Otra vez cruzando las piernas

Ayer por la tarde llovía, nevaba y granizaba y la sal no funcionaba en las carreteras así que tenía claro desde por la mañana que iría a clases de patinaje en guagua. Hablando con el Rubio por teléfono le comentaba que de esta forma protegía además la botella de vino y la de cerveza que le llevaba para pre-celebrar su cumpleaños ya que sucederá la semana que viene y él estará esquiando con su Primera Esposa y las Tres Unidades Pequeñas en algún lugar de Austria. Aprovechando que trabajaba desde mi casa hice Pastéis de nata y os puedo asegurar y os aseguro que por fin estoy satisfecho con el resultado y las interminables pruebas que llevo haciendo desde diciembre han llegado a su fin. Ahora solo me falta que me lleguen los moldes individuales que compré en China y si me gustan pondré la receta por aquí. Mi error garrafal en todas las pruebas anteriores fue el usar hojaldre comprado. Los portugueses hacen algo que llaman Massa Folhada y que definitivamente no es como el hojaldre que compro. Lo mejor es que se puede hacer en algo más de media hora y congela perfectamente así que el lunes por la tarde me puse e hice un kilo de esta masa y lo dividí en tres partes. Antes de salir de casa preparé la mochila con la botella de vino, una Erdinger de medio litro, un montón de pastéis de nata, una bolsa llena de Snickerdoodles para que los niños tuvieran algo decente que comer hoy en el coche camino a Austria y el equipamiento básico de patinaje, con gorro, guantes, patines y una bufanda que no usé.

Llegué a la Vechtsebanen a las ocho y diez, prácticamente el primero y aproveché para pedirles que me afilen los patines. Tardaron unos veinte minutos y para cuando salté a la pista ya estaban todos mis compañeros. Comenzamos practicando el balance, no la confrontación del activo y el pasivo para averiguar el esto de los negocios sino el movimiento que hace un cuerpo inclinándose de un lado a otro. Lo hacemos con el cuerpo muy bajo para reforzar el centro de gravedad e intentando mantener el cuerpo sobre un patín mientras el otro descansa en alto (sin tocar el hielo). Suena complicado pero no lo es y es algo que se me da muy bien. Además de reforzar tu equilibrio y como he dicho en ocasiones anteriores, te permite usar el peso para generar energía cinética y ganar velocidad. En mi caso y debido a mi bulimia y anorexia no resulta un incremento significativo pero hay una en mi clase que está encochinada y cuando lo hace bien parece un proyectil que si se estampa rompe los muros. Tras media hora de ejercicios de este tipo regresamos al cruzamiento de piernas, esa cruz tan grande que tenemos los patinadores de velocidad de élite. Volví a juntarme con la gorda rechoncha de la vez anterior y a la que el Rubio ha apodado como Miss Piggy. La razón para juntarme con ella está clara. Tiene el centro de gravedad prácticamente en el manto de la Tierra y cuando me agarra para que practique sé a ciencia cierta que no me va a dejar caer. Hicimos seis vueltas yendo de manos y ahora que conocemos la mecánica del cruzamiento de piernas de lo que se trataba era de sacar el culo hacia afuera al mismo tiempo que tuerces un poco el ángulo del patín y una vez cruzas las piernas te quedas con ambas en el hielo (y los pies cruzados). Es terrorífico y espeluznante y solo lo hacemos un pequeño grupo de seres humanos que nos sentimos muy afortunados. Para las tres vueltas finales teníamos que ir en solitario. Nuestra primera vez (hay que ver como miento, yo lo he hecho unas cuantas veces solo …). Me puse al lado de la gorda y fuimos juntos. En la primera curva conseguí cruzar las piernas cinco veces, dos de ellas consecutivas y sin caerme. Casi me corro de gusto allí mismo y si no lo hice es porque con un grado bajo cero y el leotardo la lefada cantaría muy mucho en el paquetillo. En la segunda curva logré hacer tres más y aunque sigo haciéndolas aterrorizado, en cada curva logré hacer al menos dos. En la última curva la chama se lió y de repente la veo por el suelo en mi dirección y tuve que hacer maniobras evasivas para no caerme, algo que conseguí. Llegamos al lugar en el que estaba la profesora partiéndonos de risa y con ella cubierta en hielo. Al acabar la clase me tomé una cervecita a toda velocidad con el Rubio, le di sus regalos, negocié la forma de felicitarlo por su cumpleaños la semana que viene y le perdoné el llevarme a mi casa y regresé en guagua, aunque previamente tuvimos el abrazo de despedida a las puertas de la guagua con el momento awkward del Rubio, que siempre parece incómodo con las muestras de cariño y que sigue sin captar que por eso tanto yo, su esposa y sus tres hijos nos ensañamos con él.

La semana que viene tendré que ir a patinar solo o digamos que no podré tomar cerveza después de patinar ya que soy un alcohólico socialmente conocido y no bebo a menos que me acompañe alguien. Como no tengo clases de italiano la Chinita se me ha pegado como una ladilla para cenar en mi casa un día y así podrá probar mis increíbles pastéis de nata. En clases de patinaje la profesora ha dicho que nos va a grabar para que nos podamos ver y así corregir nuestros errores. Si tengo acceso al vídeo tened por seguro que no lo pondré por aquí 🙂

5 opiniones en “Otra vez cruzando las piernas”

  1. A ver si me decido a hacer los pasteles, la verdad es que me gustaría volverlos a comer, pues están buenísimos.

  2. Genín, por supuesto que hay que afilarlos. Sobre todo ahora que hago el cruzamiento de piernas y las cuchillas si no están afiladas no se agarran al hielo.
    huitten, estoy siguiendo la receta portuguesa coma por coma, tanto para la masa folhada como para el relleno. Cualquiera puede leer portugués y el vídeo en llutuve es más claro que el agua.

  3. Si llego a ser yo tu “pareja” de patinaje, y leo (y entiendo) esto, directamente te saco los ojos. Sin acritud.

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