Comenzó como una brisa

Comenzó como una brisa
Mayo 1993. Instalaciones secretas de Pozo Izquierdo, ubicadas en un lugar situado muy al sur del territorio español, perdido entre llanuras desoladas y asoladas por los vientos alisios. El lugar es un horno poblado de invernaderos en los que se cultiva el tomate. Un olvido de Dios o quizás un descuido creó este enclave, casi carente de vida y en donde solo las estructuras plásticas son capaces de proteger a las plantas, que de no estar encerradas en esos cubículos morirían.
Una figura surge de una burbuja blanca construida en medio de la nada, estructura que está acompañada de otras similares. A lo lejos se puede oír el mar golpeando la costa, el correr de las piedras en la playa, redondeadas por su fatigoso y continuo trajín, arriba y abajo sobre la arena. El ser que ha salido es alto y lleva un traje de algún material plástico que le cubre todo el cuerpo. En la cabeza, una escafandra le da una apariencia extraterrestre. Anda torpemente por culpa del traje que lleva. Por un instante mira hacia el este y el sol implacable se refleja en su visor. El hombre se desplaza hacia la siguiente burbuja en donde desaparece tras las compuertas de entrada.

Una valla de seguridad rodea todo el perímetro del complejo. Parece sorprendente que aquí, en medio de los invernaderos exista algo tan sofisticado. Vistos desde el aire, parecen caprichosos invernaderos que han adoptado una forma circular, mucho más perfectos que los vecinos. La valla posee un circuito cerrado de televisión y unas alambradas que parecen estar electrificadas.

Si nos fijamos atentamente en la burbuja en la que ha entrado el hombre, si por un instante nos convertimos en una mosca cojonera que avanza a la búsqueda y captura del próximo pescuezo del que extraer algo de sangre, si revoloteamos alrededor de este extraño edificio y nos pegamos mucho a sus paredes, en un punto muy determinado podremos notar una corriente de aire que sale del interior a través de una pequeña grieta en la estructura. Este aire es frío y no tiene ninguna característica especial. Los alisios lo recogen y lo lanzan en una loca carrera contra Vecindario, lugar que los habitantes de estas tierras dieron al poblado más cercano. Por allí se esparce entre los ciudadanos de esa tranquila villa del Sur de Gran Canaria.

Octubre 1995. Pozo Izquierdo. Una grúa sostiene una pequeña jaula abierta por uno de sus lados. En ella, un hombre ya mayor y arrugado por el implacable sol de estas tierras trabaja cansinamente. El pintor está dando una nueva capa de pintura blanca a la burbuja número dos. Un trabajo tedioso y que se hace cuando la temporada de los vientos alisios ha acabado. Octubre es un buen mes. Casi no hay viento. Después de varios días de pintar se encuentra con algo anómalo. Tras pasar el rodillo por una de las planchas, la pintura se ha descorchado, como si alguien soplara desde dentro. Inmediatamente se forma un pequeño orificio por el que sale el aire. Acerca su mano y siente la corriente. Es un aire frío. Maniobra los controles de la grúa y se baja de la pequeña jaula. Va a la caseta de los vigilantes. Estos no lo quieren creer y lo acompañan a comprobar lo que cuenta.

Tras comprobarlo hay algunas carreras y del interior del edificio sale un equipo de hombres burbuja. Sellan el escape. Al hombre que lo descubrió se le paga una cantidad extra y se le amenaza para que no cuente nada de lo que ha visto. El hombre se dirige hacia el camión en donde su compañero trata de obtener explicaciones. No hay nada que explicar. Ya han cobrado y se tienen que marchar lo antes posible. El compañero intenta razonar. Aún no han acabado. Les quedan dos huevos por pintar. Recibe una respuesta sencilla y directa: ?Calla y recoge. Nos vamos??.

Es hora de levantar el chiringuito. Una actividad frenética rodea el complejo. En los siguientes días, decenas de contenedores salen del lugar sin un destino claro. Se vacían meticulosamente las estructuras. Se destruyen las instalaciones auxiliares. Se desmonta la valla que protegía el recinto. Tras una semana de trabajos continuos, sólo quedan las burbujas como prueba de que allí existió algo.

Marzo 2004. Pozo izquierdo es una de las mecas del windsurfing. Una vez al año, la elite se reúne en este lugar bendecido con unos vientos fuertes y constantes para celebrar una de las pruebas del mundial de windsurfing. Los extraños edificios con forma de burbuja aún permanecen en el mismo lugar, pero ha cambiado su uso. Ahora son un centro de investigación de energías alternativas. El perímetro de seguridad también ha desaparecido. Ahora hay una valla que podría saltar cualquiera. La zona presenta nuevos edificios y yendo hacia la costa hay muchas construcciones recientes, casas recíen terminadas de gentes que han apostado por vivir en esta zona.
El cercano pueblo de Vecindario ha crecido hasta convertirse en próspera ciudad del sur de la isla. Centros comerciales, tiendas, nuevas urbanizaciones para jóvenes parejas han cambiado la faz de la que fue una villa de agricultores dedicados a la zafra del tomate. Aún quedan invernaderos en los que se cultiva pero están en fase de extinción. Es mucho más rentable vender los terrenos y construir casas. La reciente prosperidad ha hecho necesaria la instalación de una gran depuradora de aguas residuales que recicla las aguas de esta ciudad y se usa para regar los cultivos existentes. Esos tomates, perfectos en forma y color, descansarán en los congeladores de muchas ciudades europeas en unas semanas.

En los arrabales de la ciudad un inmenso centro comercial se yergue como homenaje a la sociedad consumista. Decenas de tiendas, un hipermercado, multicines e infinidad de bares y restaurantes lo convierten en uno de los lugares de peregrinación favoritos para la gente del sur de la isla. Entramos en el centro comercial y avanzamos por las amplias avenidas interiores entre tiendas. La megafonía interior esparce los sones de la canción de moda. La gente avanza con sus carros de la compra. Los niños corretean alrededor de sus madres que se ven impotentes para controlarlos. Seguimos nuestro recorrido y llegamos a una arepera venezolana. El encargado del local ameniza la estancia a los clientes tocando música con unas maracas mientras las cuatro chicas que están en la barra bailan al son de su ritmo. Enfrente, las taquillas del cine reciben a los clientes que hacen cola pacientemente. Un grupo de bulliciosas adolescentes entra en una de las hamburgueserías a comprar comida. Todo parece perfecto …. pero no lo es.

El Rey Arturo – King Arthur

Y tropiezo y vuelvo a tropezar una vez tras otra. Mira que el trailer ya me daba mal fairo, pero al final caí, convencido por unos amigos y lo lamentaré mientras viva. No sé cuantas neuronas perdí durante las dos horas que sufrí viendo ese tremendo bodrio llamado King Arthur, ese pedazo de mierda de películaKing Arthur, pero imagino que fueron miles.

Aparte del nombre de los personajes, no tiene absolutamente nada que ver con las leyendas artúricas. Por si eso no fuera bastante, está a años luz de ser una película de acción decente, o de batallas, o romántica. Es simple y llanamente UNA MIERDA. Hubo gente que se marchó antes de acabar y si yo me quedé, fue sólo por el aire acondicionado del cine.

Vamos a ver. Gladiator es una excelente película que marcó el retorno de un cine medio histórico y épico. Unos cuantos se han apuntado al carro pero debieron escuchar el concepto por el ojo del culo y así les ha ido. El primer concepto que aprendieron de esa película fue el de la música. Parece que para hacer cine histórico ahora sólo valen los temas en los que una tía a la que le han trincado el coño con unas pinzas de tender la ropa, gime como una burra mientras suena por detrás la fanfarria. Esto se repite durante el 80% de la película y se creen que no nos damos cuenta. Esa música que te pone enfermo acompaña cualquier escena por tonta que sea.

Teniendo la cutre música, se coge a un guionista que no sepa leer ni escribir, se le da el título basado en algo que en Europa hemos conocido durante milenios y se le dice que reescriba la historia. El subnormal de turno, que en su vida sólo ha visto películas de Fernando Esteso y Andrés Pajares, escribe lo que escribe. Mierda nada más.

Después, teniendo la música y la mierda de guión se busca a un incompetente para dirigir. En este caso un tal Antoine Fuqua que espero y rezo porque alguien consiga una orden para mantenerlo alejado de cámaras de cine. El pobre, intelectualmente subdesarrollado, no sabe que hacer, así que no hace nada. Es incapaz de ver que tiene un guión que apesta con una música que espanta hasta las moscas y orgulloso por manejar un presupuesto de 150 millones de dolares, se sienta cada mañana en la silla del director a dirigir esa basura.

Por supuesto nada de esto se sostiene sin unos actores de primera. Así que metemos en la coctelera a un Clive Owen en el papel de Arturo, un tipo que da pena, sin carisma, con unos diálogos que le auguran un Alzeimer precoz, que por momentos nos hace temer por la vida de la única neurona que posee, se le acompaña de un tal Ioann Gruffudd como Lanzarote, o más bien como la mariquita del coño que siempre está enfurruñada porque no le puede comer el nabo al Arturo, con menos carisma que el anterior y para redondear el casting se pone a una tipa llamada Keira Knightley en el papel de Ginebra, medio marimacha, con menos tetas que uñas, lerda como pocas y que encima no folla, porque la niña nos salió guerrera.

Este trío estelar se completa con el dúo Milly-Vanilly, dos totorotas que las pocas veces que hablan es para cagarla y con otros por el estilo y ya tenemos el siguiente SUPER-Exito del verano. Pero algo falló. Incluso los alerdados norteamericanos se han dado cuenta de la mierda que les estaban vendiendo y huyeron de los cines como de la peste.

Podría divagar durante horas rememorando escenas absolutamente deleznables como la de la batalla del hielo, en el más puro estilo Heat, con siete panolis contra doscientos, o esos vomitivos diálogos entre Arturo y Lanzarote, diálogos que me obligaban a jugar a Asteroides en mi móvil, podría incluso joderos el final y deciros quien muere y quien no, o como los nativos de la Gran Bretaña que siempre han estado a un lado de la muralla, por obra y arte de la magia aparecen al otro sin que medie milagro ni espíritu santo, pero paso. Sólo os diré que hay una única escena de sexo, que ocurre exactamente en el minuto noventa, que dura veinticinco segundos y que el hijo de puta del director decidió que era el momento de enfocar las caras y no se ve absolutamente nada, aparte de dos besos y una mano yendo hacia las nalgas de una Ginebra más vestida que un esquimal.

Recapitulando. Le damos un 4 en acción, un 0 en guión, un 1 en música, un 2 en interpretaciones y un 1 en ambientación. Unicamente apta para ocasiones en las que la temperatura del exterior os obligue a permanecer en una sala de cine durante un par de horas.
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El juego de Ender

Siguiendo con las relecturas de verano, he elegido uno de los libros de ciencia ficción que más me ha impactado. El juego de EnderEl juego de Ender fue toda una patada en los huevos cuando lo leí por primera vez. No pude despegarme del libro desde que lo comencé. Me quedé durante horas sentado leyendo sin importarme nada más. Visto desde el presente, recuerdo que tenía un examen y decidí que era más importante acabar la historia. Como viene siendo habitual, en esta ocasión lo he escuchado como audiolibro leído en inglés. Tiene una duración de tres horas y pico, las mismas que estuve enganchado como una perra. Me lo llevé a la playa y no fui ni a bañarme porque una vez te trinca, no te deja ir. El libro sigue siendo tan bueno hoy día como cuando lo leí por primera vez. La histora es la siguiente:

La Tierra se ve amenazada por una raza extraterrestre que se comunica telepáticamente y considera no tener nada en común con los humanos, a los que quiere destruir. Para vencerles es necesario un genio militar, y por ello se ha permitido el nacimiento de Ender. La novela, primera de una serie sobre su protagonista, trata de la formación de una personalidad excepcional en medio de un ambiente de gran presión y complejidad tecnológica.

Orson Scott Card nos presenta una escuela en la que se crean guerreros a partir de niños, asesinos cuyo único fin es derrotar una raza extraterrestre. Para ello, la regla del TODO VALE está siempre presente. El pequeño Ender, un niño de ?casi?? siete años tiene que volverse muy duro para sobrevivir en semejante lugar.

A aquellos que les guste la ciencia ficción y no se hayan leído este libro, posiblemente se están perdiendo una de las mejores obras de los ultimos veinte años. Otro libro perfecto para las tórridas tardes de verano.
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