Omán quinta parte - Sur

Arabian Tour 2005

Tras más de una semana relatando mi diario del viaje, sigo insistiendo en el orden adecuado de las historias, que es el siguiente: Comienzo del viaje, Arabia Saudita, Qatar primera y segunda parte, Moscate, Camino de Sur y Sur, primer y segundo día. Aún queda mucho por contar, así que quizás deberías mirar los episodios anteriores antes de continuar leyendo si aún no lo has hecho.

Mi tercer día en Sur comenzó como el anterior, yendo a la oficina en la guagua de los elegidos. Cuando llegamos a nuestra oficina, antes de volver al edificio en el que trabajaba, me pongo a mirar los paneles de avisos y me veo una foto de una araña como la mía. Era un aviso para que la gente ande con ojo que se han visto arañas tigre. Según parece son muy agresivas y pueden causar bastante pupita con su veneno. De hecho avisaban de que ya habían atendido el primer paciente por picadura de la susodicha. Y yo tan feliz. En el poster contaban que a esos bichos les encanta meterse en las botas y para evitar que entren en los contenedores-vivienda, nos sugieren dormir con la luz encendida, no poner los zapatos en la calle y comprobar las sábanas antes de dormir. Os imaginaréis como se me ha puesto el cuerpo. Me pica todo. He revisado esto de arriba abajo dos veces para ver si la hijaputa sigue aquí dentro. Esta noche no duermo, haré guardia.

Por la mañana he acabado mi trabajo bastante pronto y a las once le he dado un curso de una hora a la omanita que trabaja en la recepción. La chica es muy simpática y zalamera, pese a estar toda tapada. Se le ve que si hubiera nacido en otra cultura hubiera sido una chica super viva, pero aquí ha tenido que sobrevivir a base de agachar la cabeza y aguantar. [Nota del autor: vosotros no lo podéis ver porque esto es escrito, pero quiero que sepáis que estoy subido a la silla, en cuclillas, escribiendo este episodio en mi portátil, porque me da miedo poner los pies en el suelo, que la guarra esa de la araña puede que siga aquí dentro. Rezad por mí, por favor]

La chica a la que educo es bastante inteligente y en una hora lo ha aprendido todo. Después me he ido a comer al mismo comedor del día anterior, solo que esta vez he ido con el omanita que ha trabajado con nosotros. He optado por comida hindú y me he sentado en la mesa de los musulmanes, todos con sus camisolas blancas y yo con mi polito Springfield. Una escena total. Mi jefe se tendría que sentir orgulloso si me viera socializando con la morisma esta. Ya por la tarde, he pasado más rato con mi morilla para resolver sus dudas. Yo a esta la metía debajo del mostrador de la recepción y de dos viajes la bautizo (Cristo bendito, este país empieza a afectarme …)

Fijándome un poco y andando por el edificio he descubierto la pauta. Al contrario de lo que sucede en Europa, aquí los baños de las mujeres y los de los hombres no están juntos. De hecho, están en lados opuestos del complejo. Las mujeres hacen sus agüillas menores y mayores en el lado derecho y los hombres mean y jiñan en el ala izquierda del edificio. De esta forma uno no se cruza con una hembra medio desnuda al pasar delante de una puerta. Para hacerlo más simple, la puerta del baño es la última del pasillo, así que no hay razón ninguna para que un hombre pueda estar por allí. Aparentemente hay uno al que se conoce como el hermano cuya misión es velar por la integridad moral. Si el tío ve a una chica hablando mucho con hombres, la reprenderá y si persiste, se encargará de que la trasladen o la echen. He tenido suerte y parece ser que está malo estos días, aunque ahora que lo pienso, quizás no sea suerte sino mi milagrosidad latente. Supongo que eso explicará la efusividad de las chochas. Por la tarde cuando estaba allí con mi alumna, apareció un grupo de cuervos de estos, por lo menos cinco tapadas del coño pa? arriba y del coño pa? abajo y me vieron allí sentado con ella y se privaron todas. Cotorreaban continuamente y le preguntaban a la otra, que super-orgullosa les explicó lo que yo hacía por allí. Me recordó a la escena de el Retorno del Guanijuay cuando C3P0 está hablando con los Ewoks y estos están excitadísimos. Pues esto era igual, sólo que en vez de Ewoks teníamos fantasmas negros. Creo que han pasado a lo largo de la tarde todas las mujeres del edificio a echarme un vistacillo. Se ponían como locas cuando me alongaba para coger algo y mi polillo de Springfield se subía y me veían el ombligo. Esta noche hay más de una por estas tierras que va a dejar el cepillo de dientes sin cerdas a base de restregárselo por cierta parte. Probablemente es la primera vez que ven un poco de carne fresca y de la buena. Es que estas son las cosas por las que Dios me envió aquí a desarrollar mi proyecto evangelizador. Estas mujeres han visto la luz y ya no querrán seguir entre sombras. Donde esté un ombliguillo peludo español que se quiten las chilabas de los demás …

Después del trabajo, opté por una mezcla entre comida hindú, europea y japonesa. Me sorprendió encontrar en la parte hindú unas albóndigas que yo juraría que eran de carne de vaca, o al menos yo siempre he entendido que beef es carne de vaca. A ver si va a resultar que los hindúes comen vaquitas sagradas. Eso sí que sería un milagro de cojones. Tras la comida, saqué a pasear a mi araña, que hay que cuidarla y tratarla bien. Después, al bar como siempre, que todo el mundo me invita a birrillas y esto de la cerveza gratis es muy adictivo. No tengo ni idea de cual es el precio de la cerveza porque siempre me las han regalado o he pagado con los cupones que me dio mi admirador nipón, el rompetechos. Ahora que me acuerdo, todos los amarillos estos me llaman sulaco-SAN. Yo les he explicado que es SAN-sulaco, pero ellos siguen trocando el orden. Al menos es gratificante saber que un oriental presiente inmediatamente mi poderío. Esa última noche no pasó nada que deba ser reseñado en esta mi bitácora. Por la noche me levantaba a mear dando saltos continuamente, por si la arácnida estaba de guardia. Es un poco difícil mantener la puntería, pero con voluntad y sacrificio se consigue. La escena me recordó a estas películas de boxeo en donde el entrenador está todo el tiempo machacando al púgil para que baile. Yo ahora lo hago de motu propio. No dejo un pie en el suelo más de un segundo por si acaso.

Esta historia continúa en Omán sexta parte – Sur y de vuelta a Moscate

4 opiniones en “Omán quinta parte - Sur”

  1. se nota que mi compañia y mi cultura casi infinita se te van pegando, lo de san-sulaco en lugar de sulaco-san es lo mejor que he leido en este web en mucho tiempo 🙂

Comentarios cerrados.