Otra semana complicada

Ya ni recuerdo la última vez que estuve en mi casa rascándome la barriguita sin hacer nada. He escuchado rumores de gente que lo puede hacer pero parece que a mí no me tocó ir en ese tren y el mío avanza por caminos más complicados. La semana pasada es un buen ejemplo de lo enrevesadas que pueden ser las cosas. Llegué de Estambul por la noche y entraba en mi casa a la una de la mañana del lunes, el martes cenaba con el Turco y el Rubio y acabábamos más pasados que el tanga de Marujita Díaz, el miércoles iba a clase de italiano muy malamente, el jueves había quedado con mi vecino para revisar su ordenado, el viernes después del trabajo cenaba con amigos en el Café Cartouche, un evento que organizo tres o cuatro veces al año y al que invito a quién me apetece, motivo siempre de discordia en mi empresa por lo exclusivo del evento y lo difícil que resulta conseguir plaza, ya que salvo la mía, nadie tiene garantizada la suya. En esta ocasión fuimos siete ya que opté por dejar atrás a dos colegas que la última vez aparecieron con sus Primeras Esposas y a mí me da igual que la gente se case para tener quién les lave la ropa, les controle la economía y les ponga un plato de comida en la mesa (ji ji ji …) pero que no me las traigan al Cartouche y me las pongan en la mesa solo porque ellas no les dan permiso para salir con sus colegas. Eso me lo haces una vez y la siguiente ya te tengo en mi lista negra cual agujero de susodicho color y de ahí te juro por los lamparones de los gallumbos de Torrente que no se sale tan fácilmente.

Uno de los que vinieron a cenar trabajó en nuestra empresa hasta diciembre y después encontró otro trabajo. Como salía temprano se vino por la oficina a saludar a los antiguos colegas y yo me encargué de invitarlo para que lo dejaran pasar. Al llegar el hombre a la recepción me llamaron y tuvo tan mala suerte que el director de Recursos inHumanos lo vio y se paró a hablar con él y más concretamente a ver quién carajo lo había invitado. Cuando me vio llegar a la recepción su cara era un poema de esos que no se pueden pagar ni con Mastercard y se marchó rebotadísimo, sabedor que por mucho que me odie, yo lo desprecio en cantidades aún mayores.

El sábado me levanté temprano y a las ocho de la mañana estaba haciéndome un chocolate con churros, lo típico que hacemos todos habitualmente. Acabado ese concreto momento de placer extremo con un chocolate con un setenta y dos por ciento de cacao y unos churros hechos con la mejor de las leches mezclada en una proporción de setenta a treinta con el agua más deliciosa de Holanda, me puse manos a la obra y cociné una Tortilla de papas con cebolla, un Brownie, unas croquetas de setas shitaki y puerro y entre medias volé al mercado a comprar castañas y calamares y tras cocinar me lancé al jardín y transplanté una parra, podé un manzanero que se niega a dar manzanas y que como el año que viene no espabile lo talo y podé los pinos que conforman el perímetro exterior trasero. Mi vecino me vio trabajando y salió a charlar un rato. Terminé a toda prisa porque el Rubio venía a recogerme y con toda la comida, dos botellas de cerveza bok de tres cuartos de litro y otro montón de cosillas más nos fuimos a su casa. Allí cenamos y seguimos de tertulia hasta altas horas de la noche. El domingo por la mañana a las ocho, de nuevo el pie del cañón haciendo Pannenkoeken para todo el mundo y a las once de la mañana estaba camino de Amsterdam en tren para ir al cine. Por la tarde regresaba a mi casa exhausto y finalmente me quedaba dormido viendo el episodio del cincuenta aniversario de Doctor Who.

Esta semana no pinta mucho mejor y me pregunto como haré para ver las cuatro películas que tengo previstas, atender mi vida social, mis clases de italiano y organizar el viaje a Milán del fin de semana.

7 respuesta a “Otra semana complicada”

  1. En navidades pasaré diez días botado en la playa sin mover una pestaña, eso sí, regreso a lo bruto, llegando a Holanda a la 1 de la mañana y yendo a trabajar a la mañana siguiente a las 7 de la mañana, con lo que malamente dormiré esa noche unas horas.

  2. Si te digo que a mi las costillas esas no me tienen buena pinta me vas a poner verde, no? deben estar buenísimas, pero al menos en foto… psé…
    PD.- sé que esperas que entremos (las “comentadorAs”) al trapo, por mi parte, espera sentado 😛

  3. Virtuditas, hay una regla clarísima que establece una relación proporcional entre el aspecto de las costillas y su sabor. Las que se ven bonitas son una mierda. Estas creemos que han sido primero hervidas, después maceradas en un barril durante un periodo que puede ser de días o semanas y finalmente cocinadas al grill.

    Mi padre, además de coincidir conmigo en que son las mejores costillas del universo conocido, te habría hecho fijarte en el hecho de que cuando pides costillas te ponen exáctamente eso en el plato y no te lo llenan con lechuga, tomate, papas y otra mierda que no has pedido.

    Creía que no estabas casada por lo que el concepto de Primera Esposa no se te puede aplicar.

  4. Ahora me explico porque ansías que te manden al paro, no te alcanza el tiempo, porque a mi, usándolo de forma completamente distinta, tampoco me llega, y eso que no trabajo, por eso digo con frecuencia que no entiendo como a la gente les alcanza el tiempo para trabajar 🙂
    Pues a mi la foto de las costillas me hace la boca agua, sinceramente 🙂
    Salud

  5. Crees bien, en todo caso “calentadora de cama reconocida ante la familia”, o, para abreviar MDMH, Madre De Mi Hijo.
    Por cierto, bien que te pongan lo que has pedido, pero unas buenas patatas fritas complementan casi cualquier cosa. Ñam.

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