WiFi gratis en la playa de las Canteras

Hoy no va a haber historia, pero lo creáis o no, son las ocho hora local canaria y estoy en la playa de las Canteras conectado al WiFi gratuito del ayuntamiento de Las Palmas. Esto es el puto paraíso. Tecno playero total.

Y ni os cuento lo que estoy triunfando con el Ave María Mix de Bisbal en mi móvil. Es la sensación. La gente escucha la música y detiene lo que está haciendo para disfrutarla.

Holandeses en el Keukenhof



Jubilados, originally uploaded by sulaco_rm.

Una de las leyendas urbanas de este país tiene que ver con la gente que visita el Keukenhof. Si preguntas, casi todo el mundo te dirá que ese parque es una atracción de turistas y que no piensan ir a verlo, o al menos no lo harán hasta que se jubilen. Cuando estás por el parque, notas enseguida que casi todos somos extranjeros y prácticamente los únicos nacionales que se ven son los que van motorizados. El neerlandés visita el Keukenhof cuando tiene un pie metido en la tumba, nunca antes.

Ellos se lo pierden. Si sólo pudiera salvar una sola cosa de este país, sería este parque. Es un lugar único, vivo y que cada vez que lo visitas parece distinto. Los cuatro ancianos que van en silla de ruedas parecen estar en una competición por ver quién llega antes al lugar en el que yo me encuentro con la cámara esperándolos.

El zurrón del gofio

Llego a Gran Canaria y me ataca la alergia de forma salvaje. Mi casa en Holanda está totalmente enmoquetada y yo no soy de los que andan con la aspiradora todos los días y sin embargo es pisar suelo canario y comenzar a estornudar por el polvo. Se nota que he perdido las defensas. Pasé mi vida aquí casi sin alergia y ahora no soy capaz de sobrevivir sin medicinas. Me imagino que nunca podré volver a vivir aquí.

Me voy al cine con bleuge y mientras cenamos observamos la degradación de la raza, con esas mujeres amorfas y con cuerpos como la diosa de Tara, con esos michelines que compiten entre ellos por sobresalir de sus rotondas figuras. Debe ser el gofio. No veo otra explicación. Las tías han perdido el pundonor y las formas. Son masas de carne que te hacen añorar aquellas mujeres de antes. Ahora o son bulímicas o enconchinadas. Casi no hay término medio. Lo otro que noto es el volumen de voz. Frente al silencio en el que vivo, aquí la gente habla a gritos y sin vocalizar. Mi español ya no es lo que era y el hecho de hablar sólo con intelectuales y nobles cristianos me ha limitado mucho. Si a eso sumamos que no veo ninguna televisión de nuestro país me siento como un minusválido oral. Emplean palabras que no conozco y como se comen tantas vocales y sílabas, no los entiendo.

En el centro comercial en el que estamos hay un bar venezolano. Las arepas están muy bien, pero a veces da vergüenza ajena. El camarero está reposeído y cuando alguien le da una propina, agarra un artilugio maligno que raspa para generar música y monta una pachanga que me pone de los nervios. Los clientes adoran estos momentos gores y los promueven dándole dádivas continuamente. Las tías, morcillonas y degradadas al máximo, menean sus bolsas grasientas en esos asientos sometidos a presiones extremas y agitan los brazos con grave riesgo para los viandantes, mientras sus novios babean por toda esa masa corpórea que poseerán por la noche. Esta vez estaba lleno y yo me negué a esperar. Por eso elegimos otro local especializado en bocadillos de pata de cerdo con queso tierno.

Al lado de nosotros hay una familia que intuyo es de gitanos, o al menos han adoptado su aspecto. Procuran hablar con un volumen suficiente para que toda la gente que se encuentra en el bar y en los alrededores pueda seguir su conversación. Están despellejando viva a una, que por lo que dicen, es más que puta. Mientras ellos la llaman de todo menos bonita, el chiquillo se entretiene jugando con un juguete de MasDonals. El niño está en su mundo imaginario, viviendo grandes aventuras. Despistado como va, se aleja del campo de visión de la madre. Cuando esta lo nota, le pega un grito de escándalo que casi me rompe los tímpanos. El chiquillo llega al trote, indiferente a la vulgaridad de su madre.

Después de la pitanza, compramos la entrada y corremos para la sala. De la película ya hablaré más adelante.

Hombre de madera

Hombre de madera

Hombre de madera, originally uploaded by sulaco_rm.

Este hombre de madera seguro que terminará inspirando alguna de mis historias. Me lo encontré un día tomando el sol. Se le veía tan a gustito …

Las expresiones artísticas son muy subjetivas. Supongo que un montón de gente sólo verá un montón de madera desaprovechada que algún desgraciado con ínfulas de grandeza ha puesto ahí con el único propósito de fastidiar al prójimo. Otros vemos una exquisita composición que representa al hombre, un hombre primitivo y en su expresión más básica. Seguro que hay tantas interpretaciones como individuos en este planeta. A mí me dieron ganas de tumbarme junto a él a leer un libro, allí, al solito, en aquel rinconcito cubierto de césped.