Paseando por los Distritos Occidentales de Estambul

El relato comenzó en Otra vez hacia Estambul

Habiendo visitado Estambul en dos ocasiones, en esta tercera visita ya se me escapaban pocas cosas importantes de la ciudad para ver (o eso creía yo). Como en las dos visitas anteriores, mi objetivo era ir a las Islas Príncipe o Adalar. En el avión miré mi guía de viaje y consulté lo que quería y podía ver. Sin embargo, al encontrarme con mi amigo el Turco los planes cambiaron por completo porque él quería venir conmigo y me pidió que lo hiciéramos el fin de semana. Por suerte yo tenía un plan alternativo que consistía en visitar los Distritos occidentales (Western Districts) de la ciudad. Por la mañana refiné mi plan y cuando salí de la casa aproveché para bajar andando hasta la Büyük Mecidiye Camii o la mezquita de Ortaköy, la cual he fotografiado varias veces pero nunca por dentro. Según el Turco suele estar cerrada y no se permite el acceso a los extranjeros pero debía ser mi día de suerte porque no solo estaba abierta sino que pude hacer unas fotos increíbles con un solo hombre rezando que le da un aplomo y magnificencia al lugar asombroso y si hay suerte, algún día se podrá ver esa foto por aquí. En el interior de esta mezquita hay una zona reservada para la familia Real ya que solían venir a rezar aquí cuando estaban en el palacio que está en la otra orilla del Bósforo a la misma altura.

El día estaba soleado e increíble y la luz casi perfecta. Decidí caminar como siempre hacia el tranvía, un paseo muy agradable y en el que todos los taxistas que llevan el coche vacío son como mis mejores amigos y me pitan para ver si quiero que me lleven a algún lugar. Por desgracia para ellos a mí me gusta caminar. Una vez en el tranvía me bajé en Sultanahmet porque la vez anterior llovía y estaba muy gris y quería tener fotos con un cielo azul bonito de la zona de la Mezquita Azul. Estando allí me acerqué a la oficina de turismo y me explicaron como ir a los Western Districts usando el transporte público. Aproveché para almorzar a la holandesa (o sea, temprano) y entré en el Tarihi Sultanahmet Köftecisi para comer las albóndigas tan deliciosas que preparan allí. Que nadie piense que tuve algún remordimiento por los musulmanes y su absurdo ayuno. Es más, la comida me supo a gloria. Al salir de allí fui paseando por el recorrido del tranvía hasta la parada del Gran Bazar o Kapal?çar?? y junto a la misma encontré las guaguas. Me habían dicho qeu tenía que tomar la 39 y que le dijera al conductor que quería ir al museo Kariye, el cual está en la antigua Iglesia de San Salvador en Chora. La guagua hacía unos amagos de parada en los que el tío reducía la velocidad y la gente se lanzaba al interior y solo si te veía impedido o con niños se detenía por completo. En un momento determinado el hombre se puso a gritar todo histérico y al poco todo el autobús al completo gritaba histérico mirándome y en un instante de lucidez tremenda me di cuenta que me estaba avisando para que me bajara. Pensé que yo también tendría que saltar como una cabra loca en marcha pero detuvo el vehículo en el medio del tráfico, abrió la puerta y todo el mundo empezó a señalarme hacia donde debía ir en un momentazo de vídeo musical como los de los come-mierda de los hindúes que me dejó flipando. Los saludé a todos para despedirme y miré mi mapa para orientarme (aunque es bien conocida mi incapacidad para este menester). Cuando trataba de decidir el lugar exacto en el que estaba vi un cartel que indicaba la dirección del museo y que casualmente iba en el mismo sentido en el que me habían señalado las cincuenta y pico personas de la guagua así que opté por hacer caso del saber colectivo y bajé una cuesta y casi sin darme cuenta llegué hasta el museo/iglesia.

La entrada me costó 15 Liras turcas o unos siete euros y pico. No hay palabras para describir el lugar, es la polla divina y mucho más. Tiene los mejores mosaicos que he visto en mi vida. Aunque la iglesia original databa del siglo VI (seis para los incultos), la mayor parte de lo que se puede ver es del siglo XI (once si te falta masa cerebral). Está abierta como museo desde 1958. No es una iglesia particularmente grande pero lo que le falta en tamaño le sobra en la calidad y la cantidad de arte que alberga en sus paredes y techos. Se ha convertido directamente en una de las tres cosas que más me gustan de la ciudad. Aunque si eres inculto o tienes perfil en el caraculolibro se puede ver en cinco minutos, yo pasé casi una hora dejándome llevar por las historias que susurran esas paredes que tanto han viso y que pese a todo, jamás han sentido la presencia de ningún Dios, ya sea cristiano o terrorista-musulmán.

Al salir decidí hacerme la ruta andando que recomendaba mi guía de viaje y que me obligaba a retroceder un poco para ver las antiguas murallas de la ciudad y una mezquita. La mezquita es la Mihrimah Sultan Camii, la cual es la que está en el punto más alto y prominente de la ciudad pero no pude entrar porque la están restaurando aunque a cambio tuve una imagen increíble de los terroristas rezando en la calle. Después retrocedí hasta la Iglesia de San Salvador en Chora y continué mi ruta por callejones de uno de los barrios más religiosos de la ciudad y en el que hay un montón de historia cristiana y judía. Mi amigo me había dicho que tuviese cuidado porque la gente por allí es muy fundamentalista y por ejemplo me prohibió terminantemente comer en la calle o mear en la pared de las mezquitas como suelo hacer con cierta regularidad. Las calles eran estrechas y fantásticas, con liñas que cruzan por lo alto de edificio a edificio y con mujeres con burkas como las de afganistán. En la puerta de un garaje se montó una gresca del copón entre el mecánico y un cliente insatisfecho y llegaron a las manos para regocijo mío y de las emburkadas, que nos reíamos con los manotazos que se arreaban mientras un montón de tíos los trataban de separar e intentaban acallar los gritos ya que en una mezquita cercana estaban rezando. Tras este momentazo de inmersión total en la cultura bárbara local seguí el paseo y llegué a la mezquita en el momento en el que salía la gente.

Un rato más tarde llegué a la Sultan Selim Camii, una mezquita situada en lo alto de la quinta colina de la ciudad y que por su posición junto al Cuerno de oro es muy fotografiada ya que desde la Torre Galata se ve perfectamente. La mezquita es bastante grande y tiene un interior muy bonito. Está dedicada al padre de Solimán el Magnífico. El padre de este hombre era un bicho de cuidado que hace parecer a terroristas más actuales como angelitos. El tío se cargó a su padre envenenándolo y mató a dos de sus seis hermanos, a seis sobrinos y tres de sus hijos. Y para que veáis lo generosos que son los empleados de los dioses en la tierra, acabó con su propia mezquita dedicada y para colmo es de las más populares y queridas de la ciudad. Desde la terraza de la mezquita hay unas vistas fantásticas del cuerno de Oro y del otro lado y tras las fotos de rigor continué mi camino, ahora en plena bajada por callejones estrechos en los que el camión de la basura competía por llegar primero a la misma con unos hombres que van recolectando cosas de la basura. Al llegar al final de la cuesta fui hacia el Patriarcado Ecuménico Ortodoxo pero no se podía visitar. Es una especie de bunker feo y hortera en el que se refugia un amigo de los griegos y odiado por el resto de ciudadanos de la ciudad. No pude entrar a verla y seguí hacia mi siguiente parada que estaba bastante cerca y es la Sveti Stefan Kilisesi o Iglesia de San Esteban de los Búlgaros, un exótico edificio construido totalmente en hierro y que se trajo pre-montado en 100 piezas desde Viena a través del río Danubio y el Mar negro. Aparte de lo curioso de ver un edificio hecho totalmente en hierro, la iglesia tiene su encanto y está en un rincón de esos que algunos con sangre real denominarían entrañable. Cuando llegué había una excursión pero tuve paciencia y cuando se fueron disfruté del interior en solitario.

Allí acababa mi paseo y muy cerca está el puerto de ferrys de Fener pero llegué cinco minutos después de salir el barco y en ese lugar la frecuencia es de uno por hora así que como hacía buen tiempo y el paseo era por una avenida pegada al agua del Cuerno de Oro de Estambul, opté por caminar un rato. Fue un paseo muy agradable y casi sin darme cuenta llegué a la zona del Bazar de las especias y aproveché para comprarme dos camisetas ya que con las restricciones draconianas de las líneas aéreas de clase baja, no tenía kilos suficientes para traerme las necesarias desde Holanda. Estando allí estuve tentado de cruzar al lado asiático de la ciudad y ver otro barrio pero al final me pudo la pereza y opté por hacerme un crucero por el Bósforo, un paseo que vale 10 liras y que tarda alrededor de hora y media. Estambul es una ciudad que hay que ver desde tierra y desde el agua.

Al regresar me pasé por otra oficina de información turística y pregunté si se podía ir en ferry desde allí hasta Be?ikta? y me lo confirmaron y me explicaron el que debía tomar. Cuando compré mi billete la empleada estaba medio histérica y me apuraba y se puso a gritar como loca. Pensé que era vidente como Carlos Jesús el de Raticulín y había descubierto que el Reverso Zarrapastroso es muy fuerte en mi pero no, al final resultó que el barco se marchaba y lo detuvieron y se quedó esperando por mi y fue entrar y arrancar. A esas alturas el sol se estaba poniendo y la luz era de esa dulzona y fantástica que cambia los colores de las cosas y les añade un manto de oro.

Volví a pasear hasta la casa de mi amigo el Turco en el barrio de Ortaköy y tras llegar a su casa planeamos el lugar al que íbamos a cenar con su mujer y lo que íbamos a hacer, pero esa es una historia que me guardo para mí.

El relato finaliza en Un regreso poco sincronizado

3 respuesta a “Paseando por los Distritos Occidentales de Estambul”

  1. Y al tío del autobús le hablabas en inglés o le enseñabas un papelito con el nombre del sitio?…
    Lo mas excitante de la visita me ha parecido la caída a tortas del mecánico y cliente…
    Pero hombre, ¿Te pones a mear en las paredes de lo que sea?…jajaja
    Salud

  2. Es desprecio a los dioses y a sus vasallos. Como ellos parecen tener el derecho de legislar sobre la vida de los que nos cagamos en los dioses y en las putas que los parieron, les devuelvo el sentimiento en una manera aceptable.

    Genín, le dije a donde quería ir y me entendió. Solo usé dos palabras.

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