No puedo dejar de saltar …

Salir de fin de semana con mi amigo el Rubio ha requerido más tiempo para organizarlo que el embarazo de un elefante. Llevamos dos años discutiendo las ventajas e inconvenientes de cada destino, mareando la margarita mientras quitábamos y volvíamos a pegar pétalos en la misma. Se supone que el año pasado, en febrero, era cuando realmente nos íbamos a perder unos días en algún lugar. Yo me fui a Granada, el se fue a Bélgica, yo me fui a Gran Canaria, el se fue a Austria, yo me fui a Birmania, el se fue a Francia, yo a las Canarias de nuevo, él a Alemania, yo a Noruega, él a Irlanda, yo a España, él a Bélgica, yo a España, él a Francia e Irlanda, yo a Vietnam, él al Reino Unido y así, siempre parecía que saltábamos en direcciones opuestas. Su mujer observaba todo este baile de fechas, de posibles destinos y demás con fascinación, incapaz de comprender que nosotros disfrutamos tanto del proceso para llegar a elegir el lugar como del fin de semana en el mismo. El tiempo ha ido pasando y finalmente ella se plantó y nos lanzó un ultimátum por el iMessage: Sí o sí teníamos que elegir un lugar e ir antes del fin de junio. Nos tomó tres días, cientos de mensajes, decenas de correos y varias llamadas elegir un lugar y el ganador fue Londres, la ciudad olímpica, la capital del Reino Unido y una ciudad que nunca ha despertado mi curiosidad pese a tenerla muy cerca.

Yo me encargué de comprar los billetes de avión y de conseguir alojamiento y el Rubio se encargaba del resto. Y aquí estamos, para cuando leáis esto seguramente en algún pub de la City, poniéndonos ciegos a cerveza aguada como les gusta a esa gente. Por lo que respecta a la bitácora, todo está escrito y mal escrito así que no se debería notar mi pequeña pausa. Demostrando que el universo y el mundo están del revés y que el fin del mundo es inminente, conseguí los billetes por precio de pura risa, tan baratos que da hasta vergüenza, comprándolos a una de las líneas aéreas tradicionales, KLM, de esas en las que todavía te dan hasta agua y algo de comer durante el vuelo. Si sumamos lo que nos vale ir y volver desde nuestras respectivas casas al aeropuerto y el tren de Londres, creo que gastamos más en esos tramos del viaje que en aquel que sucede a miles de metros sobre el suelo y bajo el cielo.

Este es el fin de semana de San Juan y había pensado en dejarme caer por Málaga para así bañarme a la medianoche como en multitud de años anteriores pero no será y por si alguien tiene el cerebro lleno de serrín, tampoco saltaré al Támesis a esa hora.

2 opiniones en “No puedo dejar de saltar …”

  1. A mí Londres me gusto. No es una ciudad donde yo me iría a vivir (ni aunque la gran crisis me obligara); pero si me gusto lo suficiente como para haber estado 3 veces y desear volver alguna mas. Eso si?? los ingleses ni en pintura. Espero que te lo estés pasando muy bien.

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