Pet Shop Boys, Robbie Williams y cuatro tíos más

Los habituales ya saben lo que hay que hacer así que nos vemos en el segundo párrafo. Para el resto, incidir en esa pequeña tara que tengo y que hace que me provoquen picores las redes asociales y todo eso que se ha venido en llamar el dosputocerolismo. Como animal social y que gusta de relacionarse con otros miembros de su especie, lleno mi vida de pequeños y grandes eventos, viajes, excursiones fotográficas, cenas y cosillas con aquellos seres reales que forman parte de mi círculo de confianza y en lugar de quedarme en mi casa acarajotado actualizando mi caraculolibro y leyendo con ansia lo que cientos de perdedores desean compartir conmigo, disfruto con las cosas que me gustan.

Progress Live 2011

El cinco de noviembre del año pasado, yo y mi amigo el Moreno nos pasábamos la mañana pegados a nuestros ordenadores en la oficina intentando de cualquier forma o manera conseguir entradas para un concierto. Al final lo logramos y compramos tres, una para mí y dos para él y su parienta. El concierto que queríamos ver se celebraba el dieciocho de julio de este año, doscientos cincuenta y cinco días más tarde, algo que por supuesto no supuso ningún problema porque ya sabíamos que exactamente en esa fecha no estaríamos de vacaciones y bloqueamos nuestras agendas.

Pasó el tiempo, nos olvidamos del asunto, el correo con las entradas acabó enterrado entre cientos y hace cosa de un par de meses, cuando comenzó la gira, miramos para ver quienes eran los teloneros y se me heló la sangre. Los PET SHOP BOYS, el mítico grupo que acompañó tantas noches en la discoteca Amnesia, cuando íbamos allí casi a diario y nos poníamos tibios a cerveza de la barata y chochos en salmuera en el Pachichi. Ahora que lo pienso, yo nunca he tenido madera de dosputocerolista, me he pasado la vida yendo de sarao en sarao.

Ayer llegué tarde al trabajo por culpa del diluvio universal que comenzó una semana antes y que aún no se había detenido y porque en lugar de ir a trabajar con la bicicleta, opté por dejarla en la estación de Utrecht Centraal para así poder ir a casa por la noche. Después de un día generando dinero para la empresa y asegurándome de recibir mi transferencia al final del mes, escapé de la oficina con el Moreno a las cuatro y pico y nos fuimos a recoger a su mujer. Tras esto cenamos en un restaurante La Place, los cuales son el equivalente a la comida rápida para aquellos que no somos mileuristas y queremos calidad. Tras la cena, la cual nos tomó algo más de media hora y se extendió hasta las cinco y media, aparcamos su coche cerca de la estación de tren de Hilversum, en una de las calles secretas en las que se puede aparcar porque no es zona azul y que no conoces a menos que hayas vivido allí durante cinco años como un menda o hayas nacido en ‘t Gooi como el Moreno y su esposa. En la estación de Duivendrecht deberíamos haber esperado otro tren pero como uno es perro viejo y se conoce el patio, nos colamos en el metro sin pagar y así llegamos a la zona del Amsterdam ArenA diez minutos antes. Yo siempre voy al fútbol y cuando llegas te encuentras a los tíos que les gusta ese deporte, seres básicos como yo o incluso peor que yo. Lo que nos topamos ayer eran hordas de hembras en los treinta y tantos y estropeadísimas, allí la que menos te daba un susto de muerte si te la tropiezas en un callejón obscuro. Como no era un evento para pobres o estudiantes, la gente se comportaba de manera muy respetuosa y en las entradas ni nos rozaron, no hubo tocamientos para ver si escondíamos algún arma peligrosa lo cual le quita gracia al asunto, que lo de meterte la lata de refresco en cierta parte para ver si te restriegan el paquetón es épico y que sepáis que no pienso responder si alguien pregunta si lo he hecho que esto lo pueden leer los de la seguridad del recinto …

Por supuesto teníamos entradas para la hierba, que uno tiene nómina y ya no se sienta allá arriba en el más allá, con una acústica pésima y sin ver nada. A los conciertos se va para olerle los sobacos a los artistas. Primero hicimos la cola de los meódromos, los cuales en el ArenA están siempre impecables y después compramos bebidas y buscamos posición. Aquí volvimos a notar la diferencia con otros conciertos, la gente no se apelotonaba y eran muy corteses unos con otros.

A las siete y cuarto, con precisión nórdica, comenzó el concierto de los Pet Shop Boys. Me acuso a mí mismo por ser mala persona. Como yo solo escucho su música y no veo vídeos los tenía en mi mente igualitos que a principios de los noventa y lo cierto es que están estropeadísimos. Por suerte la voz no le ha cambiado al que canta y el mudito sigue tan hortera como hace dos décadas. Hicieron un repaso de sus grandes éxitos y es que me sabía todas las canciones y por si queda alguna duda, por saber no quiero decir que me sonaban familiares sino que conocía su letra al dedillo, algo que no puedo decir por ejemplo del Padre Nuestro y eso que esa canción me la intentaron inculcar en el colegio durante la tira de años y mira tú por donde, se me olvidó …

Tengo clarísimo que si me entero de una nueva visita de este grupo para dar un concierto por su cuenta, yo estaré allí. Son F-A-N-T-Á-S-T-I-C-O-S y con eso queda todo dicho. Acabaron a las ocho en punto y tuvimos que esperar media hora hasta que comenzó el espectáculo principal. El escenario de la gira de Take That es increíble y la puesta en escena que han hecho está muy lograda. Tienen una pasarela que llega hasta la mitad del estadio y eso los acerca un montón a los pobres mortales que estábamos en la hierba, aunque en mi caso estaba mucho más cerca del escenario principal. Primero estaban los cuatro que no son tan famosos y cantaron canciones supongo que de sus épocas sin Robbie Williams. Soy un hacha y no reconocí una puta canción pero me divertí igual y cada una de ellas llegaba con sorpresa, ya fuera con llamaradas, confetti, explosiones, luces o chusma y gentuza vestidos con disfraces corriendo por el escenario. En un momento determinado se acercaron a una pantalla enorme en el escenario, hicieron un paripé con muchos efectos y ¡Chás! … apareció Robbie Williams. Los otros cuatro se retiraron a tomarse sus yogurt natural y ahí fue cuando comenzó la movida. Robbie nos regaló tres cuartos de hora con su música y fue una auténtica pasada. Está claro que él no necesita a los Take That pero estos sí que lo necesitan a él. No tienen ni la voz ni el carisma de este hombre y eso que lo vimos a medio gas ya que dos días antes se enfermó con una langosta que no estaba en buen estado y al parecer se ha hecho íntimo de Roca y ha jiñado lo que no está escrito.

Por desgracia lo bueno se acaba y en un momento determinado regresaron los otros cuatro ladillas y ya continuaron como Take That con cinco chamos, cantando sus canciones viejas y las nuevas. No tengo ninguna vergüenza en reconocer que en todo el concierto solo reconocí DOS canciones y una ni siquiera es de ellos. Fueron el Back for Good y el Relight my Fire, llegando esta última en los bises. En el escenario tenía un robot enorme que se meneaba un poco de cuando en cuando y que hacia el final del concierto se levantó completamente y casi llegaba a la cúpula del ArenA, la cual estaba cerrada y nos ahorró el acabar ensopados ya que no paró de llover en todo el día.

La gira parece estar patrocinada por una empresa de tecnología especializada en la copia de productos y que tiene su sede en el país de los cabezudos, ese en el que comen perros y se matan entre ellos. Resulta irónico porque allí dentro solo se veían iPhones de todos los modelos y Blackberrys. Hay que ser pobre o Nerd para comprarse esos teléfonos clónicos de los de la manzana mordida de Nuestro Señor Esteban Trabajos. Uno de los cuatro chamos del grupo ese que ahora son cinco quiso en un momento dado usar el cutre-teléfono de los cabezudos para justificar su patrocinio y se hizo la picha un lío y al final nos quedó claro a todos que si quieres algo difícil de manejar y de clase baja te compras esas cosas y si quieres un buen producto, fácil de usar y que nunca te dejará tirado optas por los de la manzana mordida.

Una vez acabado el concierto flipamos con lo bien organizada que estaba la evacuación de las cincuenta mil personas que estaban en el lugar. En mi caso fue entrar en la estación, subir al andén número seis, ver que hay un tren parado, subirme, encontrar asiento y arrancar. Quince minutos más tarde llegábamos a Utrecht y en otro cuarto de hora estaba en mi casa tras volver en bici disfrutando porque además dejó de llover y parece que vamos a estar al menos veinticuatro horas sin lluvia.

Mi próximo concierto, quizás The Scorpions

Postdata: Resultó que el día del concierto era mi Santo, algo que al parecer mi madre y mi hermana aún recuerdan y celebran y que de no ser por ellas, ni me habría enterado.

5 opiniones en “Pet Shop Boys, Robbie Williams y cuatro tíos más”

  1. Pues te salió bordao, que mejor regalo para el día de tu santo que un buen concierto.

    Felicidades atrasadas.

  2. Yo creo que dejé de celebrar los santos hasta antes de emigrar. Según la palmaron mis abuelas y ya no caía güita en la mano, perdí el interés.

  3. Es una de las celebraciones que me parecen absurdas, aqui la gente lo lleva mal si no lo recuerdas, a mi me da simplemente igual. Un besito

  4. En mi caso, y dado que todos os olvidasteis de mi cumpleaños (esto dicho con tonillo sarcástico y desagradable, que ya se que no sabeis cuando es mi cumpleaños, pero eso es lo de menos), no me importa en absoluto recibir regalos o donaciones por mi santo, que viene siendo (lo he tenido que mirar) el 27 de agosto. Ahí queda.

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