuvieron más de una hora dando vueltas hasta que apareció el cuarto. Nos lanzamos todos al agua y éste era gigantesco, de unos diez metros y se movía tan rápido que nos era imposible seguirlo. Nos subimos al barco y unos diez minutos más tarde nos cruzamos con otro enorme y que de nuevo, avanzaba rapidísimo, al menos para nosotros. Al sexto nos lo topamos una media hora más tarde mientras comía en la superficie del agua. Era enorme. Conseguimos nadar con él medio minuto o así. El agua en esa zona no era muy clara y el capitán optó por ir a otro lado, ya que la visibilidad en el agua era muy escasa. Según llegamos a la nueva zona, avisan que hay otro y nos lanzamos al agua. A ese yo no lo llegué a ver porque se hundió pero alguno de los otros turistas sí que lo vieron. Un rabillo más tarde dieron un nuevo aviso y nos tiramos al agua y vi mi séptimo tiburón ballena del día y nadé con él. Era de los grandes. Después de eso, hubo un nuevo aviso pero nadie vio nada y para cuando nos quisimos dar cuenta, eran ya las Díez de la mañana y volvimos al punto de partida. Fue una experiencia galáctica, algo fabuloso y lo primero que hice al regresar fue inscribirme de nuevo para repetir al día siguiente, ya que lo puedo hacer y después volver al hotel, ducharme y dejar la habitación sin problemas. 

El resto del día lo pasé sacrificándome y tomando el sol en la piscina del complejo. Hay una playa delante pero me han dicho que aunque parece playa no lo es y cuando entras está llena de rocas que te pueden desollar vivo. Por la tarde, hice algunas fotos más de las increíbles puestas de sol que hay en el lugar, cené temprano y me retiré agotado. Otra de las cosillas que hice ese día fue planear mis siguientes movimientos. Tras dudar y cavilar hasta el infinito y aún más allá, he decidido que lo mío es el sol y playa y me voy de islas, aunque eso formará parte de otro episodio. 

El relato continúa en Mi segundo día nadando con tiburones ballenas y traslado a Legazpi

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