Otra vez en un aeropuerto

Soy consciente que me repito mucho con este tema, pero yo no tengo la culpa de viajar tanto y de verlo todo de una forma anómala. Bastante tengo con no haber perdido la fe en las compañías aéreas.

En esta ocasión he decidido combinar mis dos experiencias viajeras (ida y vuelta ;-)) en una sola anotación. Y más que en el viaje en avión me centraré en los previos. Lo del avión está muy visto y Transavia no da para mucho, con esas azafatas jóvenes y lozanas y esos aviones cuasi nuevos. Solo comentar que como viene siendo habitual en estos viajes tuvimos tres crisantemos y una flor de loto en cabina controlando el pasaje y quien no entienda esto, que se compre un diccionario para entendidos.

Dado que ahora los aeropuertos me sablean con ese impuesto revolucionario llamado tasas de aeropuerto y del que no puedo defenderme por ser de pago obligatorio, he decidido tomar medidas drásticas. Me parece un abuso que me saquen casi 40 euros por pisar dos putos aeropuertos. Yo hasta ahora era muy limpio y pasaba por los recintos aeroportuarios casi como un fantasma, pero eso se ha acabado. Este año tenemos en marcha la operación gorrino a la que os invito a uniros. Como es tan caro el mantener esos lugares me he propuesto recuperar parte de mi inversión. Según entro en el lugar me convierto en el ser más guarro que os podáis echar en cara. Papeles al suelo, escupitajos, vómitos y similares están a la orden del día. Todo para recuperar mis cuarenta eurolos, que si multiplicáis esa guita por los ocho o nueve viajes que me monto por año, estoy dejándoles un dineral. El punto más importante de la operación gorrino comienza el día antes, o más concretamente dos días antes. Es en ese momento cuando comienzo con la abstinencia cagueril. Me trinco y me mentalizo para acumular las heces en cantidades astronómicas. Después de la facturación me meto en uno de esos baños y obro, o más bien, descargo. Lanzo tales cantidades de mierda que aquello queda inservible. No me preocupo mucho por la puntería y ni que decir tiene que añado una buena dosis de papel higiénico para conseguir el aspecto que tendría el baño de cualquier pub un sábado cualquiera en la madrugada. Ya somos muchos los que estamos boicoteando los aeropuertos de todo el mundo y cubriéndolos de mierda. No quieren nuestro dinero, pues se lo tendrán que gastar en limpiadoras.

Sobre la facturación decir que Transavia ha eliminado el billete y la tarjeta de embarque. Ahora como billete tengo un papel con un único código y un día antes de viajar me conecto desde la oficina y facturo, eligiendo mi asiento. Llego al aeropuerto con un folio que tiene un código de barras y con eso entro en el avión. Es el futuro. Se acabaron esas señoronas sentadas en los mostradores de facturación de los aeropuertos mirándonos con cara de mala leche y desesperándonos con su profesionalismo y lentitud.

El aeropuerto de Málaga es un claro ejemplo de por qué en Europa se piensa que España es el tercer mundo. Cuando llegué, otros catorce vuelos habían aterrizado al mismo tiempo y sólo habían siete cintas para recoger el equipaje. Haced vuestros cálculos partiendo del supuesto que dos cintas no se usaban. En las otras cinco nos acumulábamos a casi tres vuelos por cinta, con las maletas saliendo entremezcladas y quinientas personas o más luchando por conseguir pillar su equipaje. Digo yo que con el puto dinero que nos sacan podrían reparar las dos que estaban rotas y hacer unas cuantas nuevas. Aquello fue de pena. Había un tipo alemán que cogía todas las maletas rígidas, las sacaba, las miraba y las volvía a poner porque no eran las suya. El hombre no discriminaba ni tamaño ni color. Lo cogía todo. A su lado unos ingleses repartían codazos para hacerse un hueco y una holandesa se pasaba por la pipa del coño la prohibición de fumar y nos jodía a todos con el puto humo de su cigarro.

El siguiente ejemplo de eficiencia en aeropuertos lo viví al marcharme. Una multitud luchando para pasar el control de seguridad, algo que ya comenté en el largo camino de vuelta hace cosa de un mes. Según paso el control escucho que llaman para embarcar a mi vuelo. Miro en los paneles y no aparece la puerta de embarque. Creo recordar que es la diez y hacia allí me dirijo. En ese lugar se embarca un vuelo hacia Alemania, así que me pongo a curiosear por toda la terminal sin encontrar la dichosa puerta. Vuelvo a la número diez y le pregunto a la chica, después de esperar diez minutos a que terminara de hablar con su móvil con una amiga para contarle lo dilatada que tenía la vagina gracias a su nuevo novio. La tía, de mala hostia me confirma que ese es mi vuelo y que hay un problema con el software de control del aeropuerto y no se actualizan las pantallas. ¡Genial! Entro en el avión y aquello está vacío. Salimos con retraso por culpa del problema con el software del aeropuerto y por culpa de la ineptitud de unos empleados incapaces de poner un puto folio allí para indicar el vuelo que se facturaba. El recochineo en el avión era de cuidado. Toda esa gente se marchó de España convencida del buen hacer y del nivel de desarrollo de nuestro país.

Decir que sentí vergüenza ajena por la pobre que hace los anuncios en inglés en el aeropuerto español. Está claro que entró enchufada o a base de tomar calcio para sus dientes chupando las pollas de medio escalafón, porque por sus méritos lingüísticos seguro que no fue. Cada anuncio de la tía era secundado con el cachondeo general de todos los extranjeros que pululaban por allí. En fin, para que seguir…

La semana pasada en Distorsiones

Esta ha sido una semana un tanto atípica en la que he escrito casi todo lo que se ha publicado el domingo anterior. Después de un tiempo sin acercarme a esos temas que siempre me han fascinado, esta semana los hemos tenido en varias entregas. La perra de tu hija, La culpa es de la perra de tu hija y Avistamientos invernales pasarán a los anales de esta bitácora en la sección de Desvaríos, esa categoría tan mimada por mí. Las dos primeras ahondan en mis relaciones con la china de mi vecina y la tercera es una de esas pinceladas urbanas que sólo se consiguen mediante la intensa observación de los sujetos. Estas tres anotaciones merecen una lectura detenida y es muy probable que os hagan reír o mandarme alguno de esos correos que borro tan alegremente. Se habló de Cine por aquí en Un long dimanche de fiançailles – Largo domingo de noviazgo y en  Ouija, la primera una buena película y la segunda algo que sería mejor evitar. También continué con mi paseo por las historias de Ender en un nuevo audiolibro. Ubicado dentro de la categoría de Literatura tenemos Ender’s Shadow – La sombra de Ender, una serie que parece no acabar nunca. Ya estoy leyendo los dos siguientes tomos, así que seguiremos hablando de Ender en el futuro. Finalmente, unas notas informativas y de carácter personal en Arroyo de la miel, Setas en el bosque y Terug naar Hilversum. Ya con las pilas bien cargadas, me gustaría que leyeran la idea que he lanzado en Terug naar Hilversum y me den su opinión.

Y no os olvidéis de premiar el esfuerzo de una manera material, lo cual podéis hacer regalándome alguna de las cosas que he seleccionado en:
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Terug naar Hilversum

Ya estoy de vuelta en esta mi casa nórdica. Han sido cuatro días y medio en Benalmádena y alrededores. He vivido alguna experiencia que va más allá de la incomprensión. Yo creía que estaba rodado en esto de la vida y que lo había visto casi todo, pero ahora sé que aún me queda mucho por vivir. He conocido a uno de los mayores frikis de este lado de la galaxia. Creo que tengo para escribir historias los próximos dos meses. Nadie me creerá, como de costumbre, pero he vivido cosas que harían cagarse en sus bragas aluminizadas al robot de Blade Runner. Estos ojitos han sido testigos de eventos imposibles, de realidades supraterrenales y he escuchado historias que quitarían el sueño a la bella durmiente. La única expresión que se me ocurre para sintetizarlo es: “Lo he vivido“.

Al hilo de esto se me ha ocurrido que quizás haya llegado la hora de tirarme a la piscina sin agua y contar una de las historias de esta bitácora en formato audio. Sería algo así como una versión cutre pachanguera de Distorsiones, aunque me niego a usar eltérmino Podcast porque no pienso ponerle RSS y ni siquiera sé cuando lo haré o con qué periodicidad. La cuestión es: ¿debería hacerlo? y ¿que historia elegir? Por ahora me dedicaré a hacer pruebas, porque me gustaría hacer algo pachanguero, con algún tipo de efectos de sonido o música de fondo y en la medida de lo limitado de mis posibilidades, hacer distintas voces … … dejo la idea en el aire y veremos que opinan los comentaristas.

Ouija

El cine español, en lo que se refiere a películas de terror, siempre ha sido muy malo. Mira que yo lo intento y las veo todas, a pesar de las advertencias de los colegas, pero casi siempre me pego unos palos de cuidado. La ouija es uno de esos ejemplos. A partir de una idea super trillada por el cine americano y que debería ser muy fácil de desarrollar, se empeñan en estropearla a conciencia. Si se hubieran dejado llevar por la historia y no se hubieran complicado tanto, posiblemente habría resultado una película mucho mejor.

El director de este estropicio no es otro que el archifamoso en su portal Juan Pedro Ortega, a quien únicamente podemos juzgar por lo que ha hecho con esta película, que es bien poco. Lo primero que se nota es que la cinta está como muy granulada. Supongo que no había mucho presupuesto y compraron el material en una tienda de chinos o en un todo a un euro, porque no recuerdo haber visto una cinta de tan baja calidad en los últimos cinco años. El guión os lo podréis imaginar. Grupo de ignorantones y descerebrados se ponen a jugar a la ouija y conjuran a un espíritu malo malísimo que se inflará a hacerles pupa uno a uno hasta la confrontación final. El detalle super-intelectual es que el tío de una de las protagonistas es cura y ciego. ¿a que se os ha quedado el cuerpo frío de la impresión? Pues eso, a mí también. Los protagonistas son un grupo para mí absolutamente desconocidos, a los que nombraré nada más que para que quede constancia: Montse Mostaza (por Dios vaya nombre artístico, más propio del cine porno) que hace de la chica nueva que viene y cambia los equilibrios de poder, Carlos Olivella, uno de los machos cabríos de este grupo esperpéntico, Jaume García, otro de los machillos, Ricard Sales, el tercer miembro viril masculino y Núria Font que es la hembra desplazada dentro del grupo y a la que ya nadie quiere poner la pierna encima.

Hay muy poco más que decir. No hay sustos, la cinta tiene muy mala calidad, la historia apesta y no creo que ninguno de ellos esté muy orgulloso de su trabajo. Por no haber no hay ni escenas de puterío, que podrían haber al menos alegrado un poco la historia. Así que si formas parte de ese selecto club que es el de mis enemigos, que sepas que ésta DEBERÍAS verla. Los demás, ni caso.