Paseando por Washington DC – Segunda parte

Si quieres leer el relato del viaje al completo, retrocede hasta Paseando por Washington DC – Primera parte y el verdadero comienzo fue en Es un mundo muy muy seguro – primera parte

Cuando estás en el National Mall tienes una selección increíble de museos gratuitos. Además del National Air and Space Museum merece la pena visitar el National Museum of Natural History. Creo que la película esa en la que los bichos se despiertan por la noche está rodada allí (o al menos inspirada en ese museo). Juraría que este era el Museo Smithsonian hace unos años pero igual me equivoco. Es un edificio con casi cien años de historia y una colección increíble. Caminas entre dinosaurios, mamíferos de otras épocas, insectos, puedes visitar una colección de diamantes o ver una película en su cine IMAX. Es enorme y en su interior hay algo que te interesa, de eso estoy seguro. Después del 11 de septiembre hubo un incremento de la seguridad y ahora para entrar en cualquier edificio público hay que pasar controles similares a los de los aeropuertos. Resulta un poco molesto pero los trabajadores de los museos intentan facilitarte el mal trago y al fin y al cabo, ellos solo hacen el trabajo que les mandan. Si os gusta el arte entonces pasaos por el Freer Gallery of Art , la Arthur M. Sackler Gallery, la National Gallery of Art, el National Museum of African Art o el Hirshhorn Museum con su forma cilíndrica y su espectacular cafetería rodeada de cascadas. El último museo en incorporarse a la colección fue el National Museum of the American Indian, abierto a finales del 2004 y con una espléndida colección que recorre la historia de los indios en América. La vez anterior pude ver el edificio por fuera pero aún no estaba inaugurado así que en este viaje aproveché para visitarlo.

Al llegar al final del National Mall tenemos el Capitolio, un edificio precioso donde están las dos cámaras (Congreso y Senado) que rigen los Estados Unidos. Es un edificio con más de doscientos años de historia y que desde la colina en la que se encuentra emplazado divide la ciudad. Se puede visitar, aunque como esta vez no lo hice no recuerdo si hay que solicitarlo previamente o uno se apunta sobre la marcha. Tras él está una de las zonas residenciales con más solera y si dais la vuelta os encontraréis con el edificio de la Corte Suprema de los Estados Unidos (un edificio que impone con un exterior bastante clásico) y la Biblioteca del Congreso. Prácticamente todos los libros son archivados en ese complejo de edificios, es un lugar legendario para cualquiera que lea de cuando en cuando algo. Se puede visitar y te enseñan toda la magia que rodea la catalogación de los libros. Bajando por la calle llegamos a Union Station, la estación de trenes de la ciudad, otro edificio precioso que hay que ver y en donde hay un montón de posibilidades para comer algo. Vuelvo a recordar que aunque puedes caminar es preferible coger uno de los tours disponibles y que te llevarán de punto a punto.

Retrocediendo hasta el Washington Monument, cerca tenemos una especie de pequeño lago conectado al río Potomac y a la vera está el Memorial de Thomas Jefferson, para mí el más bonito de todos con su forma circular y ese color blanco tan intenso. Si visitáis la ciudad en primavera entonces fliparéis con los árboles en flor, son Cherry blossom (cerezos o ciruelos en español, creo) que cuando florecen envuelven la ciudad en colores mágicos. Pasado el Memorial de Thomas Jefferson está el de Franklin Delano Roosevelt, quizás no tan popular como los otros pero posiblemente el más interesante. Le falta el toque fastuoso de los otros pero al menos le sobra humanidad.

Un rinconcito de esta ciudad con el que yo me siento vinculado y al que regreso siempre que puedo es a la sede de la National Geographic Society y su museo. Hace la tira de años, en mi primera visita, mi tío me regaló una subscripción a la revista, la cual me llegaba a las Canarias todos los meses. Durante años la recibí y cuando comenzaron a publicarla en español también me subscribí. Se siente algo extraño en el estómago cuando piensas que todas esas expediciones y descubrimientos se pagan con parte del poco dinero que tú y millones de personas más aportan a esa sociedad. Para encontrar la National Geographic Society, cuando estás frente a la Casa Blanca, cruzas el parque Lafayette y saludas al general Jackson y sigues andando cuatro manzanas por la calle 18. A propósito, ahora que visitar la Casa Blanca es poco menos que imposible han montado un centro de visitantes en el que enseñan algunos muebles y cuentan un poco la historia del edificio y sus habitantes. Es una pobre alternativa a la visita pero mejor eso que nada. También llama la atención cuando ves la Casa Blanca desde fuera su tamaño. Uno se la imagina más grande pero no parece gran cosa. Cerca del centro de visitantes está el Ronald Reagan Building and International Trade Center, un complejo de edificios que te deja con la boca abierta y donde alucines con las líneas en el suelo que marcan la distancia del edificio a la que los fumadores pueden practicar su vicio. Me imagino a esos pobres muriéndose de frío con menos quince grados allí, a veinte metros de distancia. ¡Que coño, que se jodan!

Hay un montón de cosas más que ver en la ciudad pero solo voy a nombrar una más. Se trata del Cementerio de Arlington, al cual llegas cruzando el Arlington Memorial Bridge, el puente más hermoso de la ciudad y el cual está flanqueado por cuatro figuras ecuestres. En un lado es Las Artes de la guerra y en el otro las Artes de la paz. Una vez en el cementerio hay varios lugares para visitar. Para aquellos que no lo sepan (aunque seguramente lo han visto en multitud de ocasiones en el cine), el Cementerio de Arlington es un cementerio militar donde tienen derecho a ser enterrados todos los veteranos que han participado en guerras (e imagino que sus esposas). Ahí se puede rendir a John F. Kennedy y ver la llama eterna en su tumba, también la tumba de su hermano y siguiendo con el paseo ver el espectacular cambio de guardia en la tumba del Soldado Desconocido. En los últimos años también se ha popularizado el lugar en el que se homenajea a los astronautas muertos en los dos accidentes de las lanzaderas espaciales. Creo que no todos están enterrados allí pero están todos sus nombres y no es raro ver gente llorando mientras rezan por esos héroes espaciales. Tras ello subes a la cima de la colina y puedes visitar la casa del General Robert E. Lee, una preciosa mansión con unas vistas espectaculares de la ciudad y que tiene a sus pies un cuarto de millón de tumbas. Hay que decir que este cementerio es bastante activo y salvo que lo visites en un fin de semana seguro que verás algún funeral militar porque se suceden continuamente. Desde allí puede ir al U.S. Marine Corps War Memorial (el cual todo el mundo conoce como Iwo Jima Memorial) y cerrar el círculo en esta visita a la ciudad. Muy cerca de la ciudad está el Ronald Reagan National Airport y los aviones al despegar poco menos que pasan por encima de todos esos edificios. Seguro que algunos se acordarán del accidente que hubo hace un montón de años en el que un avión al despegar se estampó contra uno de los puentes en invierno y un montón de pasajeros murieron congelados en las aguas del río Potomac. Por lo que me han contado hace unos años lo intentaron cerrar pero los políticos se negaron porque desde allí salen para sus respectivos estados. Si tienes la oportunidad de llegar a la ciudad a través de este aeropuerto y es un día despejado tendrás unas vistas increíbles. Yo he viajado desde los tres aeropuertos que tiene la ciudad y he de decir que este tiene las mejores vistas desde la ventanilla de tu avión. En Washington hay un restaurante español excelente, la Taberna del Alabardero. Para los expatriados como yo es un lugar de visita obligada. No os defraudará la comida.

Ahora que me acuerdo, me estoy dejando atrás Georgetown, el barrio con más solera de la ciudad. Por allí está la embajada española, la famosa universidad en la que trataron de educar al futuro rey de España (Georgetown University) y una serie de mansiones increíbles. hay cafés, restaurantes, terrazas y todo tipo de locales y para el caminante intrépido es obligatorio el perderse por sus calles y visitar algunas de las mansiones históricas y sus preciosos jardines. Desde allí también se puede tomar un autobús y subir hasta la Catedral Nacional, la cual se encuentra en la intersección de las avenidas Massachusetts y Wisconsin. No es una catedral católica y choca un poco el mercadillo que tienen en el sótano pero así y todo, vale la pena llegar hasta el lugar y subir en el ascensor a su campanario.

Así que sin ser una ciudad con carisma, tiene un pase y da bastante de sí, eso sin contar que para fotografías es un lugar único.

El relato de este viaje continúa en Desde Washington a Nueva York

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5 opiniones en “Paseando por Washington DC – Segunda parte”

  1. Pues totalmente en serio, sialgún día visito la ciudad, no pienso comprarme ninguna guía, imprimiré tus dos post, porque no hay pérdida ni me voy a dejar prácticamente nada. Por cierto, cuanto tiempo recomiendas para hacer todo el recorrido?

  2. Depende de la cantidad de museos que quieras ver, pero yo diría que en tres días se puede hacer una visita bastante relajada. También la época del año es importante. En verano con 40 grados y una humedad insidiosa es casi imposible caminar por las calles sin que te desmayes. En Primavera (abril o mayo) es perfecto. El Metro no es muy caro y con tanto monumento y atracción no suele haber grandes colas en los sitios. Por las calles hay puestos de perritos calientes y similares y uno se apaña con una comida en ruta.

  3. Muy bien, Sulaco, se ve que conoces bien la ciudad. Mucho mejor que yo. Hay un edificio que no has citado del mismo arquitecto que el Jefferson Memorial (John R. Pope) y que me llamó mucho la atención: el Templo Masónico de Rito Escocés. Foto aquí. Es el Mausoleo de Halicarnaso construido en 1915.

  4. He pasado meses en esa ciudad y los alrededores. Mis tíos vivían en Vienna, cerca de Tysons Corner, un centro comercial que durante mucho tiempo fue el más grande del mundo. Solía ir con ellos a la ciudad cuando se iban al trabajo y me perdía por ella haciendo turismo. Con 13 años conocía el National Air and Space Museum como la palma de mi mano. De hecho, en una ocasión me crucé con un grupo de cardiólogos españoles y sudamericanos que estaban en un congreso médico en la ciudad y terminé haciendo de guía turístico de ellos por el museo y alrededores.

    Muchos sábados convencía a gente para que me llevaran en coche a un parque de atracciones que había en dirección a Richmond, a tres horas en coche. Y cualquiera que se quede en la ciudad y tenga tiempo debería ir a Luray Caverns, otro lugar increíble. Está a unas horas de la ciudad en coche, pero el viaje se paga solo con la entrada a las cavernas.

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