Obras y chocolate

Llevo unas ocho semanas en una montaña rusa totalmente desbocada y que sube y baja sin parar y nunca llego a saber muy bien si estoy boca arriba o bocabajo. Entre las cosas que tienen un impacto directo en mi vida están las obras de la estación Central de Utrecht, la cual está siendo totalmente reconstruida para adaptarla al siglo veintiuno y para que en lugar de los doscientos ochenta y cuatro mil julays que pasan por ella cada día puedan pasar trescientos sesenta mil, lo cual vienen a ser unos ciento treinta millones de julays al año. Esa obra se está haciendo en fases y sin que la estación se cierre y por eso, la logística es muy importante. Una de las tareas ha sido desplazar los andenes 1, 2 y 3 para poder ampliarlos y que tengan unas escaleras seguras, ya que los que habían tienen unas muy pequeñas y que cuando llegan y salen trenes al mismo tiempo se convierten en cuellos de botella. El tren que va a Hilversum sale normalmente del andén 3 así que mientras las obras se realizaban en el 1 y el 2, no me afectaba demasiado. Todo cambió hace dos semanas cuando cerraron el acceso al andén 3 desde el túnel norte, cambiaron el tren al andén 4 y para llegar al mismo tenía que cruzar toda la estación. Entre pitos y flautas, son cinco minutos adicionales y como suelo salir de mi casa con el tiempo justo, he estado una semana que vivía sin vivir en ti del agobio tan grande para llegar a la estación y correr al lugar en el que se encontraba el tren.

Todo cambió este lunes. Finalmente abrieron el andén 2 y los trenes de Hilversum salen ahora desde allí. Para celebrarlo, el lunes, al entrar en el andén, dos chochas de que te cagas regalaban unas bolsitas con chocolatinas que señalan tan importante evento. Ahora los andenes 1 y 2 tienen una plataforma de un ancho adecuado y unas escaleras de bajada al túnel norte espectaculares que las puede envidiar cualquier perfectamente cualquier presunto dictador fascista con ínfulas de grandeza de la gran nación inexistente Truscolana. En la bolsita nos informan que ahora se han lanzado a ampliar la plataforma de los andenes 3 y 4 y efectivamente, desde el lunes está el lugar lleno de escabadoras y operarios y pasarán meses antes de que los trenes en dirección a Hilversum puedan regresar allí. Los sospechosos habituales que siempre se pasan por mi oficina para mendigar comida se encochinaron con los trocitos de chocolate, los cuales hay que reconocer que estaban muy ricos. Como yo soy materialista, habría preferido un paraguas como el que me dieron en Hilversum cuando se retrasó la construcción del techo del andén 5. Han pasado la tira de años y creo que aún tengo ese paraguas, que ha resultado mucho más resistente que otros que pagué con leuros de los auténticos.

Una de las cosas que más me alucinan de los Países Bajos es que todas estas obras se pueden controlar públicamente y solo te tienes que pasar por la página CU2030, buscar el proyecto que te interesa y leer los informes, ver las fotos e incluso informarte de las jornadas de puertas abiertas para visitar las obras. Es una transparencia con la que sueñan los truscolanes, ya que ellos han preferido construir un país ilegal teniendo de cabecilla a másYmás y sus cuatrocientos ladrones y así les irá, en tren directo y sin paradas al hambre y la miseria combinadas con la guerra.

3 respuesta a “Obras y chocolate”

  1. A mi siempre me ha admirado esa capacidad de planificación para realizar ese tipo de obras, me quito el sombrero 🙂
    Que mas quisiera el Mas…
    Salud

  2. Chocolate para compensarte las molestias que te provocan las obras de mejora… ahí es donde se ve que somos mundos opuestos… por cierto, has puesto que el lugar estaba lleno de eXcaVadoras?

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