Magdalenas del carajo, mi receta

Hace cerca de un año, concretamente el 12 de Agosto del 2003 anuncié en mi antiguo blog la consecución de un gran logro para la humanidad. Después de semanas de investigación y desarrollo, de ávida búsqueda a través de Internet, de catas en las más variadas dulcerías de los Países Bajos, produje las primeras magdalenas cuasi-perfectas.

Ahora, con más de ochocientas magdalenas a mis espaldas, con decenas de testigos que acreditan su excelencia, con lista de espera para conseguir unas pocas, con una producción de entre 24 y 36 magdalenas semanales, vuelvo a publicar la receta.

Los ingredientes: 1 huevo, 220 gr. de harina de repostería, 110 gr. de azúcar, 1 sobre de levadura en polvo, 50 ml. de aceite vegetal, 200 ml. de leche, canela al gusto, nuez moscada al gusto, sal al gusto y 75 gr. de chocolate negro, mermelada, cerezas o aquello que vayáis a usar para el relleno.

La implementación: Calentar el horno a 180º. Mientras se calienta, mezclar en un recipiente el huevo, la leche, el aceite y batirlo bien. Una vez está bien mezclado se añade la levadura en polvo y se sigue mezclando. Haremos lo mismo con la canela, la sal y la nuez moscada. Las proporciones de canela y nuez moscada son al gusto, yo suelo poner bastante porque me gusta su sabor. Después se añade el azúcar y mezclamos, a continuación la harina y así tendremos la masa preparada. No os paséis mezclando la harina y el azúcar. Después de años cocinando las magdalenas, uno de los truquillos que he aprendido es a poner el bol en el refrigerador una hora y así la masa se compacta un poco. También he cambiado un poco el relleno. En la actualidad (Octubre 2009) mis favoritas son magdalenas con un trozo de chocolate en su corazón, media cucharadita de confitura de cerezas o frutas del bosque y después cubiertas por la masa con trocitos de chocolate.

Para hacerlas así, pongo los papelitos de magdalenas en el molde y echo en cada uno una cucharada de masa. Sobre la misma pongo medio cuadrado de chocolate y media cucharadita de confitura. Después mezclo trocitos pequeños de chocolate con el resto de la masa (unos cincuenta gramos) y cuando está mezclado, pongo otra cucharada en cada molde y los voy completando hasta que no me quede masa. Con estas cantidades salen doce magdalenas. Las pongo al horno (precalentado a 180ºC) durante dieciocho minutos y al sacarlas las dejo enfríar un poco.

Si quieres ver otras recetas que he cocinado puedes ir al índice de Mi pequeño libro de recetas de cocina y allí tienes la lista completa

Ven, ven hacia la luz …

Faro en la isla de Ameland
Ya no sé que tenemos que hacer para que el verano nos encuentre. Voy a poner este faro en mi web a ver si así el verano es capaz de llegar a Holanda, porque se debe haber perdido en algún lugar del sur de Europa.

Esta mañana tuvimos un amago de buen tiempo. De repente, 29 grados, sol, calor. Todo el mundo a la calle. No quedó nadie en las casas. No me puse ni los calzoncillos con las prisas.

Por la tarde, hace cosa de una hora, comenzó una ligera brisa, que creció y creció hasta que se convirtió en viento huracanado, aparecieron unas nubes que parecían querer llegar a otro sitio, raudas, primero blancas, luego grises, finalmente oscuras. La luz desapareció en cinco minutos. Las luces de las calles se encendieron, el viento continuó empujándolo todo.

Cayó una gota, luego otra y después de que estas dieran el visto bueno, bajaron millones de ellas. Una tromba de agua. Con rayos, con relámpagos, truenos, viento y agua, mucha agua.

¿Es mucho pedir un par de semanas de verano?

El jefe de estación…

El otro día fui a Amsterdam a ver Shrek 2 por segunda vez con mi amigo el chino. El por qué de ir a Amsterdam es sencillo. Es verano y los cines de Hilversum no tienen aire acondicionado. Aunque estamos pasando un julio horroroso con lluvias constantes, la temperatura se mantiene alta y dentro del cine aún más. Otra ventaja de Amsterdam es que con la excusa de ir nos vamos al barrio chino y nos damos un atracón por cuatro perras. Así que en esas estábamos aquel día.

Quedamos en la estación y justo cuando estaba yendo con mi bicicleta cayó una tromba de agua. Llegué ensopado. Cuando estaba tratando de achicar agua de mis bolsillos me llamó el puto chino de los cojones para decir que íbamos a perder el tren y tendríamos que coger el siguiente porque aún estaba en su casa cambiándose de ropa.

Mientras lo esperaba me fijé en la fauna que había en el vestíbulo de la estación. Aparte de los marroquíes de siempre, dedicados al prestigioso oficio del robo de bicicletas y de lo que se preste, sólo habían unos pocos holandeses, el jefe de la estación hablando con unos revisores y Yo.

En eso entró una joven en silla de ruedas. Debía tener unos veinticinco años y supongo que era tetrapléjica. Al menos de movilidad reducida o cero. Iba cargada con varias mochilas en la parte de atrás de su silla eléctrica. La chica se acercó al jefe de la estación. Colocó la silla a su lado, este le echó una mirada despectiva y siguió con la conversación que estaba manteniendo. La chica dijo algo, pero ni caso. Ella subió la voz. Entonces la miraron de nuevo y el tío le preguntó que a donde iba y si necesitaba ayuda. Habrá que ser hijodeputa. Por supuesto que necesitaba ayuda, no pretenderá que se suba sola al tren. Con todo el dolor de su alma el tío la acompañó a las ventanillas a comprar el billete.

En esas estábamos cuando llegó el chino y nos fuimos al andén a esperar nuestro tren. Mientras estábamos allí apareció el jefe de la estación con una compañera y la chica. Se pusieron frente al andén opuesto para esperar el tren que va hacia Amersfoort. La joven le dijo al tipo que iba hacia Leeuwarden, una ciudad al norte del país.

El tren que ella tiene que coger pasa cada media hora. El procedimiento es sencillo. El jefe de estación avisa al revisor, utilizan una rampa para que se suba al tren y luego llama a la estación en la que el pasajero se tiene que bajar para que lo estén esperando. Simple y fácil de recordar. Finalmente llegó el tren.

El tipo decidió devolvérsela a la pobre desgraciada en ese momento. No hizo absolutamente nada por avisar al revisor o montar la rampa. Como jefe de estación el puede parar el tren si le sale de la punta del nabo, pero ese día decidió que estaba allí para ver como se bajaban y subían los «otros» pasajeros.

La chica le dijo que se tenía que subir y él se limitó a ignorarla. Finalmente el tren arrancó. Cuando se marchaba, miró a la pobre joven y le dijo que volvería media hora más tarde para que cogiera el siguiente tren y que lo esperara allí. Yo, el chino y un montón de holandeses que estábamos cerca lo vimos marcharse.

La joven empezó a llorar. Su llanto se oía en toda la estación pero eso no detuvo al soberano hijo de la gran puta. Me quedé estupefacto. El mayor cabrón que he visto en mi vida. Lo hizo a propósito. Una par de mujeres se acercaron a consolar a la joven que lloraba a lágrima tendida y los holandeses comenzaron a criticar entre ellos pero nadie le dijo nada. Esta cultura para algunas cosas es una mierda. Esta gente puede ver a un tío violando a una tía en la calle y se detendrán a criticar pero nadie hará nada por ayudar a la mujer. Y no es cachondeo. Sucedió el año pasado. Después de capturar al violador la policía estuvo buscando a la gente que se paró a mirar desde un coche y no hizo nada y al que se detuvo con una bicicleta y tampoco ayudó a la mujer.

En fin. Puerco verano.

Regalo seis cuentas GMail

Hoy estoy desganado y no me apetece escribir. Sólo decir que he descubierto que tengo seis invitaciones de GMail para regalar. Puesto que ya he enviado invitaciones a todo el que se me ocurrió y no sé que hacer con estas, quien las quiera que las pida.