Un salto de más de tres mil kilómetros

Una sombra en el cielo

Ha llegado el momento de recargar las baterías y recuperar el bronceado. Hoy estaré saltando por los cielos europeos en un avión de Transavia camino de Gran Canaria. La bitácora seguirá funcionando con su ritmo habitual y si se tercie y engancho alguna conexión Wifi, es probable que participe en la charla de los comentarios.

Durante ese vuelo superaré los 40.000 kilómetros recorridos por vía aérea en el 2008 o lo que es lo mismo, una vuelta completa a la Tierra alrededor del ecuador, algo que me ha tomado 15 saltos, repartidos entre 1 con Air Europa de Gran Canaria a Madrid, 1 con KLM de Madrid a Amsterdam, 4 con Vueling entre Amsterdam y las ciudades de Sevilla y Málaga, 2 con Ryanair entre Eindhoven y Madrid, volviendo desde Zaragoza a Bruselas, 2 con Delta desde Amsterdam a Nueva York y 5 con Transavia entre Amsterdam, Eindhoven y Gran Canaria que serán 6 cuando regrese en una semana. Para lo que resta de año no tengo previsto ningún otro salto aunque estaré en Francia, Bélgica y en Alemania.

Pórtense bien y para aquellos que estén por Gran Canaria y quieran hacerlo, ya conocen los medios que se pueden emplear para quedar.

The Children of Huang Shi - Los Niños de Huang Shi

The Children of Huang Shi - Los Niños de Huang ShiLos dramas históricos basados en hechos reales siempre vienen cargados de plomizas tramas y un desarrollo que queda lastrado por culpa de ese apego a la realidad que le entra a los que trabajan en la realización de la película. O eso, o se les va completamente el baifo y salen por peteneras con algo que pese a estar inspirado en un hecho real, no se le parece ni por asomo. Todos conocemos los cuatro o cinco grandes eventos históricos que se repiten continuamente y que marcan nuestra cultura porque los hemos visto en múltiples versiones desde niños. Por descontado nuestro desconocimiento es casi total cuando se trata de sucesos que acaecieron en Asia como el que nos cuentan en The Children of Huang Shi, una película que se estrenará en España a finales de Octubre o principios de noviembre con el título de Los Niños de Huang Shi.

A un julay novelero le cae un marrón de que te cagas por no andarse con cuidado

En plena invasión japonesa de China, un reportero británico se la juega para intentar hacer unas buenas fotos en una de las ciudades que los japoneses se están trabajando a conciencia. Uno de los jefillos de la resistencia lo salva y lo manda a un orfanato en donde se encontrará que los niños están solos y sin hablar nada del chino tendrá que ingeniárselas para sacar el lugar adelante y salvar a los chiquillos de una muerte segura. Según avanza la invasión, tendrán que emigrar hacia el norte del país en una marcha casi suicida que cambiará las vidas de todos los que toman parte.

Hay historias que te resbalan y otras que tocan alguna fibra extraña. Esta ha sido una de esas. Me fascinó desde el primer segundo y quedé enganchado hasta el final. Jonathan Rhys Meyers hace un soberbio trabajo rodeado de chinos que no se lo ponen fácil y logra superar todos los obstáculos que se le van presentando con una constancia y tenacidad a prueba de todo. En su particular viaje iniciático nosotros asistimos como testigos privilegiados y vivimos intensamente todas las aventuras de este hombre, forzado a convertirse en héroe pese a que lo que él quería era trabajar de periodista. A su lado hay un montón de chiquillos que lo hacen muy bien y unos paisajes brutalmente hermosos que contrastan con las crudas imágenes de la destrucción que acarrea cualquier guerra. Una pequeña joya para disfrutar y paladear mientras aprendemos un poquito de la historia reciente de China.

Absolutamente recomendada para aquellos que son capaces de ver más allá del cine de palomitas y efectos especiales.
10artuditos

Yogurines caducados

Yogurines caducados

Yogurines caducados, originally uploaded by sulaco_rm.

Mucho se habla de los cuerpazos que se gastan, del dinero que invierten en sus propios cuerpos, que ven como templos, pero lo cierto es que por cada tío que vimos en el AGP que te diera envidia pasaba un barco lleno de yogurines caducados que te daba vergüenza ajena. Los de la foto de hoy son un buen ejemplo de este último grupo.

¡Por Dios Bendito! Que devuelvan a la Universidad del Julandrismo al de los calcetines azules porque no hay manera que haya podido superar la asignatura de combinación de colores. O eso, o está haciendo trampas y no es de los que se escaparon del armario.

Complicando lo sencillo

En mi llavero hay un USB stick con dos gigas de capacidad. Hace un tiempo instalé en el mismo una distribución linux con un montón de herramientas para hacer cosillas con redes Wifi ajenas, o más concretamente, abrir alguna puerta en caso de necesidad y usarla para entrar en el vasto mundo de Internet. Para la instalación creé dos particiones de un Giga, una con el sistema operativo y las aplicaciones y la otra para datos. Ambas están en un formato que se puede leer desde cualquier PC funcionando con güindous o eso creía yo. Nunca he tenido ningún problema para acceder a las mismas desde alguno de mis equipos Mac o desde mi viejo servidor Ubuntu. Esta mañana metí un montón de fotos que quería enseñar a mi amigo el Moreno y salí tan contento. Al llegar a la oficina, voy a tomarme un café con él, conectamos la memoria al ordenador, una máquina que funciona con güindous equispe y solo aparece una de las particiones. Probamos distintas cosas pero solo conseguimos reventar el gestor de discos. Nos vamos a uno de nuestros laboratorios y probamos con otro equipo, una máquina sin ningún tipo de seguridad usada para testear. Sucedió lo mismo. Cambiamos a un servidor con güindous 2003 server y tampoco lo conseguimos. Nos acercamos a una máquina con güindous Vista y tanto de lo mismo. Al final arrancamos mi portátil desde el USB y en linux copiamos la información a otra memoria. Como reinicié mi equipo, tuve que llamar a los de IT para que desbloquearan mi cuenta ya que siempre que reinicio se bloquea, al parecer por culpa de alguna medida de seguridad en nuestra red corporativa que afecta a todos los portátiles. Nadie los apaga por eso, los dormimos y pasamos semanas evitando el fatídico momento del reinicio o de tener que hacerlo, los desconectamos de la red para que no suceda nada malo. En el año y pico que se conoce este problema, no se ha podido solucionar. Perdimos más de media hora para hacer algo que no debería haber tomado más de unos segundos.

Las fotos eran de Oostvaardersplassen y los animales que allí viven. Es una reserva natural en el corazón de los Países Bajos a la que no se puede entrar salvo que vayas acompañado de los guardas forestales. Cada año permiten durante unas pocas semanas que cinco personas entren cada semana para dar un paseo de tres horas. Nosotros ya estuvimos allí el año pasado y volveremos a primeros de septiembre. Tenemos nuestra plaza reservada desde marzo. Cuando acabe la serie fotográfica del Amsterdam Gay Parade podréis ver algunas de esas fotos. En septiembre también tenemos el concierto de Madonna en el Amsterdam ArenA y una visita a Kinderdijk de noche para ver los molinos iluminados, algo que solo sucede cuatro días a comienzos de septiembre. Hacia finales de ese mes iremos juntos a Colonia para visitar el Photokina, la mayor feria fotográfica que se celebra en Europa y que tiene lugar cada dos años. En septiembre también iremos a hacer fotos de unas ranas que viven en árboles y si continúa el clima húmedo, tendremos las primeras setas. Estamos a las puertas del otoño y ya se puede oler en el ambiente. Los árboles comienzan a perder hojas y la explosión de colores está macerándose. Me gusta el otoño tanto como el invierno, la primavera o el verano. En todas las estaciones hay infinidad de actividades que podemos hacer y creedme, no las dejamos pasar.

A veces veo tetas

A veces veo tetas

A veces veo tetas, originally uploaded by sulaco_rm.

Hace una semana todos estábamos de acuerdo en que Tiran más dos tetas que dos carretas aunque predominaban las opiniones sobre el sexo de la portadora de esas tetas. Hoy volvemos a ver la imagen, tomada en el Amsterdam Gay Parade y se confirma que era una mujer, aunque la cara no acompaña demasiado y sorprende que tremendos melones sirvan de equipaje de mano para esa señora ya de edad tan avanzada. Hay que aplaudir el excelente trabajo de su cirujano plástico y animarlo para que se lance a un nuevo reto y le quite unos añitos algo más arriba.

El título de la imagen de hoy sirve de homenaje a otra foto que vimos hace exáctamente un año y que se llamaba A veces veo coños.

Mediocres

Mis niveles actuales de tolerancia hacia eso que cada uno define como mediocridad son mucho más bajos que hace unos años. Recuerdo cuando tragaba sapos en la oficina, con una mierda de sueldo, un futuro negro y viviendo en una sociedad que estaba en plena descomposición y lo aceptaba como parte del juego de la vida. El cambio de ecosistema, salir de España y descubrir que el mundo es muy distinto, que la gente en otros lugares es distinta, comprender que uno puede ir a trabajar y disfrutar con lo que hace, recibir una buena remuneración y no tener que arrastrar el drama laboral a la esfera privada fueron cosas que tardé en asimilar por resultarme increíbles.

Una vez comenzó esa dinámica, el virus fue calando dentro de mi y pronto me acostumbré a la buena vida. El precio a pagar fue un descenso proporcional en mis niveles de tolerancia contra la mediocridad. Cuando le pido a alguien que haga algo, no necesito repetirlo dieciocho veces, espero que la tarea sea completada en un tiempo razonable y con unos resultados aceptables. Ya sea la señora que limpia en mi casa, el señor que hace la revisión de la caldera una vez al año o algún compañero de trabajo, espero que todos cumplan con lo pactado y así sucede. Casi siempre. Cuando tratas con gente de España las cosas no van igual. Ahora entiendo la expresión mañana, mañana con la que los extranjeros se refieren a nosotros. No se trata de que seamos gandules, es la falta de rigor, la incapacidad para cumplir con lo pactado.

Dando una vuelta de tuerca y cambiando de tema sin cambiar, al mirar hacia atrás veo los errores y los aciertos que he cometido. Como todo el mundo, siendo un infante hice amigos, de los cuales la mayoría se desvanecieron con el tiempo. Este proceso siguió y pronto formamos una banda increíble que realizó gestas legendarias. Después de unos años en plena Edad de Oro llegó el declive y ahí me rebelé como un exterminador muy eficaz que deconstruyó aquello que teníamos sin dudar un solo instante. En ese tiempo lo fácil era culpar a los otros pese a que ellos asistieron asombrados a un espectáculo en el que tenían tribuna preferente.

Pronto me rodeé de una nueva banda, un grupo con el que se suponía que llegaría la verdadera Edad de Oro y en el que predominaban los aduladores y los seres mediocres. Terminas por caer en tus propias trampas y te dejas ir porque resulta muy fácil escuchar la musiquilla de los que te adulan. Ahora entiendo que tenía que pasar por ello para aprender la lección y así fue. Cuando cocinas, además de preparar los ingredientes tienes que dar tiempo a los mismos para que se produzca la magia. En esa época yo estaba cocinando sin saberlo algo que estaría preparado mucho más tarde. El gatillo que me despertó de mi sueño fue la voluntad decidida que tenía de emigrar. Sentía que me faltaba algo aunque no sabía lo que era, intuía que pese a lo que me decían, había un mundo increíble más allá y solo estaba esperando a que diera el primer paso. El día que firmé el contrato para ir a trabajar a los Países Bajos comenzó el fin de la supuesta segunda Edad de Oro, unos años que ahora veo como muy obscuros. Volviendo al hilo del comienzo, todo aquello que descubrí cuando salí del nido y comencé a volar me abrió los ojos y de repente comenzaron a caer aduladores, seres mediocres con los que ya no tenía ningún tipo de vínculo. Al mismo tiempo, un montón de nuevas relaciones fueron naciendo y creciendo. Cada una de ellas era un reto, una aventura increíble que me obligaba a superar barreras y destrozar esos límites que creía que existían. Mientras sucedía, descubrí que aquellos con los que comenzó todo eran en realidad seres excepcionales y mi instinto no me había engañado. Me embarqué en una campaña titánica para levantar nuevos puentes y llegar a ellos, algo difícil cuando tú mismo te has encargado de dejarles bien claro el lugar que les corresponde y has abusado de la dinamita. Por suerte hay un puñado de cosas que se me dan de forma innata y reparar mi red social es una de ellas. Han sido unos años en los que he tenido que hilar fino jugando con la desventaja que dan los tres mil kilómetros de distancia pero no me dejo amilanar por algo tan nimio. Todos, tanto aquellos con los que he vuelto a reencontrarme como los que llegaron posteriormente asumen que no es fácil y que es un reto también para ellos y saben que yo ya he aprendido a detectar la mediocridad y ahora no pierdo mi precioso tiempo con ese tipo de gente. Ahora sé que siempre he vivido en una Edad de Oro, que tengo la suerte de descubrir gente fantástica y conectar con ellos y tumbar las barreras que puedan tener sin excesiva dificultad, aunque llamarlo suerte no me gusta porque sería casi tanto como poner en manos del destino algo que definitivamente está en nuestras manos.

Para completar este círculo que no lleva a ningún sitio, repetir que mi paciencia con los mediocres es también mucho menor que hace unos años y ya no caigo en sus trampas ni los dejo mover ficha. Son como mosquitos que cuando descubres chupándote la sangre, los aplastas de un manotazo y disfrutas ese instante supremo de poder cuando los sientes explotar por la presión.

¿Qué coño les dan de comer a los Pies negros de Sinterklaas?

Sinterklaas es el encargado de traer los regalos a los niños en Holanda. Vive en España y viene una vez al año en un barco de vapor, acompañado de sus Pies Negros para premiar a aquellos que han sido buenos con muchos regalos. Este año subió para participar en el AGP y escandalizar un poco. Siempre había sido algo sospechoso que los Pies Negros que lo ayudan sean una banda de tíos pero ahora la cosa está más que clara y ya sabemos de qué pie cojean …

Las reuniones de las magdalenas

Este verano me lo he pasado cocinando magdalenas. Ayer, mientras preparaba una docena intentaba calcular cuántas habré hecho a lo largo de los últimos años y creo que la cifra debe rondar entre las dos mil y las tres mil. Este verano las he estado haciendo con arándanos azules, una variante sensacional y que les da un sabor único. He probado una receta totalmente distinta y un amplio elenco de personas se han ofrecido voluntarias para ser mis probadores. Después de ese periodo de pruebas, he descubierto que mi receta original sigue siendo considerada por todos como fantástica y la nueva consigue el aprobado pero no llega mucho más allá. Aún así, he incorporado parte de la mecánica de esta receta en la original y hay un consenso generalizado en que algo de lo que he cambiado las ha conseguido mejorar.

En mi trabajo, cuando comenzamos un nuevo proyecto, tenemos siempre una reunión que da el pistoletazo de salida. En ella, se presenta el plan, se discuten los detalles generales y todos los departamentos implicados mandan gente para mantenerse al día. yo soy quien convoca a todos, quien controla la reunión y quien finalmente sacará adelante el proyecto. Como jefe del mismo, siempre doy magdalenas en esta primera reunión y se han terminado llamando las Reuniones de las magdalenas. Acuden todos, nadie cancela y algunos incluso preguntan si se pueden apuntar a otras para venir a comer. Las magdalenas vuelan por la oficina y yo las cocino de forma incansable. Mi jefa también organiza reuniones similares pero ella no da nada. Hoy uno de los vicepresidentes se ha ido a quejar porque ella también debería cocinar y si no es capaz, entonces debería obligarme a hacer magdalenas para sus reuniones. El hombre vino por primera vez a una de mis reuniones de las magdalenas y cuando se la comió casi lloraba. Los demás estaban esperando en la sala de juntas desde cinco minutos antes, con sus cafés preparados y todos mirando fijamente a la puerta para asegurarse que la cantidad era la adecuada y nadie se quedaría sin ninguna.

En mis reuniones de las magdalenas la gente parece ir de buen humor y las cosas salen adelante fácilmente. A mi solo me cuesta media hora de mi tiempo en la que además disfruto enormemente porque cocinar relaja enormemente y cuando terminas y ves el producto final, sientes la satisfacción del trabajo bien hecho. Durante estos años solo he visto un par de momentos extraños. Una vez, en una reunión con unas veinticinco personas, reparto mis magdalenas y me fijo que uno de los participantes se la comió entera, incluyendo el papel. Nadie dijo nada pero creo que todos alucinamos con aquel espectáculo y el hombre hasta me felicitó por lo rica que estaba. En otra ocasión uno se comió su magdalena y me devolvió el papel para que lo volviera a usar en otra ocasión. Yo lo miré horrorizado, tratando de pensar el tipo de familia en la que se tenía que haber criado para no poder ni permitirse el tirar los papeles de las magdalenas, los cuales compro por un euro y medio en cantidades de ciento veinte unidades.

En este tiempo también he descubierto que las pastelerías y cafeterías cobran un montón por un producto que es muy barato. Yo puedo cocinar doce magdalenas con un costo inferior a un euro y sin embargo, en las dulcerías te venden una sola por más de tres. Hay algo totalmente abusivo en su precio ya que no se justifica ni por los materiales ni por el tiempo que deben invertir en preparar el producto final. Hacer magdalenas toma menos del tiempo que tarda el horno en precalentarse y durante su cocinado uno se sienta a disfrutar de un rico café o lee algún libro, mira la tele o pierde los quince minutos de espera buscando gamusinos.

Para mañana y el viernes no tengo prevista ninguna reunión pero me apetece preparar unas cuantas. Mañana las regalaré por la oficina, a un puñado de afortunados, sin motivo aparente, solo por el placer de ver la ilusión que les hace y la felicidad que algo tan simple y delicioso les proporciona.

Pibas y Pibones

Pibas y Pibones

Pibas y Pibones, originally uploaded by sulaco_rm.

En la selección que he hecho para este año he procurado poner una de cal viva y otra de arena de la buena. Hoy nos toca de esta última. Fijaros en las dos pibas de la foto, unas chochas de que te cagas, además super-morbosas con las varas esas para darnos si nos portamos mal o muy muy mal. Están como para echarles la pierna encima. La composición es de esas que se pueden denominar casualmente increíble porque a su lado hay un pibón vestido de híbrido entre folclórica y la Marilyn, que se sujeta la falda para que los aires inferiores no se la levanten poniendo al descubierto el interfaz externo que porta y que le permite conectarse a cualquier agujero que encuentre. A destacar también al colega de las gafas de montura roja y ese corazoncito que lleva al cuello.