Planta 33 – Capítulo primero

Primera parte

Hacía un frío horroroso esa mañana. Era una ciudad desconocida para él y estaba allí de vacaciones. Si estuviera en su casa se habría quedado al calor del hogar pero uno no viaja miles de kilómetros para que unos cuantos grados bajo cero lo detengan. Salió pertrechado con todo su equipo y abrigado convenientemente. En lugares como este has de vestirte por capas. Una primera capa con camiseta, seguida de un pulóver y sobre este el abrigo de invierno que en su parte interior es un forro polar. Sobre todo ello las orejeras, la bufanda, el gorro y los guantes. Toma algo de tiempo ponerse todos los abrigos y es muy importante a menos que quieras sufrir resfriados y catarros. Los guantes aún no los tenía puestos cuando llegó a la puerta del ascensor. Es uno de esos edificios modernos con un par de unidades y una pantalla electrónica que te indica donde está cada uno y cual es el que te recogerá. Ambos ascensores estaban en la última planta, el piso diecisiete. Pulsó el botón y no pasaba nada. Tras casi un minuto volvió a pulsarlo y uno de ellos comenzó el descenso. A falta de otra cosa miraba la pantalla ávidamente contando las plantas: 15, 14, 13, 12, 33 … … … …. … … … 11, 10, 9 … Sintió como si hubiera perdido un par de segundos y su cerebro seguía procesando la anomalía. Entre los pisos doce y once había aparecido un piso treinta y tres y el ascensor parecía haberse detenido allí.

Sin saber muy bien por qué pero dejándose llevar por sus instintos no entró en el ascensor cuando se detuvo en su planta. Volvió a llamar y el otro ascensor comenzó su descenso. Esta vez prestaba más atención: 16, 15, 14, 13, 12, 33 … … … … 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4 y se abrió la puerta. Su curiosidad le pudo y se subió pulsando el piso 12. El ascensor subió rápidamente y en su interior la pantalla mostraba los números correctamente. Extrañado marcó el 11. El ascensor descendió rápidamente. Lo mandó de vuelta al 12 y se quedó en aquella planta mirando lo que pasaba en el indicador. De nuevo pudo ver el piso 33 antes de llegar al 12. Lo volvió a llamar y sucedió lo mismo. El ascensor se demoró como si hubiera hecho una parada en una planta intermedia y juraría que incluso escuchó el timbre que hacía al abrirse las puertas. Volvió a subir y bajar pero no pasaba nada. Cuando estaba dentro el ascensor iba del piso once al doce y viceversa y hacía el recorrido mucho más rápido que cuando lo llamaba e iba vacío.

Buscó las escaleras de emergencia y subió de una planta a otra. La distancia era la correcta, el número de escalones no era desproporcionado y definitivamente allí no había una planta de por medio. Decidió olvidarse del asunto y seguir su camino. Escuchó gente una o dos plantas más arriba que esperaban el ascensor y que hablaban y reían en voz alta. Lo llamó. Volvía a estar en el piso 11. El ascensor estaba en la planta 13 así que supuso que desde allí provenía el ruido. De nuevo mientras bajaba se detuvo en algún lugar intermedio y los ruidos desaparecieron. Cuando el ascensor llegó a su nivel estaba vacío.

Era imposible que algo así estuviese sucediendo. La gente no desaparece de un ascensor, eso no sucede. Algo extraño pasaba allí y pese a que debía seguir su camino y hacer sus fotos visitando museos y atracciones turísticas, decidió quedarse un poco más y seguir explorando. Subió y bajó de nuevo sin que sucediera nada anormal. Revisó el panel para ver si existía algún botón secreto, algo que justificara lo que allí sucedía. No lo había. Cuando estaba a punto de darse por vencido decidió subir una planta más y hacer la bajada. Pulsó el botón del piso 13. Cuando llegó allí le sorprendió encontrar un espacio abierto, sin paredes, monstruosamente grande. Creía que estaba en un edificio de viviendas pero aquella parte no estaba acabada o al menos no había gente allí. Juraría que en la entrada había visto buzones que correspondían con casas que tendrían que estar allí. Subió a las plantas superiores y todas estaban vacías. En todas encontró espacios abiertos, sin paredes y nadie en ellos. Salvo por los ascensores y la iluminación, aquel lugar no estaba en uso. Ahora le extrañaba aún más que el ascensor estuviera en esas plantas y el haber escuchado los ruidos. No tenía lógica ninguna.

Estaba un poco asustado pero al mismo tiempo la excitación por su descubrimiento lo empujaba a seguir y tratar de resolver el misterio. Se acercó a las ventanas para mirar. La vista era magnífica. La playa de Conney Island se desplegaba junto al edificio con su típico paseo de madera y al final del todo el parque de atracciones y las casetas donde te leían las manos o te echaban las cartas. Recordó que la noche anterior mientras andaba por allí buscando atracciones especiales una gitana lo había agarrado del brazo, le había extendido la mano sin soltarlo ni darle ninguna otra opción y cuando miró su mano lo soltó gritando asustada y se había marchado corriendo besando algún amuleto que le colgaba del cuello. No prestó atención en aquel momento pero ahora le vino el recuerdo a la memoria. Aquella mujer, con su traje de cíngara, sus grandes zarcillos y su piel acartonada y obscura y unos dedos como garras metálicas que lo sujetaban con fuerza no había dicho nada sobre lo que había visto en la línea de su mano pero por su cara de terror y la manera en la que se fue corriendo debía haber sido algo malo. ?l no creía en esas cosas, nunca lo había hecho. Las supersticiones son cosa de gente con poca cultura que se dejan guiar por la irracionalidad. Su vida estaba claramente definida y cada encrucijada la había superado tomando las decisiones más convenientes y hasta ese momento le había ido muy bien. En algún lugar muy dentro de sí suponía que seguía creyendo en el Dios al que rezaba por las noches antes de acostarse cuando era niño pero ese fervor quedó atrás en la infancia. Ahora se definía ateo y en ocasiones agnóstico, dependiendo de quien se lo preguntara. Algunas personas no son capaces de aceptar que no creas en Dios y si se enteran que eres uno de esos, tratarán de evangelizarte a cualquier precio.

Si has terminado de leer este capítulo y estás dispuesto a dar un gran salto y continuar leyendo, has clic sobre este enlace y sigue con el relato.

8 opiniones en “Planta 33 – Capítulo primero”

  1. tanto subir y bajar escaleras vestido como el muñeco de michelín, te puedes hasta deshidratar, pero no la palmes antes de contar el final!

  2. Creo que será una serie de Lunes / Martes. Hoy pongo el segundo y así tengo tiempo de escribir el cuarto capítulo y sucesivos durante la semana.

  3. Es una idea interesante pero creo que tiraré por otros caminos, aunque aún no sé cuales. Cuanto más lo pienso menos salida le veo.

  4. mmm, bien, parece que NY te ha traído inspiración literaria. Me alegro. Ya leí los dos primeros capítulos y me han parecido muy interesantes. gooood

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