Problemas para la pequeña china

¿Qué habrá hecho la perra de la hija de la puta de la china? ¿Qué habrá hecho para merecerse el castigo que ha recibido? ¿Por qué se han ensañado con ella de la forma en que lo han hecho?

Lo primero es disculpar a la clientela si mi primera pregunta retórica no tiene una composición adecuada. Ya no recuerdo si en español se pueden encadenar cosas de esa forma. A mí me suena bien, pero claro mi cerebro se pasa la mitad del día funcionando en inglés y de la otra mitad, tres cuartos en lo poco que me queda del castellano y un cuarto en lo poco que recuerdo de las clases de holandés. Por si no se ha entendido, la perra está calificando a la hija y la puta a la madre, no quiero que creáis que la hija es puta y perra o la madre es la perra puta. A cada una lo suyo. La menor de edad es una perra y la mayor de edad es una meretriz o zurriaga, término que empleaban en mi calle cuando vivía en la Isleta.

Llevan unos días de zorrudas, las dos muy calladas. Ha vuelto incluso la vieja que traen de vez en cuando y que me da más mala espina que un vídeo clip de Jose Vélez. La puta vieja llega por la mañana y se va por la noche e intuyo que su misión es la escolta y control de la perra de su hija. Yo la sigo llamando niña, pero tiene tres veces más volumen que yo, infinitamente más músculos y aparentemente una mala hostia legendaria. Esta vez debe haber tocado insensibilidades que no debía, porque anda acojonada de verdad. Los causantes de la congoja que las corroe a ambas deben estar muy satisfechos. Si supiera quienes han sido, los invitaría a cervezas o les pagaría unas cajas de condones para que follen a mi costa.

Descubrí que algo iba mal al volver a casa el pasado lunes después de una dura jornada de trabajo. Cuando la Macarena y yo estábamos entrando nos dimos de bruces con la bicicleta de la perra de la hija de la china. Estaba en el zaguán, abandonada a su suerte junto a la pared. Incluso alguien poco observador como yo se da cuenta que algo anómalo le había sucedido. Ambas ruedas estaban picadas y parte del guardabarros delantero flotaba en el aire de una forma anormal. La bicicleta estaba entonando un cansino canto funerario. La dichosa niña, habitualmente ruidosa y rastrera estaba recluida en casa y no hacía ruido ni para respirar, algo difícil de creer en un ballenato semejante.

Cuando llegó la mamuchi se oyeron algunos gritos y un trote de zarpas por la escalera. Estuvieron evaluando daños en la bicicleta y después se volvieron a encerrar en su guarida. Esa misma noche llegó la china vieja, la finiquitadora que sólo avisan cuando tienen que solucionar algún problema. Por la mañana tuvieron que sacar a la chiquilla a empujones. No quería ir al colegio. Intuyo que provocó a uno o varios de sus compañeros y estos le han mandado una advertencia. Como la hija de la china va a un colegio internacional que imparte su educación en inglés, quiero pensar que ha provocado a los ucranianos o a los japoneses y esas gentes no se andan con chiquitas. El chaval o la preciosidad se lo dice a su papi papi, papi chulo y este va por el aparcamiento de bicicletas del colegio, encuentra lo que estaba buscando y le hace un completo. La malvada niña de ojos rasgados, acaba sus clases, sale trotando en estampida junto con sus compañeros hindúes, llega hasta donde tiene aparcada su bicicleta y de un solo vistazo lo entiende todo. Esas canillas del grosor de troncos de pino viejo le comienzan a temblar como juncos al viento y sin decir esta boca es mía y ese bocadillo tuyo se marcha a casa, controlando en todo momento su espalda.

Después de eso, retiro espiritual y negativa a salir de las cuatro paredes en las que vive. No hay nada como la seguridad del hogar, sobre todo cuando alguien te ha enviado un mensaje como ese. A ver cuanto le dura, porque esta mala bestia es de memoria muy volátil.

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