Probando y fallando una y otra vez

Llevo unos días con el pedazo de cabezón que me gasto super-vacío. Cuando abro el Notepad++ para escribir una chorrada para la bitácora, se me vacía de ideas y acabo desistiendo. No sé si esto será un efecto colateral del resfriado de la semana pasada o que estamos de sequía. Lo peor es que cuando voy en bicicleta y escuchando un audiolibro se me ocurren unas anotaciones de fábula y después cuando las quiero escribir las tengo totalmente olvidadas. Vayamos por lo seguro y hablemos de tonterías. La semana pasada intenté tres veces hacer tortillas de carnavales, pero las auténticas y de verdad, que son las que se hacen en Gran Canaria. Mi madre me pasó la receta de mi abuela pero como siempre, los hombres venimos de una galaxia muy pero que muy lejana y las mujeres de una barriada periférica a la Tierra. Si alguien me pide la receta de mis fabulosas y fantásticas Galletas de chocolate, yo indico con gramos las cantidades que hay que usar y hay que ser manco o truscolán para no conseguir un producto con el mismo nivel de perfección que yo logro. Lo mismo se puede decir de todas y cada una de mis recetas. Eso es lo que obtenemos en el planeta de los hombres, precisión absoluta. Cuando me pasan la receta de las tortillas de carnavales, todo es a boleo, salvo por los tres huevos. Sabemos que llevaban semillas de matalahúva, canela, cáscara rallada de limón, azúcar, sal, leche y harina. En el planeta de las mujeres, esto es todo lo que necesitas para hacer una receta. Las cantidades te las inventas tú, como mi amiga la China, que jamás consigue dos veces el mismo sabor de un plato porque jamás ha comprendido el concepto de las medidas o como la Primera Esposa de mi amigo el Rubio, a la que le paso una receta y después me dicen que no le salió bien y cuando analizamos el proceso para encontrar el fallo y rectificarlo, resulta que se saltó un ingrediente porque no lo tenía, otro lo pone a ojo y del tercero añade dos veces más porque le mola un montón.

Mi primer intento con las tortillas de carnavales acabó con una masa no demasiado líquida y que al freírla, en lugar de tortillas creaba buñuelos, quizás porque añadí levadura química ya que en la casa de mi abuela se hacían con harina de esponja, que es el nombre que le daban a la harina que ya traía levadura química en Gran Canaria y que desconozco si es un concepto conocido por los foráneos. Mi segundo intento terminó con una masa muy blanda y al freírla salió un mejunje que no era para nada una tortilla de carnaval y en este caso opté por harina normal. Mi tercer intento logró algo parecido pero aún no les veo la forma que tenían cuando mi abuela las freía en la cocina de su casa y yo la observaba con atención esperando que las lanzara al plato para comérmelas. Por ahora, las cantidades por las que me estoy decantando son: por cada huevo, 50 g de harina, 50 ml de leche, 1 cucharada de azúcar, 1/4 cucharrita de canela, 1 cantidad nimia o ninguna de sal, 1 cucharita de semillas de matalahúga y 1/3 de la ralladura de la cáscara de un limón. En todos los casos las freí en abundante aceite y en pequeñas cantidades e incluso probé a usar mi micro-freidora. Ya ha pasado el carnaval, este no es un postre que conviene repetir con frecuencia a menos que quieras añadir unas lorzas espectaculares a tu fisionomía y el año que viene lo volveré a intentar, espero que con más suerte.

El otro experimento del fin de semana fue el atún en adobo, en el que la receta falló porque el concepto de vinagre es muy relativo y al parecer los tres que yo uso son fortisimos y todos rojos o de color obscuro, ya que en mi casa predomina el vinagre de jerez, el balsámico y si esos no te molan, el de vino tinto. El plato funcionó pero el sabor del atún a vinagre era tan intenso que básicamente, podría haber cocinado pangang y me habría ahorrado pasta consiguiendo el mismo sabor. Ayer me compré un vinagre blanco que dicen que es mucho más suave así que en un futuro muy cercano volveré a probar lo del atún en adobo.

Esta semana, con poco tiempo y un fin de semana entre Europa y Asia, el único experimento que haré será el de unos trocitos de pollo empanados como los de cierto restaurante de comida rápida, receta que encontré en el llutuve, ese lugar maravilloso en el que está casi todo. Aún así, no se puede decir que no he hecho comida. En lugar de comprarle algo espectacular a mi amigo el Turco y a su madre, que me hace unas comidas del copón siempre que el hijo la deja, he optado por llevarles una Tortilla de papas con cebolla envasada al vacío gracias a la tecnología disponible en mi casa. También apareceré con las Galletas de chocolate para su Primera Hija, algún trocito de Brownie, un buen puñado de Magdalenas y como estamos en la época, le llevaré una bolsa de huevos de Pascua de chocolate para seguir grabando en el subconsciente de la chiquilla lo bellísima persona que fui en algún universo paralelo y que quizás algún día volveré a ser.

En fin, que partiendo de una pantalla en blanco y ninguna idea he logrado llegar casi a las mil palabras, lo cual no está nada mal.

5 opiniones en “Probando y fallando una y otra vez”

  1. Pero la tortilla de papas la podrias hacer in situ ¿No? Aunque desde luego, se puede comer como sea que siempre está rica, recién hecha sabe de una forma y de un dia para otro de otra, sobre todo con cebolla que es como a mi me gusta… 🙂
    Soy de la opinión que en las recetas se debe de especificar todo, cantidades exactas, tiempo, en fin todo lo mas preciso posible, cuando cocino una receta si me lo han dado todo con precisión me sale bordado, para eso soy bastante cabeza cuadrada y disciplinado.
    Salud

  2. Genín, in situ no hago nada sobre todo porque el Turco tiene una cocina sin comida ya que él es de pedir para que le traigan a la casa o ir por ahí. Su madre cuando le cocina lo trae todo. Además, no tiene mi sartén San Ignacio doble para tortillas que cuido como oro que cago el moro en paño y que desde que la compré hace cerca de quince años, jamás ha sido mancillada por detergente alguno y sigue con todas y cada una de sus propiedades intactas. Cuando por mi casa pasan terroristas culinarios que no voy a nombrar, la escondo para que no caigan en la tentación de hacer algo y raspar con saña con un tenedor, algo que al parecer hay gente que cree que es lo que se le dee hacer a una sartén.

    Luis, la receta es aproximada, aunque me parece que usan mucha harina y definitivamente una cantidad excesiva de limón. También veo que ponen anís, que no me mola, me gustan las que tenían las semillas de matalahúga que es como las hacía mi abuela. Por lo demás, las fotos son terribles, si me salen así las tiro inmediatamente. Están como quemadas o fritas en poca aceite y además muy caliente. Les falta la forma elegante de las tortillas de carnavales.

  3. Constato que el tema de las cantidades es cosa de madres y abuelas, no de mujeres, ya que yo no consigo que mi madre me diga una receta sin poner una mijita de algo o un poquito de aquello, o eso tan bonito de lo que tú veas, que también es un clásico de las recetas de la Paca, que por cierto, cocina de rescándalo.

  4. En mi casa son más de “chisquís”… “un chisquís, así como tú veas” cagontodo… yo no veo!! si viera no te estaría pidiendo la receta! Por eso creo que soy negada para los postres. La cocina y sobre todo el horno no se me da mal, pero los postres, que van con las medidas más clavadas… uffff Hace no mucho medio me subió un bizcocho y hasta mandé fotos. Por eso ni lo intento.
    Sin embargo, tu tarta de quesos ricotta y mascarpone (ñam), la clavo, porque va al miligramo.

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